jueves 13, junio, 2024

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La era de los servicios de movilidad 5.0 llega a las empresas: Así funcionará en las flotas y el renting

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Se oye por todas partes. Por todos lados se ven pruebas, proyectos piloto, acuerdos de colaboración y alianzas internacionales. La movilidad entendida como servicio (más conocida por su acrónimo en inglés, MaaS, Mobility as a Service), esa que pasa de centrarse en la posesión del vehículo a hacerlo en su uso, tiene en efervescencia al sector del motor. Y, tras una fase más orientada al consumidor privado en grandes núcleos urbanos, dibujada por medio de toda una serie de servicios innovadores de VTC, carsharing, motosharing o bici, la fiebre está llegando ahora a las flotas.

Dicho vaya por delante que, por el momento, los resultados sobre el terreno son escasos. No hay nada comparable a los cuatro servicios de carsharing free-floating que operan en Madrid, o a Uber y Cabify. Al menos, de forma especializada en el sector corporativo.

 

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Pero, indudablemente, “existe interés, y muy elevado” entre las empresas, según Manuel Orejas, director de Marketing & Business Development de Arval en España. Precisamente, la compañía de renting del grupo BNP Paribas acaba de unirse a MaaS Alliance, una organización público-privada que promociona esta idea, y en la que están desde Madrid y Barcelona hasta Uber, por ejemplo.

“Todas las empresas españolas quieren asomarse a esto, sobre todo si va asociado a la ecología y a no tener restricciones. Pero es cierto que se centran en ver, realizar pruebas, comprobar cómo lo acogen los usuarios… Vamos poco a poco”, afirma Orejas.

 

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ILUSTRACIÓN: ANA SEIXAS

 

Sin embargo, muchos parecen tener claro que, si quieren prepararse para lo que vendrá, deben comenzar a experimentar con lo que rodea a este mundo, porque será el futuro. A ello contribuyen “tres factores fundamentales”, en opinión de Javier Martínez, consejero delegado de Wible, el carsharing participado por Repsol y Kia.

“El primero es que, en las grandes ciudades, existe cada vez más regulación restrictiva de los coches no ecológicos; el segundo, que, con la tecnología, podemos hacer cosas que antes no. La normativa no va a volver atrás, y la tecnología será cada vez mejor. Y un tercero: las preferencias de consumo de las personas; no sólo en automoción, sino en todos los ámbitos (IT, medicina…), se cobra cada vez más por servicio, y no por producto. Si los otros dos motivos suman, este es el multiplicador”, concluye Martínez. En la base de esta tercera causa está una creciente preocupación por la flexibilidad. “El renting, de alguna forma, ya fue un primer servicio de movilidad”, reflexiona Pascal Vitantonio, subdirector general Comercial de ALD Automotive España.

 

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“Los argumentos a su favor han sido tradicionalmente de coste, de peso en el balance de los clientes. Lo que ha sucedido recientemente es que ya no se valoran únicamente esas cuestiones; lo que realmente quiere el cliente es flexibilidad. Y eso hay que entenderlo de muchas maneras: plazos de contrato más cortos o cláusulas que le permitan salirse más fácilmente, de forma que el coste de gestión de la flota se ajuste mucho más al uso real de los vehículos, por ejemplo. Pero también dar la posibilidad a los clientes de cambiar de coche en función de sus necesidades, con fórmulas de pool, suscripción, carsharing… En fin, se va abandonando poco a poco el modelo del coche de compañía único para un plazo determinado de antemano”, apunta Vitantonio. Para Tobias Zisik, director general de Europcar Mobility Group España (también miembro de la MaaS Alliance), “las empresas ven que esto tiene muchas ventajas frente a fórmulas de propiedad. Una de las más importantes es el coste. La Mobility as a Service permite convertir uno fijo en flexible y, por tanto, pueden ajustar sus gastos. Pero hay otras, como la variedad de servicios y o la adaptabilidad a sus necesidades puntuales”. Rocío Carrascosa, consejera delegada de Alphabet España, incide en la misma idea: “Es imprescindible que diseñemos soluciones eficientes y flexibles que respondan a las necesidades reales de la sociedad”.

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Javier Martínez lo resume en que “el futuro está en la conveniencia. No solamente que el servicio esté disponible, sino que sea fácil”.

 

Ensayo, error

En estas circunstancias, cada compañía o grupo del sector de la movilidad cuenta con su propio experimento MaaS, iniciado habitualmente entre sus propios empleados.

Es el caso de ALD, cuyo carsharing corporativo funciona ya en Italia —“donde es un éxito”, según Vitantonio— e internamente en España, aunque está “casi listo” para su salida al mercado: “Estamos a punto de implementarlo en modo test con un cliente, y tenemos una lista de empresas interesadas bastante larga. Lo más destacado es que permite tanto el uso profesional como el personal. Es decir, se facturará a la empresa cuando se emplee en modo corporativo, pero también puede hacerse al empleado directamente en el otro caso. Es el cliente el que decide todo: quiénes usan cada vehículo, en qué horarios, qué días, si permiten el modo personal…”, concretan desde el gigante francés del renting.

También Arval “relanzará” su servicio de carsharing “dentro de muy poco”. Y emplean ese verbo, explica Manuel Orejas, porque “ya lo hubo”, pero con proveedores externos.

 

Pensar en digital

Algo asociado de manera indisoluble a la MaaS es la tecnología. Y, por eso mismo, es uno de los ámbitos en los que las empresas de movilidad están invirtiendo más. Por ejemplo, Alphabet ha desarrollado una aplicación (AlphaGuide), que permite al usuario “vincular su contrato con su móvil, en el que tiene toda la información”, explica Rocío Carrascosa, consejera delegada de la compañía en nuestro país. Tobias Zisik, director general de Europcar Mobility Group España, cree que “a corto y medio plazo, seguirán apareciendo nuevas opciones de movilidad con un factor común: la digitalización”, y asegura que están abiertos “a cualquier fórmula”. Javier Martínez, CEO de Wible, detalla por dónde pueden ir esos tiros futuros, al menos en el carsharing: “Buscamos la mejor experiencia de usuario. Como que, cuando entres en el coche, todo se ajuste automáticamente a tus medidas y a la información de la app. O que, si sabemos que te vas de viaje, encuentres el coche en la puerta de casa. Son cosas que aún no están disponibles, pero en las que ya trabajamos”.

 

“Ahora, lo consideramos tan importante dentro de nuestro core que va a ser una solución propia. Muchos piensan que es sólo un sustitutivo del taxi, y no: hay parte de una empresa que puede funcionar bajo esta modalidad”.

Fuera de nuestras fronteras también han probado un integrador de movilidad (un carné llamado Mobility Card) en Holanda y una solución que, junto a la empresa de trenes suiza, ofrece todos los servicios para el pasajero de ferrocarril.

“La parte oculta del iceberg es que, para ello, debe haber compañías dispuestas a colaborar con nosotros como nuestros partners. E intentamos que cada vez haya más”, apunta Orejas. Alphabet, igualmente, está “apostando por mejorar y desarrollar servicios como el pago por uso, la movilidad compartida o el vehículo eléctrico”, destaca Carrascosa.

 

La era de los servicios de movilidad 5.0 llega a las empresas: Así funcionará en las flotas y el renting
Tan a gustito. La sociedad profesional premia a las empresas que diseñan ecosistemas agradables que posibilitan más eficacia y eficiencia laboral. Establecer sistemas de movilidad que facilitan la llegada —y salida— de empleados es una de las mecánicas que se imponen en el universo ‘corporate’ para aunar flexibilidad, productividad y conciliación. En la imagen, un operario trabaja el acero en plena fase de construcción del rascacielos Empire State, en Nueva York en 1930. El edificio que se vislumbra a su lado es el también icónico Chrysler Building. // FOTOGRAFÍA: LEWIS HINE

 

De hecho, ya en 2013 lanzó su carsharing AlphaCity, y más tarde AlphaCity Pay per Use, “que cubre las necesidades de movilidad de varias compañías localizadas en un centro de negocios o un edificio empresarial”. Sin embargo, su producto estrella (lanzado ya en varios mercados, aunque todavía no en España) es la aplicación AlphaFlex, “una solución corporativa que permite combinar diversas formas de transporte: desde carsharing hasta transporte público, bicicleta o taxi”, y además, que la empresa monitorice el gasto por empleado.

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Por su parte, las marcas de automóviles se están lanzando de cabeza al carsharing. “Están muy interesados… y prueba de ello es que los cuatro servicios free floating que estamos en Madrid estamos participados por ellas”, apunta Javier Martínez. Y reconoce sin ambages: “Somos un banco de pruebas. No tiene nada que ver entender un canal de distribución tradicional como la red de concesionarios o una empresa de renting con un B2C (business to consumer) real. Los fabricantes tienen algo muy importante que aportar: todo lo relativo al control de la flota; pero también mucho que aprender: cómo prestar servicios, algo en lo que no son especialistas”.

 

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Wible (Kia y Repsol), está preparando “un esquema de venta de bonos de tiempo para empresas”, pero siempre utilizando los coches disponibles para el público general.

“Entendemos que el carsharing debe seguir siendo compartido. No pensamos que la solución sea que Repsol tenga 10 wibles en el garaje que usen sólo sus empleados. Entonces, el conductor debería ir y volver en el mismo, y ocuparía el activo mucho más tiempo. Además, hoy tenemos 500 coches a su disposición, una cifra imposible dar a nadie”.

 

De fragmentación a integración

“La movilidad se ha diseminado y ahora mismo hay muchas ‘islas’, diagnostica Manuel Orejas, de Arval.  Y ejemplifica así este concepto: “En Madrid, una ciudad referente en sharing, tenemos cuatro servicios de coche compartido, varios de moto… Ya, pero necesitas seis aplicaciones en tu teléfono, e ir entrando una a una para saber qué vehículo está más cerca de ti. El carsharing, para el usuario, es magnífico, pero la forma en que le está llegando, no tanto”. La misma opinión expresa Tobias Zisik cuando subraya que “el panorama de la movilidad está muy fragmentado, y eso, para las empresas, puede ser incómodo, porque, a veces, deben buscar distintos proveedores para cada tipo de desplazamiento”.

Así que el sector al completo se muestra unido a la hora de afirmar que esto ha de tender hacia la integración. Pero no tanto sobre cómo se va a conseguir. Hay quien, como Orejas, piensa que será a través de acuerdos y partnerships entre grupos: “El futuro pasa por estar más integrados quienes somos capaces de proveer estos servicios. También por reconocer que hay algunos que es mejor que los den otros, y que nosotros podemos integrarnos con ellos. Habrá grandes alianzas para hacer que la vida del usuario sea mucho más sencilla”, pronostica. Y pone un ejemplo: “Si te desplazas a otra ciudad europea, para ir al aeropuerto puedes coger tu coche, un taxi, un uber o el Metro. Subes al avión, llegas al destino… ¿cómo pagas el traslado al hotel? En cada viaje, utilizamos varios medios, y, para cada uno de ellos, tenemos otras alternativas posibles. ¿Resultado? Hay que hacer que el cliente tenga integrado absolutamente todo. Y creo que es imposible que eso lo logre una empresa ni una entidad pública por sí sola”.

 

La era de los servicios de movilidad 5.0 llega a las empresas: Así funcionará en las flotas y el renting
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Para Europcar, sin embargo, será dentro de cada conglomerado donde se concentren todas las soluciones.

“Aunque cada negocio es distinto, creo que el futuro pasa por contar con un único proveedor que aporte soluciones flexibles y una operativa ágil”, afirma Zisik. No en vano, ellos quizás estén entre los más avanzados en el proceso, pues cuentan ya con “coche de alquiler, con conductor, moto compartida (Scooty) y coche compartido con el modelo round trip de Ubeeqo” (hasta hace poco se llamaba Bluemove, propiedad de Europcar), en Madrid y Barcelona.

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“Nos hemos propuesto ofrecer una gran variedad de servicios para que la empresa pueda acceder a la opción que más le convenga en cada momento. Unas veces será el coche compartido y otras, sistemas de alquiler flexible”, destaca la directora general de Ubeeqo, Marta Esparbé.

 

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Lo imprescindible para ello, argumenta Zisik, será “tener una red física de oficinas que aglutinen distintas opciones de movilidad, con una flota integrada y una plataforma tecnológica que facilite a las empresas elegir ágilmente”.

 

¿Parche o inicio de revolución?

A medio camino se encuentra Javier Martínez, de Wible, que apuesta por que cada grupo vaya acumulando más y más servicios adicionales, poco a poco. “Como apuntan PwC o Deloitte, hoy, lo que nosotros hacemos, soluciona una parte muy pequeña de la movilidad de una ciudad. Pero, como cada vez tendremos más experiencia y habrá más clientes, ofreceremos más alrededor del principal. Nosotros ya tenemos aparcamientos subterráneos en el centro de Madrid por si no encuentras sitio en superficie, y parkings disuasorios en la M-45. Todos iremos inventándonos cosas nuevas que vayan dándole más usos a los clientes”. Incluso hay quien, como Pascal Vitantonio, lo ve aún alejado de la realidad de sus clientes.

 

La era de los servicios de movilidad 5.0 llega a las empresas: Así funcionará en las flotas y el renting
‘Dolce Vita’. El carsharing corporativo ha pasado de ser inexistente a concretarse en propuestas internas para hasta el 90% de los empleados de una empresa de renting. Ese test es el espejo con el que el sector mide el interés real que suscitan en una gran corporación, o en una pyme, las nuevas soluciones de movilidad.

 

“Creo que veremos ese tipo de multimodalidad en el futuro, aún queda bastante. Hay también un efecto de moda: estamos mirando demasiado lo que pasa en algunos centros urbanos muy concretos, y hablamos de cosas que muchas veces no son compatibles con las necesidades de un negocio. Por ejemplo, para la entrega de productos o para una flota comercial…”. A largo plazo, la gran incógnita que plantea una revolución como la que se supone será la MaaS es: ¿Cuántos coches se venderán?

 

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Porque la posibilidad de una reducción drástica parece, a priori, más que posible. Pero los actores implicados no ven que eso vaya a ser una preocupación inmediata, y dudan de que llegue a serlo más adelante.

“Veo difícil predecir lo que ocurrirá en 10 años, pero lo que vemos en este momento es que el carsharing en modo alguno viene a canibalizar los otros productos de renting. Sustituye más bien los gastos en taxis, VTC… Nosotros lo vemos como una oportunidad, no como un riesgo”, dice Pascal Vitantonio, de ALD.

Y, en el mismo sentido, Manuel Orejas, de Arval: “No lo vemos como una amenaza. A corto plazo, lo único que está trayendo son más coches. Antes, un 10% o un 15% de la plantilla podía tener un vehículo de renting corporativo; ahora, las empresas están pensando cómo facilitar la vida al otro 85% o 90%. Respecto a la segunda derivada: en un futuro, cuando todo sea carsharing, ¿qué puede suponer? ¿Menos coches? Pues, si nuestros clientes tienen con nosotros sus soluciones de movilidad… Estaremos donde tenemos que estar. No lo veo traumático”.

 

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Rocío Carrascosa, de Alphabet, incluso aporta una cifra: “MaaS implica una evolución en nuestro modelo de negocio y un reto, pero seguiremos utilizando automóviles. De hecho, la Asociación Española de Profesionales de la Automoción (ASEPA) prevé que el parque a nivel mundial aumente hasta alcanzar los 2.000 millones en 2030”.

 

La era de los servicios de movilidad 5.0 llega a las empresas: Así funcionará en las flotas y el renting

 

Y Javier Martínez remata: “La mayor parte de los coches va a seguir vendiéndose o cogiéndose en renting un tiempo. La cuestión es que esto empezará a conquistar pequeños territorios”. Esa cuestión ya se la han planteado tanto empresas de renting como fabricantes y otros actores.

Y algunos territorios parecen a punto de caer.

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