Gabriel Herrero-Beaumont (Madrid, 1982) recuerda el día en el que le mostró el media kit de la empresa de carsharing Bluemove a una amiga suya periodista que trabaja en la cadena CBS, en Estados Unidos. “Pero, esto tiene que saberse, esta startup es estupenda”, le dijo con entusiasmo. El gigante del alquiler de coches Europcar, que factura más de 2.000 millones anuales, compró la startup madrileña Bluemove hace poco más de un mes, pero la prensa apenas ha pasado de puntillas por ello. Si Herrero-Beaumont y su socio, Jorge González-Iglesias, se hubieran hecho el DNI en San Francisco y su sede no estuviera en Madrid, sino en Silicon Valley, quizás la repercusión de la compra y evolución de la empresa desde su lanzamiento habría sido otra. Esta es la apasionante historia de Bluemove durante seis años, la de su creador inicial, en la primera entrevista que concede a un medio tras pasar a formar parte de Europcar.
PREGUNTA— ¿De dónde le viene la rama entrepreneur?
RESPUESTA— Pues mi familia no es emprendedora. Mi padre es médico y mi madre enfermera. Eso sí, mi padre, sobre todo, es investigador, tiene mucho sentimiento de exploración y eso puede ser algo que me define, estar todo el rato explorando. Sería un buen periodista, aunque me faltaría un poco de colmillo [ríe]. No sé de dónde me viene la parte emprendedora, la verdad. Lo único cierto es que ahora es muy difícil encontrar figuras emprendedoras en España.
PREGUNTA— ¿Tenía claro que iba a montar algo así? ¿O simplemente que emprendería algún proyecto de carácter empresarial?
RESPUESTA— Siempre tengo o he tenido vocación de búsqueda, de montar negocios…
PREGUNTA— ¿Vendía los apuntes a sus compañeros en clase?
RESPUESTA— Eso no [ríe de nuevo], pero de pequeño sí compraba las “manos locas” [una pequeña mano pegajosa y estirable que se lanza a las paredes]. Las revendía con siete años.

PREGUNTA— ¿Cómo empezó todo, entonces? ¿Nos lo explica?
RESPUESTA— Siempre me ha gustado mucho la parte de matemáticas, física, por lo que debería haber estudiado alguna ingeniería, pero no me las pintaban muy atractivas y decidí hacer empresariales en el centro de estudios Cunef, muy dirigido hacia Finanzas. Desde que empiezo ahí pienso en introducirme en el mundo de las finanzas, de la banca de inversión, ir a Londres, a un banco americano… Y ésa es la verdad, pero tuve una experiencia que cambió totalmente mis aspiraciones.
PREGUNTA— Cuéntenoslo, por favor…
RESPUESTA— En cuarto de Carrera me fui a Chicago con unos españoles que estaban haciendo el máster de gestión Kellogg. Estaban vendiendo jamones y querían hacer la distribución bien, porque se decía que los españoles no vendíamos bien fuera. Me uní. Te ibas con la mochila llena de jamones y había una marca que en esa época, en 2004, tenía una línea de jamones elaborados que sí que podían cruzar el charco a Estados Unidos. Íbamos al barrio polaco para colocarlos. Toda esa experiencia me hizo visualizar el concepto de negocio, distribuir y ejecutarlo, buscar también los clientes… Ahí vi que no quería trabajar en banca, sino montar mi propio negocio.
PREGUNTA— ¿Qué es lo primero que hizo al terminar la carrera?
RESPUESTA— Cuando terminé, me cogieron en Morgan Stanley, en mercados financieros, y me lo pasé muy bien, tuve una gran experiencia. Estaba localizado en Madrid, en el departamento de Institutional Equity, en el que básicamente había que hacer ventas a empresas. Salían los informes de mercado de los analistas de bancos de Londres y Nueva York y, con ellos, proponías la compra de acciones de determinadas empresas a otras empresas. Fue muy divertido y muy excitante. Eso fue en 2005 y después, como quería montar mi empresa, me fui a una boutique de fusiones y adquisiciones especializada en pymes, Oquendo, donde aprendí mucho. Al ser pequeña, estabas en todos los procesos y aprendí mucho de finanzas, de deadlines, de metodología de trabajo. Te obligas a organizarte mucho.
PREGUNTA— ¿Y Cuándo llega “el momento”?
RESPUESTA— Enseguida, en marzo de 2007 y con un amigo que trabajaba en temas de biomasa en Castilla La Mancha, Manuel de Castro, decidimos montar una empresa energética. La empresa se llamaba, y se llama, Nexer Renovables y la idea era que los pequeños municipios de España fueran sostenibles y autogestionados en términos de agua, residuos y energía. Les hacíamos trabajos de consultoría. Fue bastante frustrante estar en ese sector porque estaba muy desequilibrado, aunque creo mucho en la energía solar. La reducción de costes de este sector está siendo más fuerte que en el de la computación, por ejemplo. Cuando empezamos teníamos una planta de 10 megavatios y el coste era de seis euros por vatio, y hoy en día está a un euro por vatio. En ocho años. La reducción de costes es salvaje y ya es rentable en muchos lugares de España, lo que pasa es que se ha vendido fatal.
En 2010 salí del negocio por lo que le he comentado. Es muy frustrante para un emprendedor estar en un sector tan hiperregulado, porque al final no eres dueño de tu destino, sino que está en manos de terceros. Era insoportable. Empezamos la empresa de una manera un poco utópica, con la autogestión, y terminamos mirando todos los días cuándo salía un Real Decreto del Ministerio de Industria.
PREGUNTA— La mayoría de los emprendedores a los que he entrevistado y que procedían de la banca abominan del sector, pero usted no. ¿Por qué?
RESPUESTA— A lo mejor no estuve tanto tiempo pare ello. Además, creo mucho en el sector financiero como generador de riqueza, lo que ocurre es que ahora ocurre lo contrario, que destruye riqueza porque genera distorsión en la economía real y eso altera el mercado y afecta a los empresarios, que no toman decisiones racionales. Pero el sector, en sí mismo, es una de las grandes innovaciones de la Humanidad. Es necesario. Y el dinamismo financiero es fundamental para el empresario, porque muchas veces se necesita un sector financiero dinámico, y un buen ejemplo es EEUU, donde ves las posibilidades que hay de levantar capital.
No entiendo cómo a veces no se comprende el carsharing. Este coche lo comparten 40 personas y el de al lado, una. ¿Es fácil, no?
PREGUNTA— ¿Y cuándo empieza a rondarle Bluemove por la cabeza?
RESPUESTA— En 2010. Siempre he tenido una gran frustración con la movilidad a lo largo de mi vida, porque vivía en Villanueva de la Cañada [está situada a unos 35 kilómetros de la capital]. Sufría lo que sufrían el 70% de los madrileños, el efecto afueras y dormitorio y tardar una hora u hora y media en llegar y volver del trabajo. Ha tenido incluso efectos perversos en mi vida. Mire, la gente se va fuera para huir de los coches y se pasa la vida montado en uno; se van fuera para hacer deporte y no pueden hacerlo, es más deportista el que vive en el centro. Creo mucho en el coche como generador de riqueza, pero también creo en su racionalización. Una persona en un pueblo de Palencia a la que se le pone mala su madre y tiene que ir a un Hospital, pues el coche le salva la vida. Pero ¿hasta qué número de coches debe haber en una ciudad para que esa riqueza se transforme en destrucción? En Madrid creo que sobran no menos de dos millones de automóviles, la verdad…
PREGUNTA— Y se lanza entonces con Bluemove.
RESPUESTA— Todo esto pensaba en 2010, y conocía el carsharing, pero no me lo planteé porque vi que la bicicleta podía ser la gran salvadora de las ciudades. Intenté montar una tienda de bicicletas que se llamaba Telegram, de bicis urbanas. Había un plan del entonces alcalde de Madrid para establecer muchos kilómetros de carril-bici, un sistema de bicis públicas… Pero como había que hacer recortes quitaron tres millones de euros de este plan, que era una cantidad ridícula, y todo quedó en el aire.
PREGUNTA— Y se fija en el modelo de negocio del carsharing.
RESPUESTA— Sí. Es ahí cuando veo que el concepto de carsharing es brutal y que se puede introducir todo el software dentro de este sector del automóvil. Aunque sea increíble la lentitud que todavía rodea al negocio. Me parece increíble que todavía no se haya consolidado bien. Una de las cosas que he aprendido en todos estos años es lo lentos que son los cambios. En 2010, pensaba que los coches iban a ser totalmente eléctricos y conectados en 2015. Y no lo son. Me equivoqué y ni hay un futuro cercano. Fue mi visión. Vi el carsharing como el inicio de una revolución, aunque el 95% del sector del automóvil no lo veía y ni quizás lo ve hoy así. Para mi es la punta de lanza del coche conectado y eléctrico.
PREGUNTA— ¿La realidad del carsharing es la que es porque no se apoya desde las Administraciones Públicas?
RESPUESTA— Creo que hay sociedades con mayor capacidad de asumir riesgos y dispuestas a que se asuman conceptos como el carsharing. El problema es que aquí se mezcla un sector súper intensivo en capital, lo que significa que es más difícil que se vea rápido la innovación.
PREGUNTA— ¿Cree que hay demasiadas confluencias para que no despegue el carsharing?
RESPUESTA— En España hay falta de inteligencia colectiva y falta de organización colectiva. Lo digo por el carsharing, pero también por el coche eléctrico, por ejemplo. Mire, quizás el carsharing no lo entiende todo el mundo, pero el eléctrico lo conocemos todos y todos lo queremos. Y ahí es donde se ve qué países apoyan y cuáles no. Países como Holanda y Noruega son capaces de organizarse ante un fin común, el coche eléctrico, aunque es verdad que no es fácil poner de acuerdo a 44 millones de personas. Pero se puede hacer.
PREGUNTA— ¿Quizás ocurre como con el tabaco quizás? Nadie quería la prohibición, y ahora incluso el fumador es feliz de que su hijo esté en un bar sin humos.
RESPUESTA— Y no pasa nada. Exacto, solo que además el carsharing no solo implica un bien común como concepto, sino como producto en sí mismo. La verdad es que no entiendo bien cómo a veces no se comprende lo que es. Este coche lo comparten 40 personas y el de al lado sólo una persona. ¿Es fácil no?
PREGUNTA— Volvamos al inicio. ¿Cómo dan los primeros pasos?
RESPUESTA— Identificamos Bluemove como forma de revolucionar el sector, de racionalizar el coche, con un impacto social y medioambiental muy elevado, lo que era muy importante para nosotros. A Jorge González-Iglesias (Madrid, 1984), mi socio, rápidamente le gustó la idea. Hablé con él primero. Trabajaba en Morgan Stanley, y nos conocíamos de pequeños, aunque llevábamos un tiempo sin vernos. Le gustó la idea y él sí que, por tradición familiar, tiene alma de empresario. Y nos decidimos a lanzar Bluemove.
PREGUNTA— ¿Qué dificultades se encontraron?
RESPUESTA— Empezamos para mejorar los problemas de movilidad de las empresas que estaban fuera de Madrid. O sea, lo que ahora se llama carsharing corporativo, B2B. Íbamos a parques empresariales, a La Finca, a San Fernando de Henares… Trabajamos como auténticos animales para vender el producto. Era la primavera de 2011 y tuvimos no menos de 300 reuniones para colocar Bluemove. Pero tuvimos poco éxito, excepto en San Fernando de Henares, con algunas empresas. Los primeros coches que tuvimos fueron tres Opel Corsa que ubicamos en un parque empresarial en Manoteras [un barrio de Madrid]. Unos siete coches teníamos poco tiempo después. El problema es que en Madrid ya estaban Respiro y Hertz, que fue el pionero. Y además había empezado también Hellobyecars, muy de la mano de Volvo. Vimos que en Madrid, quizás, estaba demasiado poblado el mercado.
PREGUNTA— ¿Por qué se centraron en la almendra, entonces?
RESPUESTA— No tenía ningún sentido que fuéramos a las afueras cuando teníamos en Madrid a cinco millones de potenciales usuarios. Y compramos otros 10 coches y, en verano de 2011, empezamos de nuevo en Madrid, en el centro. Jorge y yo hacíamos street marketing con un mono de mecánico con el logo del conejo detrás, parando y explicándole a la gente lo que era el carsharing. Imagínese por la mañana vendiendo a clientes, luego limpiar un par de coches, luego hacer marketing, de seis a nueve de la noche street marketing puro y, una semana Jorge y otra yo, Bluephone, es decir, que te llevabas el teléfono a casa y a cualquier hora respondíamos cualquier incidencia, fueran o no las tres de la mañana. Ha sido bastante salvaje, pero muy bonito. Lo bueno es que, después de todo, ya conozco cada esquina y recoveco del negocio.
PREGUNTA— ¿Cómo solventaron financieramente esos inicios?
RESPUESTA— Fueron muy duros, como los de cualquier empresario, pero teníamos ahorros para iniciar el capital y para sobrevivir, aunque hemos estado cinco años sin salario.
PREGUNTA— ¿Qué se planteó cuando le llamaron desde Europcar? ¿Vender más caro? ¿No vender?
RESPUESTA— Mi visión es que, en líneas generales y particularmente, yo necesito poco dinero para vivir. Por eso, todo el dinero que tengo será para desarrollar actividades empresariales que generen riqueza. Espero mantener siempre este estilo de vida. En cuanto a nuestros proyectos y cómo encaja Europcar en ellos, es una unión muy importante para poder cumplir con todo el programa de expansión que queremos. De hecho, tenga en cuenta que la aparición de Europcar en la vida de Bluemove se planteó al principio bajo esa línea, casi únicamente como un proyecto de ampliación de capital que permitiría abrir más fronteras.
PREGUNTA— Entrar en Europcar les permitirá afrontar nuevos retos con el respaldo de un gigante del sector…
RESPUESTA— Eso es. Si quieres ir a Londres, a Barcelona… Implantarte en esas zonas, no lo olvidemos, son millones de euros, y la capacidad de gestión de riesgo es complicada porque es muy elevada. Serán un gran soporte para nosotros.
PREGUNTA— ¿Cuál será su rol y el de Jorge González-Iglesias ahora?
RESPUESTA— En principio me voy a Bruselas, ya que la idea es participar en la expansión internacional de Europcar en relación con las nuevas modalidades de movilidad. Queremos aportar durante los cinco próximos años todos nuestro know how, el desarrollo tecnológico y de aceleración de mercado que hemos aprendido en este tiempo y que, no se crea, es algo muy complicado porque estamos en un sector en que requiere adaptarse a toda velocidad a los cambios de hábitos del usuario. Jorge ejercerá la función en la parte de negocio, y yo me centraré más en la de producto y tecnología.
PREGUNTA— ¿Podría haber sido Bluemove un gigante independiente del carsharing mundial si su base hubiera estado radicada en otra ciudad europea o en otro país? ¿Con una política de apoyo público clara?
RESPUESTA— Es muy difícil saberlo y cómo hubiésemos crecido con apoyo de las Administraciones Públicas… Pero, desde luego, con un poco más de crecimiento y respaldo, Bluemove habría creado más riqueza humana y talento que la que ya está creando, que no es poca.









