La automovilística de origen sueco y propiedad del grupo chino Geely Volvo Cars ha anuncaido que procederá al despido de 3.000 empleados a escala global, fundamentalmente en áreas no relacionadas con la producción de automóviles, como parte de un plan para mejorar su liquidez y reducir costes «en un entorno marcado por la incertidumbre económica y los nuevos retos del sector del automóvil».
La compañía ha retirado sus previsiones financieras recientes debido a la inestabilidad en los mercados internacionales.
Volvo ha explicado que estos ajustes son «necesarios» para mantener su competitividad y «asegurar la posición en un mercado con alta competencia con una transición acelerada hacia la electrificación».
El anuncio de despidos coincide con la amenaza de nuevos aranceles por parte de Estados Unidos y después de que Donald Trump anunciara la aplicación de un posible arancel del 50% a las importaciones de bienes desde la Unión Europea a partir del 1 de junio, aunque el lunes pasado pospuso la decisión hasta el próximo 9 de julio para posibilitar la continuidad de las negociaciones entre Washington y Bruselas.
La cotización de Volvo Cars acumula en lo que llevamos de ejercicio un fuerte retroceso del 23,5%, desde las 23,7 coronas suecas hasta las 1813 a la finalización de la jornada bursátil del martes.
Durante el primer trimestre del ejercicio actual, Volvo generó un beneficio operativo de 5.100 millones de coronas suecas, equivalentes a 439,7 millones de euros, lo que representó un incremento del 8% respecto del mismo periodo del año anterior.
La facturación de la empresa ascendió hasta 7.948 millones de euros en el periodo, con un crecimiento del 6%.
A pesar de dichos aumentos, el beneficio neto del trimestre se situó en 172,4 millones de euros, lo que supone un descenso del 4%.






