El Volkswagen Polo es un compacto históricamente ligado al sector de flotas y renting, porque siempre ha funcionado de maravilla en entornos profesionales relacionados con la operativa de equipos comerciales en los que el gestor de flotas no quiere —nunca— ni pecar por exceso, ni por defecto.
Ni grandes lujos ni cuatro ruedas ni un volante, pero con un punto más en cuanto a calidad, sobriedad de diseño —recuerden, esto último siempre suma en flotas— y comodidad de marcha.

El histórico de este modelo demuestra su fuerte impronta en ámbitos profesionales, con más de 17.000 unidades canalizadas en el mercado de empresas y de renting desde el año 2020, una cifra superior a las también algo más de 15.000 comercializadas en el canal de clientes particulares en el mismo periodo.
La apuesta de Volkswagen con el nuevo Polo, por esta razón, no podía ser baladí y por ello han querido completar las versiones tradicionales de combustión con una eléctrica, el ID. Polo, en un momento clave para las empresas desde el punto de vista de la sostenibilidad, con requerimientos ecológicos en términos de movilidad corporativa que hasta hace muy poco tiempo se pasaban por alto por parte de los gestores de flotas pero que ahora son, sencillamente y como diría aquel, ‘mandatory’.
Las políticas de RSC y Sostenibilidad cobran cada vez más importancia, y esto ya no escapa a nadie.

El ID. Polo viene al mercado de flotas a cubrir esa parte ecológica en el ámbito de los compactos de uso no intensivo. Y, al menos por el momento, se nos antoja como la mejor solución eléctrica en su segmento y en conjunto, sin discusión.
De entrada, el ‘back to the basics’ que ha efectuado Volkswagen con sus modelos eléctricos nos parece el acierto de la década, al menos para la casa alemana.
Porque una cosa es la sobriedad, y otra la nada.
En el ID. Polo —lógicamente, también el de combustión— ha vuelto el concepto de botón en su sentido más amplio, es decir, contamos con alzacristales, con los cuatro, en el lado del conductor, y contamos con una hilera de botones en el cuadro de mandos central que nos recuerda en todo momento que estamos dentro de un automóvil, lo cual nos gusta sobremanera.

Este vehículo funciona como funcionan todos los Volkswagen: la calidad de marcha es intachable y todo lo que se percibe en el interior es agradable, como siempre ha sido norma en la casa. Si me lo permiten, es como si uno se sentara en su coche ‘de toda la vida’, lo cierto es que este compacto transmite confianza y cercanía desde el principio.
¿No nos gusta algo? Sí, el volante, demasiado grande pero claro, es que si su tamaño es el normal, seguramente no se vea bien la pantalla que hay detrás. En cualquier caso, también es cierto que esta apreciación no es incompatible con la vida. A la tercera rotonda te acostumbras y no hay mayor problema en ello.
Un ‘must’ clave en este coche, especialmente para el currela comercial que está harto de que los equipos que lleva topen con el cristal trasero. De entrada, el ID. Polo tiene un maletero enorme. Sí, como lo oyen, enorme: 441 litros de capacidad en cuatro metros de longitud, gracias a la ubicación plana y baja de la batería. Y lo mejor, tal y como hemos comprobado, no es solo el volumen, sino que cuenta con un doble fondo muy, pero que muy profundo, que permite —al quitar la tapa—alojar equipos voluminosos y altos con un encaje fantástico.

Son esas pequeñas cosas que nos resultan claves en el apartado operativo diario, que pueden decidir la balanza, y en las que estamos seguros que ni ha reparado Volkswagen. Y además, ojo, que si tiene usted que hacerse con un 20 o 30 Politos para su flota, el eléctrico, el ID. Polo, tiene 441 litros de maletero, respecto de los 351 de la versión de combustión. La diferencia es notable.

Llegó la hora de la recarga. Menudo tostón, ¿no? Hay que entenderlo. Ningún empleado con coche corporativo ha enchufado en su vida su vehículo enchufable, porque le parece una pérdida de tiempo y cuenta con un enorme depósito de gasolina.
Independientemente de que ha llegado la hora de cambiar el chip por completo, la realidad de los nuevos sistemas de recarga rápida lo están cambiando todo.
El ID. Polo, de entrada y en su configuración básica, dispone de 323 kilómetros de autonomía máxima (uso mixto en ciudad y carretera), que aumentan hasta 457 kilómetros si únicamente hacemos entregas, repartos o efectuamos visitas en la ciudad. Si a eso le añadimos que pasa del 10 al 80% de la batería en exactamente 23 minutos, pues ya tenemos el pack completo.


En el día a día, 45 minutos para cargar el coche si uno está trabajando, aun siendo poco, es ineficiente en muchos casos; 23 minutos son perfectos para hacer una parada, tomarse un algo y responder correos, por ejemplo. Es perfectamente asumible.
El ID. Polo cuenta con dos opciones de propulsión, 37kWh y 52kWh. La primera se puede elegir con 116CV o 135CV de potencia, y la segunda, con 211CV. Las dos primeras proporcionan una autonomía similar, pero la segunda dispara la batería hasta 449 kilómetros en modo combinado y nada menos que 586 kilómetros en uso urbano, añadiendo únicamente un minuto a la recarga rápida para pasar del 10 al 80% (24 minutos).

Estas propulsiones se pueden asociar a tres equipamientos: Match, Life y Style, de menos a más. No habrá versión específica para flotas, las siempre interesantes opciones ‘Business’.
El precio de partida del ID. Polo para clientes privados es de 17.000 euros con impuestos incluidos (14.050 euros sin IVA) para la versión de entrada de 37kWH, 116CV y acabado Match. Aquí se incluye descuento de marca y las ayudas públicas vigentes.





