El gas natural comprimido (GNC) se está empezando a convertir en una opción conocida para los gestores de flotas en virtud de sus bajos costes de utilización y Seat es una de las marcas que más está pujando en el ámbito corporativo, con la idea de sembrar en un campo que puede proporcionar muchas alegrías a la firma de la ese en los próximos años.
La huella medioambiental y sostenible es cada vez más importante para las empresas. Y disponer de etiquetas ecológicas en los vehículos de flota es una cuestión que ya no se puede obviar. Las restricciones para entrar en el centro de determinadas ciudades cuando existen episodios de contaminación elevados justifica, de por sí, disponer de al menos un número interesante de automóviles con el distintivo ‘ECO’ que posibiliten la circulación sin cortapisas.
Eso no significa que tengan que disponer de una flota de 20, 50, 100 o 250 coches en su portfolio comercial movidos por gas natural, por ejemplo. Pero es bueno probar y comenzar con algo. Comprobar lo que interesa y lo que no, máxime en un universo como el corporativo, en el que cada céntimo vale su peso en oro.
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Esa estrategia es la que está siguiendo Seat con su gama TGI de gas natural comprimido (GNC), colocando de un modo escalonado los modelos provistos de este combustible limpio en su gama: Ibiza, Leon, Leon ST y Arona.
Y la etiqueta es un buen reclamo, pero no el único, por supuesto. Básicamente, los TGI de Seat posibilitan ahorros en el coste total de utilización bastante interesantes en relación con los modelos tradicionales de combustión.
Ejemplo: un Ibiza de gas puede recorrer 670 kilómetros por 20 euros, cifra que se sitúa en casi la mitad por el mismo montante económico, 350 kilómetros, en el caso de la versión diésel equivalente de este compacto de Seat, y de 313 euros si conducimos un Ibiza TSI 1.0 de gasolina.
Diferencial
Esto ocurre con todos los vehículos del portfolio TGI, y recientemente hemos podido comprobarlo en directo en Fleet People, conduciendo un Arona TGI cubriendo 800 kilómetros de distancia. ¿Conclusión? El ahorro de costes es sensible. Palpable. Verdadero.
Durante este trayecto, en el que viajamos hasta Bilbao y desde allí, a Zaragoza, utilizamos 30,46 kilos de GNC repostados con un coste de 26,89 euros y con un consumo promedio de 3,81 kilos de gas por cada cien kilómetros. Aportan, al final, una media de coste de 3,36 euros por cada cien kilómetros recorridos.

Traduzcamos esos datos a la vida dieselizada del flotero tradicional, o a la nueva moda hacia la gasolina. En el caso del gasóleo, y computando un coste por litro de 1,27 euros, el equivalente para el Arona en gasóleo es de 2,65 litros por cada cien kilómetros. Si medimos la diferencia con la gasolina —a 1,35 euros por litro—, el equivalente de los 3,36 euros que hemos gastado con el Arona de gas natural comprimido es de 2,49 litros de gasolina por cada cien kilómetros.
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Unas cifras reseñables, en cualquier caso, ya que ningún vehículo actual ofrece unos consumos tan bajos.
¿Hándicap para el gas? La infraestructura. En la actualidad existen unas 75 gasineras en España, si bien se espera que se construyan 125 puntos más de aquí a los tres próximos ejercicios, en el horizonte de 2022.
En el mercado de flotas se puede encontrar un renting para un Seat Arona TGI de 95CV manual (a 48 meses y 20.000 kilómetros anuales) por unos 305 euros mensuales sin impuestos, incluyendo todos los servicios. La opción más económica reside en el Ibiza 1.0 de 90CV, con una cuota de renting de 280 euros mensuales.







