Gran Bretaña tiene uno de los programas de emisiones más exigentes para los fabricantes de automóviles. Se han marcado objetivos anuales encaminados a acabar vendiendo únicamente vehículos totalmente eléctricos, que deben culminar en una prohibición efectiva de los modelos con motor de explosión en 2030.
El plan establece que los fabricantes de automóviles que no cumplan se enfrentarán a multas de hasta 12.000 libras (14.000 euros) por cada coche. No obstante, los fabricantes podrán seguir vendiendo híbridos hasta 2035.
La Sociedad de Fabricantes y Comerciantes de Motor (SMMT, por sus siglas en inglés), la patronal del motor británica, ha liderado la presión en nombre de los fabricantes de automóviles. Desde la asociación argumentan que “los descuentos pronunciados e insostenibles” han ayudado a impulsar la creciente demanda de los consumidores por los VE. Siempre estuvo prevista una revisión para 2027, pero se ha adelantado.
Según datos de SMMT recogidos por Automotive News, casi el 28% de los coches nuevos vendidos este año en el Reino Unido han sido totalmente eléctricos. Esa es una proporción más alta que en la mayoría de los principales mercados de la UE, pero todavía está por debajo del objetivo del 33% marcado para este año.
Revisando la normativa
Los modelos más vendidos durante el primer semestre en el país fueron el Ford Puma (que cuenta con versión eléctrica), Kia Sportage, Jaecoo 7, Nissan Qashqai y Vauxhall Corsa (también hay versión eléctrica). El eléctrico más vendido fue el Tesla Model Y.
El Gobierno está revisando los objetivos para verificar si siguen siendo alcanzables, a la vista de una demanda de los consumidores más lenta que lo esperado y la consulta también busca opiniones sobre cómo estimular la adopción de los vehículos eléctricos.
Desde SMMT consideran que los objetivos regulatorios avanzan ahora por delante de la demanda actual de los consumidores, “por lo que esta revisión es una oportunidad para optimizar el ritmo del cambio”.
Además, los coches chinos ya suponen un 15% del mercado.
El ex primer ministro Keir Starmer suavizó el mandato de electrificación el año pasado, dando a los fabricantes de automóviles más flexibilidad para alcanzar los objetivos. La medida también eximió a los fabricantes que producen pequeños volúmenes, como Aston Martin.





