viernes 19, julio, 2024

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El Gadgetrón: ¿Twitter = Odio?

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Ángel Sucasas
Ángel Sucasas
Editor de Tecnología en el periódico EL PAÍS y colaborador en medios como The Objective y JotDown, Ángel Sucasas es un experto consolidado en analizar todas las tendencias actuales del universo puntocom. Amante de los videojuegos e impulsor de muchos de ellos, goza de una capacidad única para extraer y exponer al lector conclusiones sencillas y consejos accesibles sobre los complejos planteamientos en los que interactúa la sociedad con la tecnología. Actualmente compagina sus labores periodísticas y como escritor (ya ha publicado hasta tres novelas de ficción) con las de director narrativo de videojuegos en Tequila Works y como diseñador en Mercury Steam. Y sí, efectivamente: es un genio. Discreto y educado, pero genio a fin de cuentas.

Uy, pero qué pregunta tan tonta. ¡Sí! ¡Claro que sí! Si lo tenemos todos clarísimo. Twitter es el odio in person, los mares de la ira globalizada desbordados (los tiempos cambian) en 280 caracteres.

Ya…

Ya…

Miren, un problema que tenemos en la aldea global, y que en España es especialmente acuciante, es que nos gusta desbarrar desde la barra del bar. Ese trabalenguas cacofónico que les acabo de plantear resume esa actitud, tan de moda, de creerse que uno tiene no solo el derecho, sino la autoridad a opinar sin que conocimiento o estudio alguno respalde lo que afirma.

En ese sentido, Twitter podría ser la barra del bar más larga del mundo (cuasi infinita) a la que los paletos (entendida la voz en términos de ignorancia, no de desprecio a lo rural) de todo rincón nos acodamos para decir: “Pues yo pienso que…”.

Miren, para pensar primero hay que… pensar. Y no se puede pensar sin tener argumentos. Así que, para responder a tan obvia pregunta como la que encabeza esta tribuna, yo me decidí a hallar, para mí y para ustedes, tales argumentos.

¿Cuál es el statu quo, a día de hoy, en torno al odio y las redes sociales, especialmente la del pajarito? ¿Qué opina la academia, que es, y siempre será, salvo que el mundo se vaya definitivamente a pique, la que tiene la prerrogativa de opinar y guiar otras opiniones?

Pues, tras teclear twitter hate en Google Académico y esperar la friolera de 0,08 segundos, me encontré con que… Sí, la academia está estudiando, y mucho, cómo se interconecta Twitter y el odio: ochenta y pico mil resultados, ni más ni menos. Pero esto no debería ser combustible para que el orador de turno diga: “Si ya lo decía yo…”.

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Repito, lo que nosotros pensemos sin ningún tipo de respaldo a nuestra opinión, importa entre poco y nada. Leamos con más detalle lo que opina la academia.

A vista de pájaro, gran parte de los artículos se centran en la vertiente tecnológica del problema. ¿Cómo extirpar el odio de Twitter? La respuesta parece estar en los algoritmos más de moda del último lustro: el machine learning; esto es, el aprendizaje automático de computadoras para reconocer patrones con un granulado de detalle muy elevado y una tasa de error paralelamente ínfima.

Pero lo importante es cómo se alimenta este algoritmo; cuáles son los patrones base que se le pide reconocer, para que un loable intento de eliminar el odio no se convierta, de paso, en una herramienta de censura de la libertad de expresión.

En el paper “¿Símbolos del odio o gente que odia? Herramientas predictivas para la detección de discursos de odio” en Twitter, Zeraak Waseem y Dirk Hovy, de la universidad de Copenhague, proponen un modelo de patrones para identificar este discurso de manera efectiva. Son 11 puntos que me permito listar al detalle a continuación, 11 puntos que vienen encabezados por el siguiente enunciado:

 

Un grupo de personas leen el móvil en Viena (Austria). / CRHISTOPHER BURGUESS
Un grupo de personas leen el móvil en Viena (Austria). / CHRISTOPHER BURGUESS

 

— Un twitter es ofensivo si:

• Usa calumnias sexistas o racistas.

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• Ataca a una minoría.

• Busca silenciar a una minoría.

• Critica a una minoría (sin argumentos bien fundados).

• Promociona, aunque no usa directamente, discursos de odio o crímenes violentos.

• Critica a una minoría con la falacia del hombre de paja (tergiversar las palabras del oponente en una discusión para ridiculizar sus argumentos).

• Miente o distorsiona la visión sobre una minoría de manera flagrante.

• Apoya hashtags problemáticos: “#BanIslam”, “#whoriental”, “#whitegenocide.

• Estereotipa negativamente a una minoría.

• Defiende la xenofobia, el sexismo.

• Contiene imágenes ofensivas, valoradas según los criterios anteriores, o es ambiguo (en el mejor de los casos) y su contenido satisface en algún modo los criterios anteriores.

 

Con este sistema, Waseem y Hovy atacaron nada más y nada menos que 16.000 tuits. El resultado es bastante brutal y pone en solfa a todos aquellos que critican la necesidad de virar del machismo imperante, durante siglos, a otro tipo de sistema. Por cada mujer que lanza un tuit de odio a las redes, 25 hombres se le han adelantado. Otros de los estudios se centran en el ataque específico a una minoría en concreto.

Tres son las que suman el mayor número de ataques, a tenor de la literatura dedicada a analizarlos: las mujeres, los negros y los musulmanes.

En Islamofobia y Twitter: Una tipología del odio on-line en las redes sociales contra los musulmanes, Imran Awan analiza 500 tuits islamófobos para conseguir un doble objetivo: por un lado, extraer la imagen distorsionada del musulmán que dibujan los discursos de odio (como lo hacían los noticieros del régimen nazi al describir los judíos); por otro, ofrecer un retrato robot de los perpetradores. 

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El investigador abordó este trabajo al calor de una tragedia desgraciadamente pertinente a su estudio: el asesinato, particularmente cruento, de un soldado británico perpetrado por dos islamistas radicales (Woolwich, 2013) y la violencia islamófoba que desató.

A las mujeres, por ejemplo, les toca lidiar sobre todo con amenazas de violación. Imágenes estremecedoramente gráficas de crímenes sexuales se pueden perpetrar en los escasos caracteres de un tuit.

Lo que me ha faltado hallar en la literatura científica, espero que por falta de exhaustividad por mi parte y no por verdadera ausencia, es estudios de carácter más universal que aborden si redes sociales como Twitter, por diseño, fomentan el odio. Es decir, que la propia arquitectura de la red social es la maleza perfecta para provocar y diseminar los terribles incendios que sufrimos día a día en las redes.

Al calor de ellos, y del reciente estreno de esa espeluznante obra maestra que es el Joker de Joaquin Phoenix y Todd Phillips, les dejo con esta reflexión sobre el odio con la esperanza de que ustedes, por más que les guste, como a mí, como a todos, acodarse en la barra de bar mundial a despotricar, intenten ser un poco más prudentes y sabios antes de lanzar una botella a las embravecidas aguas del Internet.

Pues nunca sabemos ni quién ni cómo se leerá el mensaje que en ella viaja.

 

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