Es alucinante el mundo bursátil. Si, por cualquier azar de la vida, tuvieran en sus manos una única acción de la empresa de alquiler de vehículos Avis el pasado 1 de abril, su precio rondaría los 170 dólares. El viernes pasado rozó los 500 dólares. Flipante, sí. 500 pavos por un título. Imagínense si hubieran invertido, qué sé yo, 10 simples acciones. 3.300 dólares a la buchaca en un tris, en menos de 20 día. Muy fuerte.
La rent a car está siendo objeto de un ‘ataque’ enorme protagonizado por posiciones cortas. Les explico en cristiano: el cúmulo de grupos inversores que están presentes en Avis no apostaban a que subiera la acción, sino a que bajara, precisamente por el jaleo de Irak, la exposición de las rent car al vehículo eléctrico (véase el caso de Hertz) y demás. Normalmente, esas apuestas a la baja no se hacen con acciones tuyas, sino que las ‘pides prestadas’, con el compromiso de retorno al precio —bajo— al que tú creías que se iba a quedar la acción, y te quedas con la diferencia.

¿Qué ha pasado? Pues lo que suele suceder en estos casos. Que a diferencia de lo que pensaban los ‘cortistas’, la acción de Avis ha empezado a subir. Y como empieza a subir, los cortistas se ponen nerviosos y empiezan a comprar más acciones para cubrir las posibles pérdidas que piensan que van a tener por las ‘otras’ acciones que habían comprado, pensando que iban a bajar. Y se monta el pifostio, porque entre todos los cortistas empiezan a comprar acciones a saco, temerosos, y de repente aparece el mercado financiero normal, que ve que la acción de Avis despega y, claro, compran también. Y en esas estamos, a 500 pavos la acción.
A ver cómo termina la cosa, yo estoy con la bolsa de palomitas, desde luego, sentado en el sofá y aguardando acontecimientos.
Si lo piensan, el de Avis es otro ejemplo de los que les cuento últimamente en relación con la instantaneidad, superficialidad e inmediatez de las cosas. El otro día, y esto es totalmente verídico —verdúrico, que diría un colega mío—, me senté un rato en la plaza de Olavide a echar una caña. Estaba atestada, por variar, pero había una mesa libre reservada.
Llegaron unos púberes, se sentaron para que les tomaran nota, y no pasaron ni cinco minutos cuando se levantaron y se piraron. Joder, qué raro, le comenté a mi acompañanante. Total, que al segundo se sientan otros jóvenes, y lo mismo. Se levantan y se van y no habían pasado ni cinco minutos. Y volvió a pasar de nuevo. Les juro que mi mente viejuna no lo entendía, hasta que mi acompañante vio la luz. Es que son chavales de los de hoy, que no aguantan ni dos minutos sin que les atiendan.
No me lo podía creer. Joder, estar ahí sentado, a la fresca, tan tranquilo, sin presiones, aguardando a que te pongan un cocacola. ¿No puedes esperar un poco? Pues debe ser que no. Inmediatez versus un pelín de paciencia, de disfrutar cómo pasa el tiempo. Vaya tela. Ya sé que la semana pasada ya les comenté sobre estas cosas de la inmediatez, pero es que alucino. Bueno, parece ser que es lo que hay.

Más cosas que les cuento. Que ya sé que se lo imaginan, pero que lo que llega es brutal. No me refiero a las marcas chinas —ya vuelvo con mi mantra—. La semana pasada, el inefable Elon Musk ha recibido el ok de las autoridades neerlandesas para que sus robotaxis empiecen a rular por el país.

De paso han dicho que este mismo verano empiezan con pruebas en España, donde me ha dicho un pajarito que andan de muy mala leche los de Tesla porque la EUIPO alicantina —la sede de la oficina europea de patentes está allí— les ha dicho que de registrar el nombre de ‘robotaxi’, que de eso, nanai. Que es un vocablo genérico y que se quieren registrar ‘Tesla robotaxi’, que a lo mejor eso se lo piensan, pero que de quedarse con la patente de la palabra, que ni lo piensen.
Pero la historia que les quiero referir es que esto está ya aquí, amig@s. Todos escribimos de esto, sí, que ya viene, que llega… Pero es que ahora sí que sí. En breve, digamos en… ¿cinco años? Veremos robotaxis petando los centros de las ciudades. Ahora mismo, lo que Países Bajos ha autorizado a tesla es que funcionen, sí, pero con conductor dentro del coche, que tiene que estar siempre listo para coger el volante.
Pero la peli no es esa. Y sigo papeando palomitas como un glotón. Vamos a ver que pasas al respecto con las VTC y con el taxi. Les recuerdo que Musk tiene una empresa, una de las 10 más grandes del mundo por volumen de capitalización bursátil.
Cuando llegue a las ciudades con los robotaxis, no es que vaya a competir con el taxi y con las VTC, es que las va a fulminar a base de precio. ¿Qué más le da a Musk tirarse dos, tres años o lo que haga falta poniendo una bajada de bandera, digamos, a un euro?

Le costará entrar, no digo que no, pero lo hará. Y cuando lo haga, ojito. Entiendo que aquí hará falta regulación, pero no para el uso y funcionamiento de los robotaxis, sino para que compaginen su ‘business case’ con el de sus competidores porque, si no, se los van a comer. Y esto no solo lo está viendo tesla, que Uber, la jefa de las VTC —miren ustedes, qué casualidades— aseguró la semana pasada que va a destinar a corto plazo 10.000 kilos para terminar de apuntalar su negocio de taxis autónomos. La que se viene es enorme y estaría bien, por una vez en la vida, que los políticos, por una vez, se adelantaran con normativa a lo que resulta inevitable.
Disculpen, que voy a por más palomitas. Que pasen buena semana.








