Teo Martín (Castañar de Ibor, Cáceres, 4 de julio de 1955) puede ser considerado como el decano de los desguazadores de vehículos de España. Profesionalizó el sector hace más de 30 años con innovaciones que hoy se han convertido en estándares legales en su actividad. Él lo recuerda como si fuera ayer, mientras observa con cariño su gran pasión, una fantástica —y única— colección de 76 automóviles de competición que ha reunido durante años. También propietario de una escudería privada que participa en el International GT Open con un McLaren, pocos retos le quedan por cumplir a Martín, después de sacarse el título para pilotar helicópteros. Bueno, quizás uno más: impulsar el desarrollo de la formación especializada, de los oficios, e integrarlos mejor en el entramado empresarial.
Pregunta— ¿Le molesta que le llamen chatarrero?
Respuesta— En absoluto, yo lo pregono. Disfruto y reconozco que he descolocado a más de uno al decírselo, que debía pensar otra cosa. Soy chatarrero, y lo digo con orgullo.
P— ¿Cómo empezó en este negocio?
R— Desde muy joven, mi pasión eran los coches. Mi padre tenía una frutería y me iba con él al mercado de Legazpi (Madrid) y, a veces, me tocaba ir solo con la furgoneta a descargar, con 14 años. A mi padre le gustaba más que me dedicara a la tienda, pero decidí ir voluntario a la mili con 16 años a la escuela de automovilismo. En mi reemplazo no había muchos conductores y me dieron el carné militar. Llevaba al comandante con un Seat 850 de cuatro puertas que tenía muy poca estabilidad. Estando en la mili, el teniente coronel tenía un amigo con un taller en la calle Bravo Murillo e iba por las tardes iba de mecánico a hacer horas. Ahí me aficioné mucho a la competición, porque veía el taller de Santiago Martín Cantero [un mecánico especializado en restauración y preparaciones de competición de gran prestigio] y me gustaba mucho.
En el desguace hay cada vez más actores nuevos que se creen que esto es un gran negocio. Están equivocados. No lo es
P— ¿Siempre ha estado ligado a los coches?
R— Bueno, también trabajé en una empresa discográfica, pero tampoco estuve mucho tiempo, unos dos años. Lo mío empezó con rapidez. Un día me fui a una subasta y compré con unos amigos un Fiat 124 que estaba hecho una pena y me lo llevé a un solar que tenía mi padre, con animales. El primer coche que pinté fue en una zahúrda (pocilga) en la que había un cerdo, y lo recuerdo con mucho cariño. Luego fui a otra subasta, compré un Ford Capri, que me encantaba, lo reparé y lo vendí. En la siguiente compré dos coches más, y así empecé a comprar, reparar y vender. Lo hacía bastante con coches de importación, porque no había entonces en España y los que se quedaban eran los estropeados de extranjeros que venían de vacaciones, por ejemplo. No se crea, que así reparamos y vendimos coches como el Pagoda de Mercedes o el Jaguar Type E ‘zapatilla’. Comprando, reparando y vendiendo. Así empezamos. Como lo que hacen ahora en los documentales.
P— ¿Cómo surge la idea del desguace?
R— Teníamos un taller y almacén en la carretera de Toledo, y cada vez comprábamos más coches para piezas. Y así llegamos al polígono [polígono Almayr, en San Martín de la Vega, una localidad que está a unos 35 kilómetros de Madrid], aunque nuestra idea era seguir trabajando en la compraventa de coches. Y construimos una nave donde teníamos el taller. Le hablo de los años 80. Cuando llegamos al polígono, traje los coches que teníamos en el desguace y los coloqué al fondo de la parcela.
P— ¿Y así, tan simple, empezó todo?
R— Pues mire, de repente empezaba a venir la gente preguntando por piezas. Veían los coches que tenía en la parcela y entraban a preguntar por recambios. Y se vendía. En ese momento vimos que lo del desguace no iba mal. Éramos muy pocos en la zona, y poco a poco empezaron a llegar más personas que se dedicaban a este negocio, aunque al final el trabajo era bastante precario. Cuando yo llegué, como suelo decir, se cortaban los coches con hacha (ríe).
P— ¿Y ustedes no lo hacían?
R— Jamás. Nunca hemos utilizado la soldadura autógena, por ejemplo. Siempre hemos desmontado las piezas. Hemos tenido ese tipo de esmero y creo que hemos sido los pioneros, los que hemos profesionalizado esta actividad, y la verdad es que los grandes del sector siempre me lo dicen. He ido muy por delante incluso de la Ley. Siempre hemos pavimentado las zonas del patio del coche, creando arquetas separadoras por si había fugas… Siempre hemos hecho las cosas muy bien, siendo muy serios, yendo por derecho. Eso es lo que siempre hemos intentado hacer y lo que nos ha permitido tener ningún problema.
P— Hacienda ha registrado recientemente decenas de desguaces acusándoles de defraudar con la venta de recambios en negro. ¿Qué opinión tiene de ello?
R—Lo que está ocurriendo es muy desagradable. Nosotros somos cumplidores, a nosotros no han venido y estaba claro que estaban siguiendo a quien fuera, pero también entiendo que no es una investigación de un día y habrán visto las conversaciones de quien está o no está involucrado. Yo ya soy abuelo y no me he complicado nunca la vida, ni me la complicaré. De hecho, un medio de comunicación (El País) puso una foto de nuestras instalaciones cuando publicó la noticia y nos hemos quejado. El que te conoce bien sabe que es un error, pero en cualquier caso no es un plato de gusto, la verdad.
P— ¿Cómo ha evolucionado su negocio en los últimos años y qué espera del futuro?
R— Antes vendías el 10% de la cantidad de lo que ahora, pero se ganaba más. Ahora se vende mucho más, sí, pero con muchísimo menos margen. Además, existen otros factores. Antiguamente existía una gama de coches pequeña y definida, por lo que tenías instalaciones más pequeñas. No hacía falta más. El Renault 12, El Simca 1200, Seat 124… Se vendía todo. Vendías todas las piezas y la guía de tasaciones la tenía en la cabeza. Ahora es tremendo. Por ejemplo, necesitaba un montón de espacio sólo para almacenar el Renault Mégane de portón grande que salió al mercado hace varios años. Tenías que dedicarle mucho espacio de estantería, mucho stock que no siempre te rentaba.
P— Ganaban más con menos.
R— Antes comprabas un coche en otras condiciones. Mire, cuando llegó el primer plan de ayudas para el automóvil, el Renove, se hicieron campañas muy agresivas por parte del sector del automóvil para que la gente comprara coches nuevos dando el viejo a cambio. Pero como la gente no se fiaba de que le fueran a dar la ayuda, le ponían una batería nueva o alguna rueda o recambio nuevo al coche y así lo entregaban. Llegaban al desguace en muy buen estado, la verdad. Hubo momentos en que no daba abasto. Me descargaban los tráileres de coches en el desguace… De hecho he desguazado coches que si los tuviera hoy en día sería tremendo. Si hubiera tenido esa visión… Pero hemos roto muchos coches, era tal lo que nos llegaba que no dabas abasto y tirábamos muchas piezas. Antes, la vida era otra, y el euro también nos descolocó mucho además. Los números están muy difíciles ahora.
P— ¿Le benefició o le perjudicó la crisis pasada?
R— Hace un tiempo que la crisis ha reducido las cosas, pero hace cinco o seis años no teníamos dónde colocar los Audi A4. No teníamos lugar… ¡Y eran para operaciones del Plan Pive! Ahora ya se aprovechan más los coches, la verdad, pero lo que ocurre es que con tanto Pive nuestros clientes se han ido, porque son los que tienen un coche con más de 10 años para el que el fabricante no tiene recambio. ¿Qué pasa? Que cada vez vendemos menos porque ahora tienen mucha garantía, los coches ya no se rompen como antes… Antes vendías los motores porque alguno salía mal… Ahora tengo un stock de 8.000 motores.
P— ¿Se han ajustado mucho los márgenes?
R— El mercado está muy duro. Y me hago cruces cuando veo a actores del sector del desguace pagando los coches viejos del Plan Pive a 250 o 300 euros. No veo los números. Si tomamos como base que se pagan 250 euros, a eso hay que sumar 40 euros de grúa para retirarlo y 30 euros de descontaminado. Un coche pesa una media de 900 kilos, a 140 euros la tonelada… Te están pagando por ese coche 130 euros. Es decir, como no vendas alguna pieza del coche le estás perdiendo dinero. Se vive de lo antiguo, la chatarra está barata, a los catalizadores se les saca algo… pero vas viviendo poco a poco. Años atrás había otros países que nos pedían mucho recambio, y con exportaciones la cosa cambiaba porque hay más beneficio. Pero eso se ha acabado. Es que los coches están muy baratos. Hay coches nuevos por 6.000 euros. Te compras un Dacia que es estupendísimo y con poco dinero estrenas coche. Y todavía, hace años no te daban garantías, con la crisis, pero los bancos están otra vez con el grifo abierto de crédito…
P— ¿No ve futuro en el desguace?
R— No lo veo. En el desguace cada vez hay más actores y se creen que es un gran negocio, y no lo es. Es verdad que hemos pasado buenos años, pero eso ya ha pasado. Yo tuve la suerte de diversificar.
P— ¿Y en que se va a convertir?
R— No lo sé. Hace muchos años fui el primero que distribuía recambio nuevo, y me estoy reconvirtiendo en ello un poco. Porque piezas de seguridad ni podemos ni debemos vender. El sector del desguace tiene en este momento un problema grandísimo. No nos entran coches modernos porque casi todas las aseguradoras están metiendo los vehículos siniestrados en plataformas de subastas. Y no se están dando cuenta que para estos coches que son siniestro debería limitarse quién los compra. Y obligar a que todos sean dados de baja. Yo no reparo ningún coche, todos son para desguace. Es como alguna compañía a la que le he comprado un coche, y me pregunta que si lo quiero con o sin documentación. Esto no puede ser. Sólo queremos coches sin documentación. ¡Pero si son un siniestro! Como le decía, se está dando acceso a estos vehículos a gente que no tiene escrúpulos. Y por eso no estamos cogiendo coches de siniestro porque como salen a subastas los compran personas que se están llevando los coches fuera. Hay veces que veo algún tráiler saliendo del polígono con un BMW X6 quemado. Cuando una aseguradora me dice que retire un coche que está quemado, lo hago porque me lo pide, pero no vas a pagar nada de nada por ese coche, porque es un engorro. ¿Cómo se van a llevar un coche a otro país y para qué? ¿Para repararlo? ¿Con qué piezas lo van a reparar? Mire, por concluir este tema, lo que hay en este negocio es mucho inútil.
P— Eche la vista atrás. ¿Qué consejo le daría a un emprendedor o empresa?
R— Ahora está todo muy difícil y cada vez están más preparados. No sabría decirle qué consejo darles. Lo importante es aprender constantemente. Creo que se hacen muchos cursos, pero la mayoría no sirven para nada. Me gustaría desarrollar una actividad de formación y hacer algo serio con ello. Mire, mi chapista se va a jubilar ya, ya tenía que haberse jubilado, y le convenzo para que no lo haga, porque no hay. Es capaz de fabricar una aleta con un bidón de Repsol. Eso es una pena que se pierda. Dentro de cuatro días no va a haber tapiceros, trabajadores en fibra, pintores cualificados… Los oficios deberían volver. Ese sería mi sueño.
P— Usted tiene multitud de seminuevos a la venta, algunos de súper lujo. ¿Cómo ve el negocio, tan negro como el del desguace? Ahora se venden muchos coches usados…
R— Este tema, el de la compraventa, está muy complicado también. Estos dos últimos años he perdido dinero. Yo no he perdido dinero en el automóvil en mi vida. Jamás he dado pérdidas, hay años que habré ganado más y otros menos, pero es que estos dos últimos años… El mercado del automóvil está muy duro. En ello ha influido que hay muchos que se dedicaban al automóvil con unas instalaciones y se han reconvertido. Lo hacen en el garaje de su casa, a nivel particular… y gracias a internet. Porque tú puedes tener el mejor coche, pero hoy lo que manda es el precio. Si tienes unas instalaciones con alquiler, etcétera, pues lo tienes complicado con los márgenes. Y hay mucha oferta, muchas marcas, los coches cada vez son mejores y más baratos… En fin, que cuando un coche tenga 10 años no va a valer nada.
P— Quizás son muchos comensales para una tarta no tan grande…
R— Veo unas gran
des instalaciones para vender coches a las que, sinceramente, no les veo futuro. El que no tenga ese gasto en instalaciones irá subsistiendo, pero si no… Veo además concesionarios de coches usados y compraventas, ampliando el local y siendo agresivos… No lo entiendo, me choca mucho. Y los concesionarios de coches nuevo igual ¿eh? El que no esté bien asentado, con instalaciones propias, lo tiene complicado.
P— Antes ha asegurado que tuvo la suerte de diversificar. ¿En qué más actividades se concentra?
R— Me metí en la construcción, en varias actividades. Tengo un complejo hotelero y de eventos con dos socios en las afueras de Madrid que funciona bastante bien, y algo de construcción. Es
verdad que con este tema se ganó mucho dinero, pero no dispones de esas cantidades porque reinviertes en terrenos, por ejemplo, y ahora valen poco o nada. Es decir, tienes muchas parcelas con poca rentabilidad. Pero estamos vivos. Hay compañeros que no pueden decir eso, que han sufrido mucho, han sido valientes y han comprado mucho suelo con hipotecas y las cosas no han salido como esperaban.
P— ¿Cómo ve la sociedad, el conjunto, con la evolución que está ocurriendo?
R— Me preocupa mucho la sociedad, la política. Le doy un detalle. Me preocupa el Impuesto sobre el Patrimonio. Si ahora lo incorporan de nuevo, van a a arruinar negocios como el nuestro, porque en la actividad del desguace existen muchos almacenes e instalaciones y no generan dinero ni para pagar ese impuesto… Eso podría significar más paro. En relación con la política pura, está claro que no hay por dónde coger el tema de la corrupción. Lo que ha pasado en este país es una vergüenza. Y le propongo una solución que puede que funcionara. Hace poco escuchaba con mi mujer un programa en la radio en el que decían que el dinero físico estaba desapareciendo poco a poco. Creo que esa podría ser una buena solución. Que desaparezca el dinero en forma de transacciones metálicas. Todo con tarjeta. Así se acaba el dinero negro y la corrupción. ¿Quiere comprar una Coca-Cola? Con tarjeta de crédito. Que no existiera el dinero en metálico. Eso sería muy fácil de hacer y rápidamente crecería la economía.
P— ¿Qué va a ser de su colección de coches? ¿Los venderá? ¿Los cederá?
R— Mi ilusión sería crear una especie de museo del automóvil. Pero me gustaría hacerlo de manera que, por lo menos, se pueda mantener por sí mismo y no cueste dinero. Otro pequeño sueño sería establecer un taller de reconstrucción de coches.
Nada personal¿Le gusta el cine? Cada vez que se estrena una de James Bond, la veo. También me gustan las de Santiago Segura. Me río mucho. ¿Cuál es tu coche preferido? Hace poco me invitaron la fábrica de Ferrari, en Maranello y vi El FXX, del que sólo se fabricaron 30 unidades. Me parece espeluznante. Me vuelve loco. Pero de verdad le digo que me gustan todos. ¿Qué coche conduce? He usado un Porsche Cayenne diésel. Grandes prestaciones y 1.100 kilómetros sin repostar. ¿Qué hace para desconectar y descansar? Para mi, agosto es sagrado porque le dedico muchas, muchas horas al negocio. Me gusta ir a Formentera y, en especial, sus playas. ¿Algún sueño sin cumplir? Pues mire, tenía uno, que era pilotar un helicóptero, y me saqué el título. Una cualidad que admire y otra que no le guste. Admiro a la gente seria y cumplidora. Me gusta la gente de palabra. No soporto a los aprovechados y a los corruptos. ¿Le gusta el fútbol, algún deporte? Me gustaría el fútbol si los jugadores tuvieran algún objetivo. Me encanta el tenis, el golf… ¿Un personaje público que admire? Tendría varios. Por ejemplo, Rafael Nadal [tenista], por ejemplo. Es una que se lo ha currado todo él sólo, individualmente, y es una persona noble y sencilla. Admiro mucho la sencillez. ¿Una manía? Me encanta el orden y la limpieza. No le digo que las Coca Colas deban estar alineadas en mi nevera, pero las light con las light, y las normales con las normales. |






