Uno de los artistas japoneses mejor considerados en décadas es Kan Yasuda (1945, Japón), un escultor que ha paseado la profundidad del existencialismo de sus gigantescas obras naturales por todo el mundo en los últimos 40 años. Nueva York está de
enhorabuena durante estos meses, porque allí se está celebrando la primera exhibición de una buena parte de su obra a lo largo del tiempo, lo que acontece por vez primera en Estados Unidos. En 2014 se realizó una retrospectiva del autor, pero a pequeña escala. Yasuda nació en un pueblo de la isla nipona de Hokkaido, y allí se expone, en un impresionante parque denominado Arte Piazza Bibai e inaugurado en 1992, gran parte de su obra global, como la siempre inquietante The Door of Return (2001) que acompaña esta página. Se trata de una escultura existencialista de cinco metros de alto y tres de ancho que pretende jugar con el tiempo y el espacio representando la imagen de una semilla que abre la boca hacia el cielo, de igual modo que acontece el primer llanto de un recién nacido. La muestra de Kan Yasuda, que siempre ha vivido a caballo entre Japón e Italia, será acogida por la sala Christie’s hasta el próximo 26 de marzo.
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