Para este número tenemos trabajo. Un trabajo en Italia, para ser exactos. Y para ello vamos a dar marcha atrás en el tiempo hasta el año 1969, fecha de estreno de la emblemática, alocada y británicamente cómica The italian job. Una obra de simpáticos canallas donde se erigen protagonistas una ristra de coloridos e icónicos Mini Cooper S. No son vehículos al uso, son unos personajes más. Y siempre salen en el mismo orden —rojo, blanco y azul— los colores de la bandera británica.
En las entrañas de este filme de culto (aclamado y laureado en Reino Unido durante décadas y defenestrado en Estados Unidos) nos topamos con un argumento que traza las líneas de un plan maestro, de un gran atraco, del golpe definitivo. Un carismático Michael Caine coge las riendas y nos lleva de Londres a Turín para perpetrar el robo de un cargamento de oro a unos bancos orientales, con el que pretendían untar a Fiat y así permitir la fabricación de sus modelos en China.
Es aquí donde surgen nuestros Minis Cooper S como elementos vitales en la huida. Con la mafia y la policía pisándoles las huellas de los neumáticos, esta banda de mangantes perpetrará una de las más conocidas y sorprendentes persecuciones cinematográficas de todos los tiempos. Minis Cooper S volando, saltando edificios, bajando escalinatas, surcando el agua… una colección de piruetas y hazañas al volante para estupefacción de cualquier amante de las “mini-siones imposibles”.
Dada la envergadura de los vehículos (casi de bocado) y que en su interior esconden un suntuoso botín (el jamón ibérico), he hallado en estas croquetas el mejor aliado culinario para este atraco. Así que vamos a vestirnos de canallas elegantes, a enfundarnos guantes blancos y a subirnos a nuestros Minis Cooper S para esta trepidante gastro-móvil-aventura.

Charlie Croker (Caine) acaba de salir de la cárcel pero pronto se empieza a cocinar otro gran golpe. Dispone de los ingredientes perfectos para ello, pero deberá usar toda su destreza y convicción para juntarlos. Es un plan arriesgado, por eso debe ir poco a poco, picando la cebolla y sofriéndola en una sartén con aceite a fuego muy suave durante 15 minutos.
Con la idea ya bien pochada en la mente de Croker, toca ir reuniendo a la banda criminal, a los cómplices de la fechoría. Entran en el escenario de la sartén la mantequilla y el aceite de Oliva, y acto seguido la harina —o un experto en ordenadores, un técnico en electrónica y varios conductores experimentados—.
Mezclamos bien, aunando ingredientes y personajes y haciéndoles partícipes de la trama o del roux. Seguimos sin prisa, mascando el plan, removiendo y dejando que la harina se cocine completamente.
La cuadrilla está alineada y el “trabajo en Italia” cobra forma. La idea es asaltar el sistema de control de tráfico de Turín y crear un caos de coches que les permita la huida en sus Minis Cooper S. Así que vamos a poner en práctica los planes. Vertemos la leche de poco en poco, cazo a cazo, punto por punto.
No dejamos de remover en ningún momento, el atraco es demasiado importante, hay que medir todos los detalles y dejar que vayan creando una bechamel durante 15 minutos. Somos el cerebro, sí, pero también somos el brazo ejecutor que sostiene las varillas del liderazgo.
Añadimos los tropezones de jamón ibérico y la nuez moscada (al gusto) en la marea de bechamel creada y vertemos la masa en una fuente. La dejamos reposar en la nevera hasta que se endurezca, es decir, hasta que todos los cabos queden bien atados y listos para la ejecución final. El clímax.
Durante la espera, se suceden los intentos fallidos de deshacerse de Croke por parte de la mafia, pero éste y su manada de malhechores sobreviven y, con la masa firme, compacta y manejable, rodean el convoy y acceden al furgón blindado. Van cogiendo el oro, esas piezas que nosotros empezaremos a crear moldeando pequeñas porciones, pasándolas por harina, huevo batido y pan rallado, para luego freírlas en abundante aceite caliente hasta conseguir nuestros propios lingotes dorados.
Comienza la huida. El proceso de fritura nos catapulta a esas calles de Turín donde los Mini Cooper S (cargados del jugoso botín ibérico) borbotean de tensión. La ciudad se convierte en un escenario por el que corretean, giran, y voltean coches y croquetas. Desde el tejado del Palazzo a Vela, pasando por las escaleras de la Iglesia Gran Mare di Dio, hasta escapar por las cañerías de la ciudad y encontrarse a salvo en un plato con papel absorbente para eliminar el exceso de grasa y peligro.
Los Mini Cooper S consiguen culminar el plan. El proceso de cocinado ha sido un éxito. Pero el destino es caprichoso y termina por colocar su autobús de escapada al borde de un abismo. El oro ansiado al descubierto como una croqueta abierta, Croker trata de retenerlas… No es sólo codicia. Es gula. Te queman en las manos, pero no puedes evitar su dorada tentación.
Ingredientes (5-6 personas)
70 grs de harina, 25 grs de mantequilla, 25 grs de Aceite de Oliva, 250 grs de jamón ibérico, 800 ml de leche, ½ cebolla grande, 2 huevos, Nuez moscada, Sal y pimienta, Harina y pan rallado
@TheHitchcook







