
Calor sofocante. Una carretera kilométrica. Un Plymouth Valiant de color rojo surca las venas del árido paisaje del sur de Estados Unidos. Al volante va un despreocupado hombre de negocios. Todo es calma. Frente a él tiene un camión cisterna que le hace señas para que le adelante… Y empieza la caza.
En esta ocasión nuestro “maletero-recetario” nos lleva a los inicios de los años 70 para inmiscuirnos en el telefilme (en el 73 se proyectó como película en cines) de un, por entonces, desconocido Steven Spielberg. Seremos testigos de excepción de un thriller agónico y asfixiante, donde el protagonismo absoluto lo absorbe un infernal camión Peterbilt 281 Tanker.
Nuestra receta es un clásico americano, un contundente meatloaf, que en nuestra alocada mente, se materializa en ese monstruo de la carretera, oxidado y letal. Pisaremos el acelerador, trataremos de huir, de refugiarnos, de pedir auxilio… Nada nos servirá, una vez que encendamos los motores-fogones, nuestro destino estará escrito. Y sólo de nosotros dependerá sobrevivir a la implacable voracidad de ese diablo sobre ruedas.
Plymouth Valiant contra Peterbilt 281 Tanker. Un duelo (“Duel” es el título original de la cinta) de guerreros automovilísticos para una obra tan mínima en recursos como sobresaliente en resultados. Así que vamos a atarnos nuestro mandil-cinturón de seguridad y a no dejar de mirar por el retrovisor interior: la bestia de hierro nos acecha. Hay que correr…
Preparamos la salsa. David Mann (o sea, ese anodino trabajador de clase media) conduce ajeno a todo por una carretera cercana a la frontera de Méjico pisando el acelerador que le hace encender la sartén y calentar dos cucharadas de aceite. El sol azota y la temperatura sube lo suficiente para rehogar los granos de mostaza y comino hasta que exploten y saquen todo su aroma en la sartén.
Tal vez esas fragancias le hagan adelantar a un camión cisterna que tiene delante. Y sigue despreocupado su camino, es decir, rehogando el ajo picado, la cebolla, el apio con una pizca de sal. Lo saltea todo con calma, hasta que coja color. Por desgracia, el conductor del camión parece molesto por el rebasamiento…
Mann sigue rehogando la verdura despacio, pero es adelantado de nuevo por ese viejo Peterbilt 281 Tanker. Y la historia empieza a teñirse de rojo violencia cuando le hace señas para que le rebase sin peligro. Echamos entonces el tomate, el orégano, el azúcar y el vinagre. Removemos hasta conseguir una salsa espesa al tiempo que Mann hace caso del consejo del camionero y está a punto de empotrarse contra un vehículo en sentido contrario. La locura se desata…
Ingredientes (4 personas)
Para el pastel de carne
1 kg ternera picada , 1 rama de apio picado, 1 cda de Salsa Inglesa, 3 dientes de ajo picados, 2 Cebolletas picadas, Perejil fresco picado, 2 Huevos, 1 cda de Salsa de soja y otra de kétchup, ½ vaso de pan rallado, Tomillo, Orégano, Sal y pimienta.
Para la salsa
500 grs de tomate triturado, 1 cda de mostaza en grano, 1 cda de comino en grano, 2 dientes de ajo, 1 cebolla, 2 cdas de azúcar moreno, 1 chorrito de vinagre de manzana, Orégano, sal y pimienta, Aceite de oliva Virgen Extra de oliva, 100 grs de champiñones, Rúcula, 1 limón, Un poco de agua, 1 cda de miel, 1 cda de salsa de soja
Iniciamos el pastel. En una sartén sofreímos las cebolletas, el ajo y el apio picado. Mann trata de despegarse del morro del camión y acaba por casi chocarse con un valla en su desesperado intento. No lo sabe, pero ya está inmerso en la creación de un meatloaf que le hará la vida imposible.
Precalentamos el horno a 180 grados. La tensión crece. Mann llega a una cafetería de carretera. Cuando ve que el camión está allí estacionado sospecha de todos los presentes, que le toman por loco. No es de extrañar. Es como ese bol en el que mezclamos la carne picada, la cebolla, el apio y el ajo sofritos, la salsa inglesa, el ketchup, la pimienta, la sal, el pan rallado y el huevo. Un grupo de personajes-ingredientes que se entremezclan y conforman una ristra de sospechosos. Todos son inocentes, todos son asesinos…
Mann vuelve a huir. Pero el camión sigue al acecho. Cada vez con más virulencia y más contundencia, ya que en esta ocasión toda su maldad (o relleno) se ha aglomerado en un molde para horno (tipo plum cake), previamente untado de aceite o mantequilla. Ahora es más fuerte que nunca, está más acorazado y es más despiadado su ataque. La capa de salsa de tomate con la que cubrimos la parte de arriba del molde no hace sino remitirnos a la virulencia de cómo arrolla al Plymouth en las vías del tren esperando ser arrollado. Mann logra zafarse…
Metemos el pastel en el horno. En un último intento de salvación, Mann se encierra en una cabina telefónica (u horno) para llamar a la policía. Para él son minutos de agonía. Para el pastel de carne son 60 minutos de cocinado. Durante los cuales embiste la caseta, trata de aniquilar al desgraciado Mann… El calor del horno desata su furia como nunca antes.
Pasado casi todo el metraje de este terrible telefilme, llega el momento de la verdad. El último duelo. Sacamos del horno a nuestro “monstruo” y esperamos que se enfríe durante una hora. En esa tensa espera llega la gran confrontación. Sólo puede quedar uno. Plymouth Valiant o Peterbilt 281 Tanker.
Cortamos en rodajas el pastel de carne (que es probablemente lo que quisiera hacer el camionero con Mann) y servimos acompañado con la salsa de tomate. Con esa sangre derramada en el original y sorprendente final. Hemos sobrevivido al enfrentamiento. Hemos vencido al diablo. Ahora toca devorarlo… que nos lo hemos ganado.








