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Esther Alonso
Esther Alonso
Gran experta en el área de salud, sector periodístico en el que desarrolló buena parte de su trayectoria profesional, Esther Alonso lleva 15 años escribiendo sobre eyewear y estilo de vida, una pasión-profesión que le permite ofrecer a los lectores de Fleet People las últimas y mejores tendencias actuales en moda, restauración, viajes y cuidado personal. Un auténtico refugio de placer cotidiano para los amantes del genuino lifestyle. Además de Fleet People, ha colaborado con otros prestigiosos medios como El País, El Español y revistas especializadas como Psychologies o Lookvision.

¿Claves del éxito? Esfuerzo, criterio y vista. Los dueños de Óptica Toscana son un claro ejemplo.

Si hace 25 años alguien hubiera dicho a Mamen Domínguez y Antonio López, propietarios de Óptica Toscana, que en España iban a poder comprarse infinidad de colecciones de gafas de autor y que sus tiendas iban a ser el epicentro de toda esa explosión, hubieran pensado que les estaban tomando el pelo.

Lógico. En los 90, cuando abrió sus puertas la primera Óptica Toscana, el panorama era desolador. Las gafas en nuestro país distaban mucho de ser un complemento de moda, un vehículo con el que el usuario expresa su personalidad. No. En esos años, las gafas eran, más bien, un artilugio necesario para ver mejor. Y punto.

“Mientras que aquí había muy poca variedad, en otros países veíamos muchísimas alternativas de gafas preciosas. Veíamos modelos increíbles en las ferias internacionales y, también, en los escaparates de las ópticas y en los rostros de las personas que paseaban por las calles de París o Milán. Queríamos traer estas gafas a España”, afirma López.

Óptica Toscana nació con la inquietud de dar un paso adelante en una profesión demasiado encorsetada por la demanda del gran público. Su primera óptica estaba situada en un pequeño local de Nuevos Ministerios (Madrid) y contaba sólo con un puñado de gafas independientes. El reclamo, aunque reducido, era tan atractivo, que personas de toda España se acercaban a su establecimiento en busca de un producto diferente.

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“Estábamos solos y no dábamos abasto. Recuerdo sábados que nos daban las cinco de la tarde (entonces se cerraba a las dos), porque había muchísima gente esperando fuera. En ese momento éramos muy pocos los que entendíamos el negocio de la óptica de esta manera”, explica Domínguez.

El amor por las gafas que sentían sus clientes fue un apoyo fundamental para continuar en esta línea: “Muchos nos contaban que compraban sus gafas en el extranjero. Algunos nos las traían para que las viéramos, para que conociéramos la marca. Querían encontrarlas en España, no perder tiempo buscando una óptica en otro país”, añade la propietaria.

A medida que el volumen de ventas y de colecciones fue creciendo, el primer local se fue quedando pequeño. Se trasladaron al barrio de Malasaña. Una apuesta arriesgada que salió bien, ya que la zona se ha convertido en pocos años en un núcleo de moda de autor.

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Pero la consagración de Óptica Toscana llegó cuando abrieron en el local de semillas “Robustiano Díez Obeso”, fundado en 1881 y situado en la castiza calle de Hortaleza. Durante el tiempo que duraron las obras, los vecinos de Chueca permanecieron expectantes, temerosos de que destruyeran este espacio tan arraigado en el barrio.

Expansión y nuevos tiempos para Optica Toscana

La sorpresa fue grata. “Restauramos todo. Vitrinas, mostradores, cajones, el suelo… Es un local magnífico con el que nos sentimos muy identificados. Abrir aquí supuso un punto de inflexión para nuestro negocio, porque es donde conseguimos que se materializasen nuestros sueños. Fue como una explosión”, confiesa Antonio López. Al poco tiempo de abrir la tienda de Hortaleza se cerró la de Argensola y se abrieron tres más: una en Madrid, otra en Barcelona (Provença) y la tercera, en Mallorca.

¿Cuál es el secreto de su éxito? Óptica Toscana trabaja en exclusiva con colecciones de diseñadores independientes como Mykita, Anne et Valentine o Kuboraum. Algo que, como cuentan, no ocurrió de un día para otro.

“No ha sido fácil en muchos momentos. Ha supuesto un esfuerzo muy grande. Pero ha merecido la pena”, añade López. “En la vida de nuestro negocio, muchas veces hemos tenido que elegir entre ofrecer lo que pide la mayoría del público o hacer propuestas diferentes. Y siempre hemos tenido claro que no queríamos competir con las grandes cadenas, sino especializarnos en un producto más arriesgado, sin dejar de ofrecer un servicio excelente y un trato cercano”, explica Domínguez.

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En la actualidad, cada vez hay más ópticas que apuestan por un producto exclusivo y minoritario. Pero Toscana ha la marcado tendencia, sin duda.

“Hay una generación nueva que hace las cosas de forma diferente y estamos encantados con ello. Nuestro objetivo no ha sido nunca ser los únicos en el barco, no tendría sentido. Ópticas como las nuestras enseñan un producto diferente y ayudan a educar al consumidor, a mostrarle que hay muchas alternativas. Nos gusta que cada vez seamos más”, subraya él.

Toscana celebra este año su primer cuarto de siglo y quieren celebrarlo, más que por todo lo alto (no es su estilo), por todo lo íntimo. Estamos deseando verlo tras unas buenas —y exclusivas— gafas, por supuesto.

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