La demanda mundial de petróleo ha registrado a lo largo del ejercicio su primera caída anual desde que la pandemia de COVID-19 paralizara la economía global en 2020, con una contracción de un millón de barriles diarios provocada por el impacto de la guerra en Oriente Próximo sobre los flujos de crudo, según el informe mensual de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) publicado por la consultora Quartz.
De acuerdo con el informe, en mayo pasado se tocó el suelo de la caída, con una demanda en 97,9 millones de barriles por día.
La contracción exacta se ha situado en 4,8 millones de barriles diarios en el segundo trimestre del ejercicio, si bien la AIE estima que se moderará hasta 1,7 millones en el tercero —todavía no hay datos al respecto— y antes de dar paso a un crecimiento de 1,2 millones en el cuarto trimestre del ejercicio actual.
En cuanto a 2027, la Agencia Internacional de la Energía prevé un rebote de la demanda de crudo estimada en al menos dos millones de barriles diarios.
Tras la reapertura parcial del Estrecho de Ormuz, la producción mundial ha aumentado en junio hasta 98,8 millones de barriles diarios, una cifra valorable pero aún bastante por debajo, exactamente 9,4 millones de barriles por debajo, respecto de los niveles anteriores al conflicto.

La AIE ha calificado el conflicto como «la peor crisis de suministro de petróleo registrada en la Historia», debido a que en su momento más grave retiró 14 millones de barriles diarios de los flujos mundiales de crudo.
La tregua de 60 días que ambas partes habían alcanzado el mes pasado ha vuelto a quebrarse esta semana con nuevos intercambios de fuego entre fuerzas estadounidenses e iraníes, los más graves desde que comenzó el alto el fuego, con el Estrecho de Ormuz —la ruta por la que circula cerca de una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas— bloqueado de nuevo al tráfico mercante.
El Brent cotizaba en torno a 75-76 dólares por barril el lunes, desde los mínimos de alrededor de 68 dólares registrados a principios de mes.





