El señor Sixt, Erich Sixt, podría pasar por cualquier jubilado veraneante en las playas de Mallorca, a tiempo parcial o completo. Eso si le quitan el esmoquin, claro está. Pero no. Aunque probablemente veranee en Mallorca, como tantos alemanes ilustres, Erich Sixt no es un sénior cualquiera. Capitanea la empresa de alquiler de vehículos que lleva su apellido y que fue fundada en 1912 por su abuelo, Martin Sixt.
Sixt fue la primera compañía de rent a car europea. Su base se situó en Pullach, en Múnich. Y allí sigue.
Erich Sixt se hizo con los mandos de la empresa en 1969 —es decir, ya va para 50 años—. Tuvo que dejar el colegio para ayudar a su padre con el negocio por dos razones: la primera, porque éste estaba enfermo; la segunda, porque Sixt contaba ya con 200 coches, y su padre no podía gestionar toda la operativa solo.
Desde esa fecha y hasta hoy, Erich Sixt ha logrado colocar a la firma en una posición más que envidiable, teniendo en cuenta que su inicio genuino se cimentó con un solo coche y como alquiladora con chófer, tras la Segunda Guerra Mundial.
Sixt se ha convertido en un blue chip muy apetecible dentro del competido universo del rent a car, un caramelo independiente que todas las grandes del sector desean y que obtiene buena parte de sus beneficios por la vía del retorno que reciben de alquilar vehículos de alta gama. Una filosofía enraizada en el origen puro de la empresa, que inició su andadura comercial con un puñado de Mercedes-Benz.
La situación actual de Sixt, que ya se ha convertido en un gigante capaz de situar sus ingresos anuales en cerca de 2.200 millones de euros el ejercicio pasado, 600 más que los que facturó en 2009, por ejemplo, es fruto de las decisiones del histórico consejero delegado de Sixt y de su equipo ejecutivo, formado básicamente por su familia directa.
Han continuado con una línea de trabajo arriesgada en ocasiones, pero con resultados evidentes.
“Si te quedas quieto, ya has perdido. Cualquier emprendedor está condenado a crecer”, aseguraba Erich Sixt en una entrevista en 1999.
El ejecutivo decidió sacar la compañía a Bolsa a mediados de los años 80 del siglo pasado, momento quizás no muy propicio para ello, y decidió expandirse a través de acuerdos con grandes aerolíneas mundiales y con nuevos negocios, como el desarrollo de una red global de limusinas a lo largo de 55 países.
La jugada le salió bien, ya que su salto al parqué bursátil permitió a Sixt financiar su operación de expansión sin endeudarse y manteniendo el control de la compañía.
Además, supo ver cómo los beneficios serían mayores al trabajar principalmente en el mercado de alquiler de vehículos premium, lo que le reportaba mayores ganancias por unidad alquilada en relación con cualquiera de las empresas de rent a car de su competencia.
Una década después, Erich Sixt también fue el responsable de dirigir el siguiente paso expansionista de la compañía, a través de un modelo de franquicias internacionales que comenzó en Europa. Había llegado la hora de patentar y aprovechar la consolidación del modelo de alquiler premium en el exterior, un proceso que todavía hoy no ha concluido.
El directivo afrontó ese reto con determinación y, por qué no decirlo, con ciertas dosis de humor: “Papá, eres muy aburrido. Sólo alquilas coches en Alemania. Cuando sea mayor, lo haré en todo el mundo”, dice el ejecutivo que le espetó su hijo, con apenas 10 años de edad, antes de que iniciara el proceso de expansión.
Lo hiciera o no empujado por su hijo, que ahora se sienta en el Consejo de Dirección de la empresa, a Erich Sixt le salió redonda la apuesta. Hoy gestiona una flota de 172.000 coches y tiene más de 5.000 empleados. No está mal para un viejecito.







