El afeitado masculino resulta tan simple que su cotidianeidad probablemente nunca nos ha hecho reparar en que se trata de un arte básico, pero milenario.
El primer ancestro de lo que hoy conocemos como corbata nació cien años después de Cristo; el primer traje que puede considerarse más o menos un traje para caballero, del siglo XVII y el inicio de la clásica camisa, considerando como tal un pedazo de tela cuadrada con carácter protector, se remonta 1.500 años antes de Cristo.
Pero no es de vestimenta de lo que hablamos en este texto, sino de un acto que siempre ha precedido a todo; el principio de todo buen vestir; aquello que ya se practicaba como algo normal en el año 3.000 a.c. y a lo que Alejandro Magno, por ejemplo, obligaba practicar a diario a sus soldados.
El afeitado.
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Añadiremos un ítem más: el afeitado clásico. Durante decenas de generaciones y cientos de años, el afeitado tradicional con navaja o con alguno de sus predecesores, utensilios cortantes con asideras de cualquier tipo, han protagonizado una de las primeras acciones que realiza el hombre tras despertarse.
Los inicios: Agua y un elemento cortante
Al principio se utilizaba únicamente agua y un elemento recto cortante para despejar el cabello de la piel de la cara. Era lo que había. Aunque es típica la imagen de hombres prehistóricos con larga barba, algunos historiadores sostienen que muchos se la arrancaban para eliminar a los parásitos.
Los egipcios utilizaban una especie de hacha pequeña o de navaja gigante (comparada como la que conocemos en la actualidad) con el mango fijo, y los romanos idearon una con empuñadora de bronce para arrastrar el vello de la cara.
Todo discurría con aparente normalidad —sin cambios— para este noble arte hasta mediados del siglo XIX. En 1847, William Henson registró la patente de la primera maquinilla de afeitar de seguridad.
Henson realizó la primera incursión en su diseño y patente, pero no fue hasta 1880 cuando se perfeccionó el sistema de seguridad propio de estas maquinillas, que empezaron a venderse en grandes series por los hermanos Kampfe y bajo la denominación ‘Star Safety Razor’, maquinillas que aún hoy pueden adquirirse en subastas a precios bastante asequibles.
Siempre que desee afeitarse con un pedazo de historia, claro está.
Recién comenzado 1900 llegaron las hojas de afeitar de doble filo desechables, que combinaron a la perfección con las maquinillas metálicas inventadas recientemente y que permitían prescindir de la hoja tras un periodo de uso.
Las inventó un tal King Camp Gillette, a quien no puede atribuírsele, como muchos hacen, el invento de la maquinilla de afeitar original, pero sí de su indudable evolución y desarrollo con la inclusión de la hoja de doble filo.
Una jugada maestra
Siendo magnífico, ese no fue su gran acierto. La jugada magistral de Gillette llegó durante la Primera Guerra Mundial. Recibió un encargo de suministro para las tropas estadounidenses que le permitió producir cerca de cuatro millones de maquinillas de doble hoja y más de 30 millones de hojas de afeitar de doble filo para uso y recambio.
Sin pretenderlo y bajo unas tristes circunstancias, efectuó la que puede ser considerada como una de las grandes operaciones de marketing de la Historia.
Gillette tuvo la genialidad no sólo de asegurarse dicho suministro, sino que facilitó que todos los soldados que volvían de la Guerra pudieran quedarse gratis con sus instrumentos de afeitado.
Es decir, creó la necesidad de utilizar sus maquinillas. Y lo consiguió.
Eso posibilitó que, durante algunas décadas, las maquinillas de doble hoja o simples de compañías como American Safety Razor Co. o Gem Cutlery Co, convivieran sin mayor problema. Lo cierto es que simplificaban mucho la gestión cotidiana del afeitado en una época en la que no hay que olvidar que no ir afeitado a diario estaba mal visto.
Barberías tradicionales
Las tradicionales navajas de afeitar cada vez quedaban más postergadas a las barberías tradicionales, que recibieron dos golpes casi definitivos a comienzos de los años setenta del siglo pasado.
En segundo lugar, con la invención, en 1974, de la primera maquinilla de afeitar completamente desechable. Fue y es el segundo producto más famoso y conocido de la empresa francesa BIC, después del archiconocido bolígrafo de cristal que inventó en 1945.
Y en primer lugar y fundamentalmente, por el desarrollo y creación en 1970 de la primera maquinilla con cabezal extraíble y recargable. La inventó Wilkinson y la denominó Bonded. En la práctica, supuso el nacimiento de los recambios de hojas de afeitar.
Piensen en Nesspresso. En la impresora que tienen en casa. Beben de ese increíble modelo de negocio basado en el fraccionamiento de pago, en un sistema de cuotas aplazadas permanentes que satisfacen una necesidad que no desaparece —el tan de moda hoy ‘pago por uso’, ¿verdad?—-.
Igual que la máquina de Nesspresso es asequible y su negocio reside en las cápsulas, ese concepto es el que se impuso en el planeta con la llegada de los recambios de las maquinillas de afeitar.
El resurgir del afeitado clásico
Tanto las maquinillas desechables como las que utilizan cabezales de recambio —las más populares— y las maquinillas tradicionales de seguridad de simple o doble hoja resultan mucho más caras que la navaja, el modelo de afeitado clásico más romántico, placentero y elegante, aunque su utilización albergue más riesgo que en el caso de sus competidores de afeitado si no se dispone de decisión y de una muñeca firme.
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Poco a poco existen pequeñas corrientes que invitan a pensar en un resurgimiento no sólo del afeitado con navaja, sino de un concepto más amplio: el afeitado clásico y tradicional, la recuperación del placer perdido de practicarlo.
Una corriente en la que puede que haya tenido algo que ver en los últimos años, paradójicamente, la popularización de la barba en España en todo tipo de generaciones. Esta tendencia ha creado una interesante red de barberías que han picado el gusanillo por el mundo del cuidado facial a hombres que antes no reparaban en ello.

Ángel R. Molina, álma máter de Sin Corte No Hay Gloria, uno de los mejores foros de afeitado de España, cuenta con más de mil suscriptores en su site y explica cómo descubrió el universo del afeitado clásico debido a sus problemas con la piel.
“Siempre tuve problemas y no había productos que me ayudasen mucho. Y si no te educan previamente te dejas guiar por la publicidad y, con lo poco que conoces, no aciertas. Algo no estaba haciendo bien. Investigué y vi que había mucho interés en torno al mundo de las navajas de afeitar, de las maquinillas… Y en poco tiempo me afeitaba ya de forma natural y sin sufrir. Me di cuenta de lo mal que lo había pasado muchos años de mi vida”, resume a Fleet People.
Molina refiere cómo cada vez cuenta con más suscriptores y destaca que ha alcanzado dicho número en menos de tres años. “Y casi el 80% son usuarios activos que visitan el foro al menos una vez por semana”, subraya.
Definiendo el afeitado clásico
El afeitado tradicional no sólo tiene que ver con el uso o no de un determinado utensilio para afeite. Todo lo que lo rodea es absolutamente crucial y conforma el proceso completo.
Desde la preparación de la piel con un aceite natural de preafeitado hasta la elección de un jabón de afeitar de calidad que no contenga elementos químicos potencialmente perjudiciales para la salud, un aftershave que lleve alcohol o no, una brocha de afeitar de pelo animal o sintética…
Todo influye, y la cuestión monetaria, también. Seguramente piense que ahorra mucho cuando compra los paquetes de cartuchos de afeitar para su máquina recargable, y que siempre ha sido así…
Si se fija en el gráfico con el que se inicia el reportaje, se dará cuenta de que esto no es así. Nada hay más económico que una navaja de afeitar, en primer lugar, o que una maquinilla de simple o doble filo tradicional.
Pero quédese mejor con el contenido romántico que envuelve al afeitado clásico. Sitúe en su imaginario cinéfilo popular los deliciosos afeitados matutinos de ese vaquero cualquiera en un buen Western, incluso el inquietante uso de la navaja en los filmes de terror, que también tiene su público.
La capacidad de atracción de todo lo que rodea al afeitado masculino es tan fascinante como —¿estratégicamente?— colocada en un aparente olvido durante los últimos 40 años. Y puede que su lento resurgimiento —pero resurgimiento, a fin de cuentas— tenga que ver con esa parte de la población que se resigna a aceptar el funcionamiento de una sociedad actual que ha capitalizado como dogma de fe el valor de la instantaneidad, de lo efímero.
Cualquier manual para caballero que se precie explicita siempre la importancia del —buen— afeitado matutino. Si en lugar de despertarnos y echar mano del móvil dedicamos más tiempo a este cuidado personal imprescindible, probablemente habremos empezado la mañana de la mejor forma posible.
Eso sí, como unos buenos zapatos de horma estrecha, la fama cuesta, que diría el dicho de la popular serie de televisión de los años Ochenta.
Un mínimo de 20 minutos y un máximo de 45 minutos, aproximadamente, son deseables para darse un buen afeitado cada mañana. Por supuesto, esta franja se puede reducir al máximo —segundos, si se trata de repasarse con la indecorosa maquinilla desechable mientras se ducha uno, pero no se trata de eso— o alargarse más de una hora —recomendable para el karma personal—.

2. Set de cuidado personal del faraón Neferkhawet (1.500 a.c.): caja, dos navajas de afeitar, recipiente para kohl (polvo negro de maquillaje para ojos) y tweezer o lo que hoy sería una pinza de depilación.
3. Navaja de afeitar egipcia de 1.492 a.c.. Ya contaban con mango, pero fijo. Hoja de bronce y empuñadura de boj. Se descubrió en 1936.
4. Rasurador de pelo a afeitadora de barba, encontrado en Italia y con forma decorativa de luna. Es de bronce y data del año 850 a.c..
5. Una navaja de afeitar de 1849 en acero y marfil. El diseño de este instrumento se mantiene hoy intacto. Construida por Nicholls & Plincke.
6. Maquinilla de afeitar de hoja simple y sistema de seguridad Star, diseñada por los hermanos Kampfe. Año 1900.
7. Una de las maquinillas de hoja de doble filo más apreciadas, la Rex Ambassador regulable fabricada en acero.
8. Navaja confeccionada a mano por uno de los grandes artesanos del gremio, el italiano Mastro Livi, con hoja de acero damasquino suministrado por la firma japonesa Takeda. // FOTOGRAFÍA: THE METROPOLITAN / JOE HAUPT / LIVI RAZORS
En el punto medio está el éxito. Si lo piensa y se lo propone, cada día puede situar las agujas del despertador un pelín antes para conseguir media hora. Unos 10 minutos de esa media hora son los que desperdicia cogiendo el móvil nada más levantarse, lo cual le produce estrés nada más abrir el ojo.
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Elimine ese factor de estrés. Durante el tiempo que uno emplea en afeitarse se puede preparar mejor la jornada laboral y estructurar cómo quiere que se desarrolle su día en el trabajo. Esto, en este instante, le puede sonar raro o un poco chino, pero es lo que se ha hecho durante toda la vida. Su abuelo lo hacía y, si supera los cuarenta, también se acordará de su padre.
Cada año se venden y se tiran a la basura cientos de millones de maquinillas de afeitar desechables en el mundo. Seguro que usted, o alguien de su familia, guarda en casa una navaja o maquinilla de doble hoja que perteneció a su padre o a su abuelo. ¿Por qué no la tira? Pregúnteselo.
Y después de preguntárselo, cójala de nuevo, límpiela bien y utilícela. Úsela delante de sus hijos. Cree de nuevo ese lazo, esa bella imagen que se tenía antes de los padres, con la cara espumada y brocha en mano, y que poco a poco se ha difuminado en el tiempo.
No encontrará muchas tradiciones más genuinas —y elegantes— y, además, su bolsillo y mente se lo agradecerán. Delo por hecho.











