¿Híbridos? Sí. ¿Eléctricos? Puede que no sea el momento aún. De hecho, no lo es. Al menos, para las empresas. Esa es la realidad en 2019 y así la explicita la compañía de movilidad, renting y servicios Arval, que en la edición de este ejercicio del Arval Mobility Observatory clarifica varios puntos en relación con las energías alternativas y el automóvil.
Podría decirse, utilizando la perspectiva temporal, que 2019 marca una nueva pauta en la elaboración de este tradicional informe. De un lado, pasa a denominarse Arval Mobility Observatory; de otro, y por primera vez en los últimos años, las conclusiones en relación con las conductas de las empresas y su movilidad con vehículos alternativos empieza a concretarse con claridad.
Da la impresión de que ese caldo de cultivo que se ha macerado durante, digamos, la última década, empieza a estar listo para ser servido con una aproximación muy certera.
“El Observatorio nos centra bastante y, más que nosotros a él, a la inversa”, sonríe Manuel Orejas, director del Arval Mobility Observatory, mientras confía a Fleet People esa aproximación meridiana: “Las empresas siguen tirando bastante hacia lo ecológico, de eso no hay duda, como también que lo hacen hacia la electrificación, pero por la vía de la hibridación”, subraya. “Todo el mundo quiere ir a la modalidad eléctrica, pero debemos ser conscientes de que, para llegar a ello, existen unas tendencias y unos acelerómetros que hay que observar. Si hablamos de tendencia, hay que reconocer que, mentalmente, es imparable en relación con la sostenibilidad. Pero eso no significa que esa realidad se plasme con demasiada celeridad”, apunta el directivo de la compañía.

El informe de Arval expone varios puntos al respecto muy significativos. Uno básico es que siete de cada 10 empresas de tamaño grande, con más de 500 empleados, o tiene ya o considera utilizar energías alternativas en sus flotas. El dato es del 60% en empresas de más de cien empleados, del 30% en firmas de entre 10 a 99 empleados y del 20% en las corporaciones más pequeñas.
Dichos porcentajes se sitúan, además, en línea con las mismas expectativas y realidades expresadas por el Observatorio en las empresas de la Unión Europea. La conciencia al respecto es evidente, y no puede decirse que no exista esa inquietud en el plano eléctrico. Sin embargo, las previsiones de las empresas en este apartado son más cautas. Un 33% de las empresas de más de 500 empleados prevé incorporar vehículos eléctricos a su flota en los tres próximos años, porcentaje que se sitúa en un 25% en el caso de más de cien empleados, y solo un 11% —entre 10 y 99 empleados— y un 10% en las de menos de 10 trabajadores.

Independientemente de preferencias, Manuel Orejas apunta a esta publicación que el concepto de energía alternativa ya no tiene freno.
Aunque solo sea por las “dificultades que están atravesando los fabricantes de automóviles, que tienen una gran presión para vender vehículos con menos emisiones para cumplir con los estándares anticontaminación de la Unión Europea”, un proceso que “sólo va a ir a más”.
“El sector del automóvil se está enfrentando a unas vicisitudes muy duras en el plano medioambiental porque se expone a un proceso de multas muy elevadas. Y eso se va a traducir inexorablemente en que continúen por la línea de la sostenibilidad por dos vías: la de la generación de producto y la también generación de una mentalidad al respecto”, asegura el ejecutivo.
RSC, un aspecto fundamental
Existe otro factor reseñable que se debe imbricar directamente a la configuración de las nuevas flotas sostenibles por parte de las empresas. El enorme espectro que abarcan en estos momentos las políticas de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) en las compañías ha mutado por completo el concepto de emisiones al medio ambiente, de la movilidad y de la fuerza laboral propia.
Y Orejas detalla este punto con total claridad: “Las empresas incluían hace años las emisiones de dióxido de carbono de sus vehículos en su informe de RSC, y todas tenían en cuenta las de sus vehículos. Pero solo las de sus vehículos de empresa. Nadie tenía en cuenta las emisiones que produce la movilidad de todos sus empleados”, enumera.
Eso, de acuerdo con el director del Arval Mobility Observatory, ha cambiado.
“Ya no se evalúa solo el CO2, sino otro tipo de gases. Hace apenas cinco años nadie, ninguna empresa, publicaba datos sobre óxidos de nitrógeno (NOX), por ejemplo. Eso ha cambiado y las empresas más avanzadas en RSC hablan y buscan soluciones de movilidad de todos sus empleados y tratan de buscar las mejores opciones para estar más comprometidos con el medio ambiente”, evalúa Manuel Orejas. Ese creciente interés en el tipo de emisiones a la atmósfera, en lo que expulsa la flota de vehículos corporativa, también queda patente en la edición 2019 del Observatorio.
El resultado es que, en mayor o menor medida, este aspecto está en la cabeza de todas, sin que tengamos en cuenta el tamaño. En las compañías más grandes, la preocupación es fundamental: un 63% tiene en cuenta los niveles de dióxido de carbono en su política de flotas, por el 31% de los óxidos de nitrógeno y el 17% de las partículas finas. En conjunto sobre el total de compañías, el promedio arroja una cifra del 42% en el caso del CO2, del 17% atendiendo a las emisiones NOX y del 12% para las partículas finas. No son cifras reducidas, ni mucho menos.
El barómetro real está, como siempre, en nuestra vecina Europa.

Las empresas de la Unión Europea señalan, como media, que se preocupan en un 39% del CO2, en un 18% del NOX y en un 22% de las partículas finas. Nos situamos en esa media con holgura.
La importancia de lo empírico
¿En qué se está traduciendo todo ese nuevo interés real de las empresas? ¿Cómo se casa con la sostenibilidad?
Para Manuel Orejas, la mezcla perfecta se ha producido precisamente por la conjunción de los conceptos de Responsabilidad Social Corporativa y la hibridación, dos fenómenos que han crecido paulatinamente en nuestro país en el ámbito corporativo y en los últimos ejercicios de un modo paralelo, sostenido, hasta que se han tocado con las yemas de los dedos. La dirección de ambas tendencias es, ahora, común. Y la única pata que les falta ahora es el conocimiento real, empírico, de cómo medir correctamente esas nuevas necesidades de la flota.
“La RSC y la hibridación son dos de los grandes motores del Observatorio y en el momento en que las empresas se han adentrado en el primero de los aspectos, teniendo en cuenta a todos sus empleados, se están dando cuenta de que necesitan datos. Porque sin datos no abordan la sostenibilidad de un modo real”, anota el directivo a Fleet People.
El Observatorio, por ejemplo, recoge con exactitud tendencias y el nuevo interés consolidado por la sostenibilidad pero… ¿Una empresa es sostenible por el mero hecho de decir que lo es o intentar serlo?
Paradójicamente, no. “Es que no todos tus coches híbridos, si esa ha sido una elección de tu empresa, tienen por qué mejorar los valores de tus coches de gasolina, por ejemplo. Todo influye y las empresas deben acostumbrarse a pasar por soluciones de datos que aporten lo mejor para cada uno de los segmentos de uso”, remarca Orejas.
Y en este apartado es en el que las empresas se han fijado. “Ahora empiezan a darse cuenta, y tenemos que decir que España está liderando este apartado, mucho mejor que Europa, de que se toman muchas decisiones empresariales sin tener un soporte de datos. Muchas empresas se están dando cuenta y nos piden una telemática soft para saber por qué tipo de vía se ha conducido, el comportamiento del conductor y cuántos kilómetros has hecho”.
Con esto, de acuerdo con el director del Arval Mobility Observatory, “se cuenta con una información muy valiosa que produce muchos beneficios. Se toman decisiones sostenibles sobre tu flota muy claras. Y Lo vemos todos los días, el payback es indudable porque los sistemas de prueba y error no suelen funcionar”.
De nuevo y en este caso, el Observatorio apunta cifras trascendentales para aportar una idea clara de cómo se mueve en España el universo de la flota corporativa. Y la respuesta al concepto y manejo de datos es muy interesante. La gran empresa utiliza en un 44% sistemas de herramientas telemáticas en sus flotas, cifra que mejora en ocho puntos el porcentaje expresado por las empresas del resto de la Unión Europea. En las corporaciones de entre 100 y 499 empleados, por ejemplo, el uso de la telemática es del 28% y si nos fijamos en las firmas de entre 10 y 99 empleados, del 24%, respecto del 19% en la UE.
Las compañías españolas también son más digitales y manejan más información de flotas que el resto de Europa en el caso de aquellas con menos de 10 empleados, con una relación de un 16% en comparación con un 11%. Son aspectos muy interesantes y que dicen mucho de un entorno competitivo de España que, a juzgar por la muestra que ofrece cada ejercicio el Arval Mobility Observatory, cada vez cobra más relevancia dentro de Europa.
Es decir, que la flota de empresa funciona viento en popa. Una buenísima razón para alegrarse, ¿Verdad?
Una (acertada) visión sobre la última millaUna de las conclusiones del Observatorio de Arval —la hegemonía de lo híbrido frente a lo eléctrico— da que pensar sobre uno de los frentes más mediáticos actualmente, y eje central, por ejemplo, del reportaje inicial de este número de Fleet People que tiene entre sus manos: la última milla. Pareciendo ser la solución perfecta —el vehículo eléctrico— para este tipo de uso… ¿Por qué no funciona? Manuel Orejas lo tiene claro. “En este apartado es complicado, porque hay muy poco producto (vehículos) para elegir en el mercado. Y los que hay , son muy caros. Pero, más allá de ello, tenemos que considerar una realidad: que en nuestras ciudades no tenemos un sistema logístico lo suficientemente preparado como para disponer de este nivel de vehículos aptos para ultima milla con un nivel de autonomía y garantías acorde”, explica el ejecutivo. ¿Por qué? Orejas apunta que “nuestra ultima milla, la de nuestras ciudades, es la última, sí, pero después de que el vehículo recorra 250 millas antes, por citar un ejemplo. En España no contamos con centros de carga especializados que trabajen en última milla, y tal y como hoy funcionamos, las furgonetas y el transporte vienen cargados desde fuera de la ciudad… Y hacen su último trabajo en última milla… Pero después de haber realizado esas 250 millas antes”, sostiene. Y en este punto, exactamente en este punto, debe encontrarse igualmente la explicación al porqué de la elección de los sistemas de hibridación o de gas en las almendras centrales. También cuentan con etiqueta ‘ECO’, pero a la vez son más económicos y su autonomía no depara sorpresas. |












