La accesibilidad ya no es opcional en la movilidad europea

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Durante años hemos hablado de sostenibilidad, digitalización, conectividad o electrificación como los grandes vectores de transformación de la movilidad y el transporte. Sin embargo, existe otro factor igual de decisivo que en ocasiones recibe menos atención y que será determinante para construir los sistemas de movilidad del futuro, la accesibilidad.

La forma en que nos movemos está cambiando a gran velocidad. Aplicaciones móviles, sistemas de información en tiempo real, billetes digitales, vehículos conectados o nuevos servicios de movilidad compartida están redefiniendo la experiencia de millones de personas en Europa. Pero esta transformación solo será un verdadero avance si es capaz de incluir a toda la ciudadanía.

La accesibilidad no consiste únicamente en eliminar barreras arquitectónicas tradicionales mayormente relacionadas con el “acceso” a los entornos construidos. Implica, por ejemplo, garantizar que una persona ciega pueda utilizar una aplicación de transporte de manera autónoma, que una persona con discapacidad intelectual pueda comprender la información de una estación, que una persona mayor pueda comprar un billete sin dificultades o que una persona usuaria de silla de ruedas pueda completar un trayecto de principio a fin sin obstáculos inesperados.

Resulta fundamental incorporar la accesibilidad desde el diseño inicial de los servicios y no como una adaptación posterior

Pero también que una persona pueda hacer uso de la red de transporte público empujando el carrito de su bebé o que una persona no familiarizada con el idioma local pueda interpretar los mensajes que se ofrecen en la misma. Es decir, no es una cuestión únicamente relacionada con la discapacidad sino con el buen diseño, un diseño para todas las personas.

En definitiva, hablamos de diseñar sistemas de transporte que funcionen para todas las personas.

La entrada en vigor de la Ley Europea de Accesibilidad ha supuesto un paso importante en esta dirección. La normativa establece nuevos requisitos para numerosos productos y servicios, muchos de ellos estrechamente vinculados con la movilidad. Sin embargo, la legislación por sí sola no resolverá los desafíos existentes. La verdadera transformación dependerá de la capacidad de administraciones públicas, operadores, fabricantes, desarrolladores tecnológicos y organizaciones sociales para trabajar de manera coordinada.

La buena noticia es que cada vez existen más ejemplos que demuestran que la accesibilidad y la innovación avanzan mejor cuando lo hacen juntas. Los sistemas de información multimodal, la señalización inteligente, las soluciones de navegación asistida, la inteligencia artificial aplicada a la atención al usuario o las nuevas herramientas de comunicación accesible están permitiendo mejorar la experiencia de viaje de millones de personas.

Además, la accesibilidad no beneficia únicamente a las personas con discapacidad. También mejora la experiencia de las personas mayores, de quienes viajan con equipaje, de familias con niños pequeños o de cualquier usuario que necesite información clara y entornos intuitivos. Cuando un servicio es accesible, normalmente también es más sencillo, más eficiente y cómodo para todos.

Por eso resulta fundamental incorporar la accesibilidad desde el diseño inicial de los servicios y no como una adaptación posterior.

La experiencia de las personas con discapacidad aporta un conocimiento imprescindible para identificar obstáculos y detectar oportunidades de mejora

Corregir barreras una vez que las infraestructuras o las plataformas ya están en funcionamiento suele ser más complejo y costoso que integrarlas desde el principio como un requisito básico de calidad.

Existe otro elemento que no debemos olvidar. Las decisiones sobre accesibilidad no pueden tomarse sin contar con quienes utilizan diariamente los sistemas de transporte. La experiencia de las personas con discapacidad aporta un conocimiento imprescindible para identificar obstáculos, detectar oportunidades de mejora y desarrollar soluciones que respondan a necesidades reales.

Europa ha avanzado mucho en los últimos años, pero todavía queda camino por recorrer. La movilidad accesible no debe considerarse una obligación regulatoria ni un elemento complementario dentro de las estrategias de transporte. Debe entenderse como una condición indispensable para construir sistemas de movilidad más eficientes, inclusivos y preparados para el futuro.

Porque el verdadero éxito de cualquier innovación en transporte se mide por su capacidad para mejorar la vida de las personas. La movilidad del futuro será aquella que permita a más ciudadanos desplazarse con autonomía, seguridad y dignidad, independientemente de sus capacidades o circunstancias.


Jesús Hernández Galán es director de AccessibleEU

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