El constructor de automóviles de origen británico Jaguar Land Rover prevé que sus volúmenes de facturación crezcan al menos a doble dígito a medio plazo y situará como eje de dicha alza al mercado estadounidense, donde espera aumentar de manera sustancial sus entregas gracias al empuje de modelos como su icónico Defender.
Tanto el Defender como el Range Rover carecen de fabricación local en Estados Unidos y quedan, por tanto, expuestos a los aranceles que gravan los vehículos importados en el el país, una presión que ha pesado con fuerza en los resultados y rentabilidad de la compañía.
Para afrontar dicho escollo, JLR y Stellantis sellaron un acuerdo de fabricación en mayo pasado que contempla el desarrollo conjunto de vehículos en territorio estadounidense y la exploración de nuevas oportunidades en el mercado norteamericano.
El pacto incluye también el lanzamiento de automóviles de mayor precio para proteger los márgenes del impacto arancelario derivado del conflicto entre EEUU e Irán.
En términos estrictmanete financieros, Jaguar Land Rover ha apuntado hacia un objetivo de reducción de costes de 2.300 millones de dólares —1.978 millones de euros al cambio actual— durante los dos próximos años, al tiempo que mantendrá activo un plan de inversión de 18.000 millones de libras —equivalentes a 24.150 millones de dólares o 20.769 millones de euros—.
Hay que recordar que Tata Motors, propietaria de Jaguar Land Rover, genera el 80% de sus ingresos provenientes de su área de automoción a través de JLR, según cifras manejadas por Reuters.






