La industria del automóvil bendice a medias su llegada al mercado. Duda demasiado de la influencia del Big Data y su capacidad para alterar la privacidad.
“Internet, los datos y las cookies forman parte ya de nuestra vida, pero no hay que perder de vista que los clientes deben estar en el centro de todo, de la propiedad de todo lo que rodea a su coche, y no deben ser explotados. Hoy, un coche es como una segunda casa”.
Así de claro fue el presidente de Audi en un encuentro tecnológico celebrado a principios de junio en Alemania.
Las marcas de automóviles han visto cómo en el último año y medio han proliferado los lanzamientos de aplicaciones tecnológicas específicas para vehículos, especialmente por parte de Apple (CarPlay) y Google (Android Auto).
No están en contra de su uso, y muchas marcas ya incluyen estos productos en las consolas de sus vehículos para ofrecer un mayor grado de conectividad al usuario, pero la pregunta es la misma de siempre.
¿Qué pasa con los datos que se almacenan en los dispositivos cuando los usa el conductor? ¿Quién se los queda y cómo puede usarlos?
Para el sector del automóvil, la encrucijada es evidente. De un lado, no se pueden permitir quedarse atrás con este tipo de tecnologías. Por el otro lado, tratan por todos los medios de no perder el control sobre lo que ocurre dentro de los coches que ponen a la venta.
“Nuestra única preocupación es siempre el cliente. Y debemos vigilar tanto que nuestros coches sean seguros para circular en una carretera como que no se abuse de la privacidad de los datos de quienes utilizan nuestros vehículos”, explicaba recientemente Martin Winterkorn, presidente mundial de Volkswagen, que ha fijado su postura claramente: “Big Data sí, pero no a los Estados nanny ni al Big Brother”.
Comiéndose la tostada
Quizás y lógicamente demasiado ocupados en producir nuevas tecnologías relacionadas con la conducción, las firmas del automóvil ven ahora como compañías como Google y Apple han ido perfeccionado sus modelos de aplicaciones para automóviles.
También han comprado, poco a poco, empresas de todo tipo de tamaño relacionadas con la colección de datos o con la cartografía digital, lo que cada vez les convierte en jugadores a los que tendrá que recurrir, quiera o no, el sector del automóvil. Y en la mayoría de los casos, porque es la propia competitividad del sector y las demandas de los clientes quienes requieren estos extras.
Un usuario de Apple estará encantado de que su vehículo cuente con CarPlay, de modo que su smartphone se conecte al vehículo inmediatamente, y la consola central del coche se convierta en una prolongación de su menú telefónico.
La cuestión es qué pasa con los millones de datos que se almacenan, y no es nada difícil saber quién se beneficia de ello.
Prácticamente cualquier empresa, desde una aseguradora a cualquier anunciante, está interesado en saber promedios de velocidades, localizaciones y parámetros de actuación de un conductor. O cuántos acompañantes lleva. Y un sector que, como las ventas de automóviles en la economía, es un indicador adelantado de lo que puede ocurrir en breve en este asunto, es el de las flotas.
Los sistemas de navegación que utilizan los conductores profesionales ya empiezan a provocar problemas.
El gigante del mantenimiento y servicios de ascensores Kone ha tenido que lidiar con una huelga el pasado junio de 300 de sus trabajadores en Inglaterra, que se niegan a ser monitorizados por los sistemas de telemática introducidos por la empresa en sus coches de trabajo.
¿Negociar o morir?
Las espadas están en todo lo alto. En este momento continúan las pujas por comprar Here!, una plataforma cartográfica que Nokia ha puesto a la venta (ver noticia superior). Un consorcio de marcas de coches alemanas, con Audi, Mercedes y BMW a la cabeza, ya han hecho una oferta. Pero también está interesado Uber, el gigante de la cesión de coches con conductor por trayectos, que además se acaba de rascar el bolsillo para contratar a cien ex técnicos de Microsoft, junto con parte de su tecnología cartográfica Bing. En el caso de las alemanas, no se trata tanto de una aplicación necesaria para su industria, sino de evitar que Apple o Google compren Here!
En realidad, también es una lucha de poder entre Estados y Unidos y Europa. Y por modelos económicos viejos y nuevos. “Google quiere acompañar a la gente todo el día, generar datos y usarlos par ganar dinero. Y es en este último punto en el que tendremos que negociar”, ha afirmado el presidente de Mercedes-Benz, Dieter Zetsche, que tiene un acuerdo con la firma californiana.
En la actualidad dos de cada tres coches nuevos llevan sensores y sistemas que envían y reciben datos.








