El mercado español del camión eléctrico avanza a un ritmo muy inferior al de los países líderes de la Unión Europea, con una penetración todavía limitada en el segmento pesado, el tramo que concentra el grueso de las emisiones del vehículo industrial y a pesar de que el interés del comprador existe, si bien «topa con un entorno poco predecible en políticas públicas, ayudas e incentivos a la operación», según apunta el informe Zero-emission trucks in Europe: the road so far (2022–2025), elaborado por la organización Transport & Environment (T&E) y ibtenido por esta publicación.
El camión eléctrico alcanzó cerca del 6% de cuota de mercado en el conjunto europeo el último ejercicio, dato que contrasta con la lenta progresión del segmento pesado en España.
Países Bajos, Suecia y Francia cuentan con esquemas consolidados de ayudas a la compra que llegan hasta seis cifras por vehículo, mientras las españolas continúan «en discusión», sin un marco claro ni continuidad garantizada en el momento, según T&E.
La organización europea identifica esta ausencia de un sistema estable de subvenciones específicas como uno de los principales frenos al despegue del camión cero emisiones en territorio español.
80% de descuento en peajes en otros países
Esta incertidumbre se traslada de forma directa al mercado, con flotas que retrasan decisiones de inversión y concesionarios que encuentran mayores dificultades para estructurar ofertas comerciales competitivas frente al diésel, lo que deja a España «al margen del primer gran ciclo de crecimiento del camión eléctrico en Europa».
Más allá de las subvenciones a la compra, T&E pone el foco en los incentivos, según desglosa en su análisis, que reseña que en los países líderes los camiones eléctricos disfrutan de fuertes descuentos en peajes basados en CO₂, que superan el 80% en algunos casos, mientras que en España no existen descuentos específicos para esta tecnología en los sistemas de peaje.
A ello se suma la ausencia de ayudas a la infraestructura de recarga en los depósitos de las flotas. Alemania, Francia y los países nórdicos apoyan con financiación pública la instalación de cargadores en bases logísticas, mientras España no cuenta con programas activos en este ámbito, lo que limita el desarrollo de proyectos de electrificación a mayor escala.
España figura entre los mercados donde la transición avanza «a dos velocidades», con interés y presión regulatoria a nivel europeo pero «sin señales claras a escala nacional» para transformar ese potencial en volumen real.
«Si España no acelera la adopción de políticas alineadas con los objetivos europeos de CO₂, corre el riesgo de quedar descolgado del proceso de electrificación del transporte pesado», precisado el informe en sus conclusiones.







