El Gobierno chino ha iniciado un giro de tono respecto a la práctica de vender automóviles nuevos como si fuesen vehículos de segunda mano para aligerar el volumen de stocks de las marcas de automóviles locales, según asegura el el diario oficial del Partido Comunista, People’s Daily, y recoge la agencia Reuters.
De este modo, el Ejecutivo chino ha instado a tomar medidas regulatorias firmes contra esta fórmula de comercialización, conocida en el país como “vehículos usados de cero kilómetros”, una estrategia que se ha extendido en los últimos años entre numerosos fabricantes locales.
El periódico subraya que esta práctica “distorsiona el orden del mercado” y constituye un ejemplo claro de la “involución” que vive la industria automovilística del país, en referencia a una carrera hacia la reducción drástica de márgenes motivada por el exceso de competencia y la saturación del mercado.
La presión para vender por encima de las posibilidades reales que genera el mercado del automóvil, según la publicación, lleva a algunas marcas a «inflar los datos» de matriculación disfrazando ventas mediante descuentos encubiertos, con un perjuicio directo sobre los beneficios y la capacidad inversora de los fabricantes.
El artículo, que suele interpretarse como una «señal clara del posicionamiento» de la cúpula del Partido en determinadas materias según apunta Reuters, se publica pocas semanas después de que el presidente de Great Wall Motor, Wei Jianjun, criticase públicamente estas prácticas y después de mantener una reunión convocada por el Ministerio de Comercio con varios fabricantes nacionales.
Aunque el Ministerio no ha hecho pública su postura, el People’s Daily insiste en que la venta de estos coches nuevos como usados “comprime márgenes, incrementa pérdidas y dificulta la inversión en calidad e innovación”.
La venta de automóviles nuevos a precios de segunda mano ha sido adoptada por algunos grupos como una vía para mejorar datos de ventas en el corto plazo y atraer a clientes tanto locales como internacionales con grandes descuentos.
En este sentido, el Gobierno de Pekín teme que este tipo de maniobras comprometa la estabilidad del sector a medio plazo y erosione su competitividad en los mercados globales.







