Más de 60 proveedores de automoción radicados en Estados Unidos pertenecen ya a compañías chinas, con un capital asiático que también ha tomado participaciones en alrededor de 10.000 firmas del sector estadounidense, incluidas algunas con tan solo un 5% del accionariado.
Esa presencia china abarca el suministro de componentes críticos como airbags, cristales de coche, sistemas de dirección y amortiguadores, una huella industrial que choca con el bloqueo comercial de las marcas chinas en el mercado estadounidense, donde BYD, Geely y SAIC no están presentes pese a su enorme influencia global.
A esa dependencia se añade el dominio chino en la fabricación de baterías para vehículos eléctricos, un eslabón que dejó al descubierto la propia CATL, uno de los mayores fabricantes mundiales, tras confirmar recientemente que los constructores estadounidenses siguen recurriendo a sus productos incluso tras la imposición de mayores aranceles por parte de la Administración Trump.
Proyecto de ley en el Senado
Frente a esa exposición industrial responde ahora el debate político abierto en Washington, con un proyecto de ley presentado en el Senado que pretende prohibir tanto los vehículos fabricados en China como los componentes de automoción de seguridad de procedencia china, entre los que figuran los airbags y los cinturones de seguridad, según The Wall Street Journal.
Hasta 50 representantes republicanos de la Cámara baja han instado a la Administración Trump a «bloquear a las compañías chinas de automoción y baterías que fabriquen en Estados Unidos», una solicitud que también pide a la Casa Blanca que «rechace cualquier intento de China de instalar fábricas de vehículos y baterías en Estados Unidos o en el mercado norteamericano en sentido amplio».
Junto con esa presión legislativa, el propio Gobierno estadounidense ha advertido a los fabricantes nacionales para que reduzcan el uso de piezas chinas en sus vehículos, si bien eso situaría a las marcas norteamericanas ante el «doble desafío» de mantener los costes competitivos y desligarse del suministro asiático en un mercado de proveedores difícil de sustituir, al menos en el corto plazo.







