Acertar con el nombre de un coche no debe de ser tarea fácil. Imagino largas discusiones en los despachos de las marcas entre los desarrolladores, que son quienes conocen mejor que nadie a su criatura, y los responsables de marketing y demás departamentos encargados de dar con esa denominación que, además de representar al vehículo, debe sonar bien, no sólo en su país de origen sino en todos los mercados en los que se va a vender. Nada fácil, como decía.
Si echamos un vistazo rápido al panorama actual del mundo SUV, aparecen modelos —generalistas casi todos— de última hornada con nombres como Qashqai, Kodiaq, Karoq, Kona, que casi se convierten en una especie de trabalenguas difícil de pronunciar y más aún de escribir. Afortunadamente, todavía quedan marcas que no se complican tanto la existencia. Es el caso de Alfa Romeo y su nuevo todocamino de carácter premium, el Stelvio, cuyo nombre parece un acierto por varios motivos: es fácil de recordar, su grafía es puramente italiana y, para colmo, evoca algo que tiene mucho que ver con el coche.

Sí, porque Stelvio, o más bien el Paso de Stelvio, es un puerto de montaña. Concretamente, el más alto de los Alpes orientales italianos. Y está repleto de curvas. Tan especial es este escenario, que innumerables amantes del motor acuden continuamente a disfrutar de sus monturas. Allí se va a gozar del trazado, a afinar con la dirección en cada giro, a frenar en el punto exacto y a subir marchas con el oído bien puesto en el giro del motor. Entiéndanme, no es que este sitio sea un circuito ni nada por el estilo, pero sí es un lugar en el que todo buen conductor que se precie consigue fusionarse con su máquina mientras disfruta de los kilómetros de asfalto y de las espectaculares vistas que ofrece la montaña.
¿Se acuerdan de aquel anuncio del “te gusta conducir” de una marca rival de Alfa? Pues ese es el espíritu.
Todo esto viene a cuento porque el Alfa Romeo Stelvio es, en efecto, un coche para disfrutar. Y esto es noticia, ya que lo más normal es que un todocamino ofrezca practicidad, espacio, versatilidad y demás, pero poca diversión a los mandos. Es más, podríamos citar pocos fabricantes (hola, Porsche) capaces de hacer coches voluminosos, pesados y con un centro de gravedad elevado que sean realmente ágiles.

El Stelvio entra dentro de esta liga, lo que quiere decir que estamos ante un modelo con personalidad dentro de un segmento en el que esta cualidad escasea. El italiano destaca por sus maneras en la carretera y, como no, por su diseño, que también aporta un toque distintivo.
Explorar nuevos caminos
Desde que se creara la Anonima Lombarda Fabbrica Automobili (ALFA) en 1910 y posteriormente saliera al rescate el empresario Nicola Romeo en un momento crucial, ha llovido mucho. Nada menos que 107 años. A lo largo de este siglo, la andadura de Alfa Romeo ha pasado por diferentes etapas, unas mejores y otras peores, a veces con la soga al cuello y en ocasiones con la corona de laureles, pero si algo queda claro a estas alturas es que en su historia siempre han estado presentes la pasión, el diseño y la velocidad.
Lo que nunca habíamos visto es un coche de aspecto todoterreno con el logo del ‘biscione’. Si acaso hubo alguna tímida incursión en este segmento con modelos como el 159 Crosswagon, una berlina que contaba con tracción integral y suspensión elevada.
Pero eso de hacer un SUV puramente dicho nunca entró en los planes o, al menos, no se llevó jamás a término. Hasta hoy, claro.
Evidentemente, Alfa Romeo no ha podido dejar pasar la oportunidad de sumarse a este negocio tan suculento que se lleva más de la cuarta parte de las ventas en Europa y que sigue creciendo a un ritmo endiablado. Con la vista puesta en este lanzamiento, se definió el ‘proyecto Giorgio’ hace unos años, en el que entraba en juego una plataforma común para la berlina Giulia y para el crossover Stelvio. Ambos comparten estructura, pero el último ofrece una mayor distancia libre al suelo (65 milímetros extra) por si hubiera que abandonar el asfalto en algún momento.

También aumenta la altura del asiento del conductor, que se sitúa 19 cm más arriba que en el Giulia, y crece la anchura de los dos ejes. La batalla, eso sí, se mantiene con unos generosos 2.820 mm que dejan buen espacio interior.
Si hablamos de habitabilidad, el Stelvio se lleva la palma, y si nos referimos al maletero, no solo es más grande (525 litros), sino que ofrece unas formas más regulares que facilitan la colocación del equipaje. Así que, no hay duda, le damos el aprobado a este modelo en todo lo que tiene que ver con la parte práctica. Pero seamos sinceros, de SUV prácticos está lleno el mundo. Y no, no se me ocurriría recomendar este coche a nadie por todas las aptitudes que acabo de citar. Lo haría diciéndole al cliente potencial que el Stelvio es un coche hecho para CONDUCIR.
Así, con mayúsculas.

Nada ha quedado al azar en el comportamiento dinámico de este todocamino, que resuelve igual de bien un viaje de cientos de kilómetros por autopista que un tramo revirado por una carretera secundaria.
Que haga bien lo primero sorprende poco, ya que son varios los rivales que ofrecen buenas aptitudes ruteras, pero que sea capaz de moverse con semejante deportividad entre curvas, realmente deja con la boca abierta. El volante es pequeño y gobierna una dirección inusualmente rápida, la suspensión es firme, la respuesta del motor es satisfactoria, el funcionamiento del cambio automático es certero y la frenada queda en manos de un equipo con mucho mordiente.

Además, siempre se puede echar mano al selector DNA para modificar la conducta del coche hacia los estilos Dynamic, Natural o Advance Efficiency en función de las ganas de guerra que se tengan en cada momento. Bravo, Alfa Romeo, por haber conseguido ese toque picante dentro de un segmento a menudo demasiado insípido.
Llamando al mercado corporativo
Si el cliente no es un particular sino un gestor de flotas, le diría también que en este mercado los SUV van ganando terreno y que Alfa Romeo apuesta por ello decididamente con su nuevo modelo. Hasta 500 unidades anuales estima la marca que va a vender en el canal de empresas. Además, se está perfilando un acabado Business con buen precio de partida y mejor valor residual que bien merecerá un vistazo.
No es el modelo que protagoniza esta prueba (nos hubiera gustado, pero no existía la posibilidad), aunque muy probablemente cubra las expectativas.
El Stelvio que hoy nos ocupa tiene motor diésel de 2,2 litros y 180 CV —el segundo escalón de la gama, por detrás del de 150 CV—, tracción trasera —la más demandada, la otra opción sería la integral Q4— y cambio automático de ocho velocidades. Con esta configuración mecánica el coche va realmente bien.
El conjunto motor/cambio forma una pareja casi perfecta y la renuncia a las cuatro ruedas motrices no es un problema siempre que la idea sea moverse mayoritariamente por asfalto.
A este Alfa le cunden mucho los 180 caballos, tanto que perece más ligero que lo que anuncia su ficha técnica e incluso nos lleva a pensar que esa versión para flotas con 150 CV no tiene que ser ninguna mala opción.

De todas maneras, el chasis da suficiente confianza como para aguantar más potencia sin problemas. Es más, quien quiera y pueda decantarse por los motores superiores, que no se lo piense dos veces, porque con ellos se le saca partido de verdad a las posibilidades del coche.
Por delante hay un diésel de 210CV y dos gasolina, de 200 y 280CV. Más adelante llegará la explosiva variante Quadrifoglio con motor V6 de 510CV.
En cuanto al acabado Super, que es el más alto disponible para el motor diésel de 180CV, se puede decir que cuenta de serie con lo exigible a un coche de hoy en una categoría como la suya, pero queda muy lejos de ser todo lo completo que, seguramente, espera el cliente. Así que toca tirar de una lista de opciones que no es precisamente barata.
Como ejemplos figuran el interesante paquete de asistentes a la conducción ‘Driver Assistance Plus’ (863 euros), el control de crucero adaptativo (1.232 euros), el acceso sin llave (650 euros), el techo panorámico (1.762 euros), la pantalla de 8,8 pulgadas con sistema de navegación (1.917 euros), la iluminación ambiente interior (691 o 1.445 euros según el pack elegido).
En fin, que como uno se descuide, la factura puede acabar disparándose. También es cierto que el precio de partida del Stelvio es más bajo que el de, por ejemplo, sus equivalentes de Audi, BMW o Jaguar, lo que da cierto margen.
Dicho esto, queda recalcar que el SUV que se ha sacado de la manga Alfa Romeo es un coche a tener en cuenta porque aporta distinción, diversión a los mandos y una puesta en escena más que interesante.
¿Asignaturas pendientes? Alguna, sí. Por ejemplo, ciertos detalles relacionados con los ajustes y la calidad interiores, que ponen en entredicho esa etiqueta premium que porta con orgullo. También el consumo del motor probado queda lejos de lo que anuncia el dato oficial cuando se rueda de manera despreocupada, que no deportiva. Son detalles, nada más, pero ahí están. Quizá sea buen momento para tomar nota y corregirlos de cara a los próximos SUV que están por llegar a la familia.
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¿Por qué recomiendo el Stelvio a una empresa?
El Stelvio es la joya de la corona de Alfa Romeo, nuestro primer SUV. Resultado de la implacable búsqueda de la excelencia de la marca, Stelvio es el todocamino medio más atractivo del mercado. Con unas cualidades dinámicas fantásticas gracias a un peso muy inferior al de sus competidores, cuenta con espacio más que suficiente para cinco pasajeros con equ ipaje. Además, el valor residual esperado por las compañías de renting es muy alto, lo que le convierte en la mejor opción como vehículo de compañía si, además de un coche perfecto para uso diario, quieres disfrutar de la conducción y sonreír cada vez que aparques en el garaje. Juan Mª Menéndez Menchaca, Director de Flotas y V.O. Fiat Chrysler Automobiles Spain |








