Según las normas actuales de la Unión Europea, los fabricantes de vehículos pesados deben reducir las emisiones de CO2 de los modelos nuevos en un 43% en 2030 en comparación con los niveles de 2025, un 64% en 2035 y un 90% en 2040.
Este avance requiere grandes inversiones por parte de los fabricantes y una progresiva electrificación. En caso de que no se cumplan están previstas multas, aunque con la posibilidad de obtener créditos de emisión para el periodo de 2025 a 2029.
Aún quedan cuatro años para lograr ese 43% de reducción respecto a los niveles de 2025, pero los consejeros delegados de los siete principales fabricantes de camiones y autobuses de Europa ya están viendo que, según va el mercado, no será posible cumplir ese objetivo.
El aplazamiento ha sido solicitado, entre otros, por los máximos responsables de DAF Trucks, Daimler Truck, Iveco y Scania.
Para alcanzar el objetivo de 2030, el número de vehículos cero emisiones debería ser ya elevado, pero actualmente solo el 2,4% de los vehículos pesados nuevos son de este tipo, según ha apuntado la Asociación de Constructores Europeos de Automóviles (ACEA).

Los responsables de dichas grandes compañías han señalado una vez más que los responsables políticos «deben crear las condiciones» para acelerar el despliegue de estaciones de carga, agilizar las conexiones a la red eléctrica, ampliar los peajes de carretera basados en las emisiones de CO2 (lógicamente favoreciendo a los que menos contaminen) y reinvertir los ingresos del comercio de emisiones en infraestructuras y en la adopción de vehículos sin emisiones.
La cuestión de las emisiones también está candente en cuanto a los turismos, y los legisladores de la UE están debatiendo una propuesta de la Comisión Europea para retirar la prohibición a la producción de coches nuevos con motor de combustión a partir de 2035, tras la presión del sector automovilístico.
En Italia por ejemplo, las ventas de eléctricos apenas suponen un 6% del mercado.





