Independencia

Creo que Manuel Vicent escribió que en este país todo el mundo es Licenciado en Derecho, salvo prueba en contrario. La realidad es que de política, futbol y cuestiones legales opina todo español. ¿Quién no es seleccionador en la taberna? ¿Y experto en procesos penales?

El más pintado habla con soltura de la prisión provisional, los careos o los informes policiales como si de la alineación de La Roja se tratara. El interés, por lo común morboso, que revisten las causas criminales ha derivado en la presencia expansiva en todo tipo de medios de comunicación, y los tertulianos, siempre tan versátiles, se han convertido en oráculos de los vericuetos de la instrucción.

Los juicios de políticos, el drama de la violencia de género, son objeto de comidilla o de triste chascarrillo, para concluir lo mal que está la justicia, la falta de independencia o el leitmotiv de que la justicia no es igual para todos. Todo en un lodazal de comentarios con poco fundamento, y con una ignorancia técnica que sonroja.

A ello, cierto es, colaboran algunos jueces o fiscales a los que les encanta una alcachofa para hablar de las causas que han conocido, sobre todo si son insulares.

Y entre tanta hojarasca, donde los políticos, del gobierno o de las oposiciones plurales, también intervienen según soplen los aires correligionarios, un debate de fondo que se plantea de soslayo y con escaso arsenal técnico. La consabida reivindicación de que sea el Ministerio Fiscal el órgano de instrucción. El argumento de Derecho comparado está, como de costumbre, mitificado. Los sistemas no son un modelo de copia y pega si no se analizan en su contexto cultural. Y aquí, los fiscales hasta la fecha han estado sometidos a un principio de dependencia jerárquica, como por otra parte el actual ministro de Justicia se ha encargado de recalcar en un asunto que afecta a un Presidente de Comunidad Autónoma.

Los miembros de la Fiscalía no son integrantes del Poder Judicial, servido solo por jueces y magistrados, a los que no solo la Constitución, sino su ADN, les ha inoculado independencia en su praxis diaria.

Dígase para qué se desea que instruyan las causas penales los fiscales, si como es lógico nunca podrán ser independientes. No al menos como cualquier juez.

Si se opta legítimamente por ese modelo, que se aireen las razones, salvo que produzca un vuelco en el estatuto orgánico de la Fiscalía que lo justifique. Si no, la creciente asfixia moral de la opinión pública ante el vértigo de la instrucción  será más acusada. No basta con decir que hay cambiar las cosas, sino explicar a la ciudadanía las razones auténticas.