La Administración estadounidense ha iniciado contactos con fabricantes de automóviles y otros grupos industriales para examinar su participación en la producción de armamento, un movimiento que responde a la necesidad de ampliar la capacidad industrial de Defensa del país.
El acercamiento se ha canalizado a través de responsables del Departamento de Defensa e incluye conversaciones con directivos de empresas como General Motors y Ford, junto a otros grupos vinculados a la fabricación de maquinaria y componentes, con el objetivo de analizar si estas compañías «podrían adaptarse a la producción militar en plazos reducidos».
Los contactos se iniciaron antes del conflicto en Irán y forman parte de una estrategia más amplia contemplada por la Administración de Estados Unidos para involucrar a fabricantes comerciales en el refuerzo de la industria de Defensa, según recoge la agencia Reuters.
Una de las líneas planteadas por la iniciativa reside en que empresas ajenas al núcleo tradicional de contratistas de Defensa actúen como respaldo en «escenarios de alta demanda», en especial en segmentos como sistemas de artillería, munición o equipamiento militar.
Medio billón de dólares más para rearmar el país
El Departamento de Defensa ha trasladado a las compañías consultadas «si cuentan con la capacidad técnica y operativa necesaria» para reorientar parte de su producción hacia el ámbito militar.
Entre las empresas incluidas en estas conversaciones figuran también GE Aerospace y el fabricante de vehículos industriales Oshkosh, una lista que amplía el espectro de sectores implicados en este posible despliegue industrial, explica Reuters.
Más allá de estos nombres, el Departamento de Defensa ha señalado que trabaja en la expansión de la base industrial «mediante el uso de soluciones comerciales y tecnológicas disponibles, con el fin de garantizar el suministro de material a sus Fuerzas Armadas».
La Administración estadounidense ha fijado un incremento de 500.000 millones de dólares en su presupuesto militar actual, lo que situaría el gasto total en torno a 1,5 billones de dólares.








