Un gran plato de gustos imperfectos

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Esther Alonso
Esther Alonso
Gran experta en el área de salud, sector periodístico en el que desarrolló buena parte de su trayectoria profesional, Esther Alonso lleva 15 años escribiendo sobre eyewear y estilo de vida, una pasión-profesión que le permite ofrecer a los lectores de Fleet People las últimas y mejores tendencias actuales en moda, restauración, viajes y cuidado personal. Un auténtico refugio de placer cotidiano para los amantes del genuino lifestyle. Además de Fleet People, ha colaborado con otros prestigiosos medios como El País, El Español y revistas especializadas como Psychologies o Lookvision.

Vivimos en un mundo tipificado, que todo lo pasa por la máquina… ¿Todo? ¡No! Aún existen irreductibles artesanos que resisten, todavía y siempre, a la estandarización. Desde que se asoció a Alejandra Sotomayor, profesora de pintura en porcelana, Teresa Rapallo (en la imagen), tiene una doble vida: trabaja en la agencia de comunicación Fashionistas Estudio (es una de las fundadoras, junto a Beatriz Fernández de Castro) pero, cuando llega a casa, se quita los tacones, se planta la ropa de trabajo y se pone a hacer vajillas de porcelana a mano. Como se lo cuento.

Para encontrar el germen de toda esta “locura”, es necesario remontarse unos siete años atrás, cuando Rapallo y Sotomayor se conocieron en una escuela de pintura de platos.

“Nos encanta esta actividad. Es súper relajante y un día nos dimos cuenta de queríamos algo más”. Decidieron entonces aprender a fabricar porcelana de forma artesanal. Se compraron los moldes, el horno, los materiales… Y manos a la obra.

El proceso artesanal para crear objetos de porcelana es bastante complejo. Primero hay que hacer la barbotina, que consiste en mezclar la porcelana en polvo con agua (puede ir en color o natural, en blanco), poner posteriormente la pasta en los moldes y esperar que se seque (algo que en invierno tarda considerablemente más, nos explica Rapallo).

Después se mete en el horno para que se cueza a altas temperaturas y de ahí sale la pieza bizcochada, se barniza para darle brillo (se vuelve a cocer), y, por último, se hacen los dibujos (que, por supuesto, necesitan al menos una pasadita por el horno para fijarse). Pero la mayor dificultad de este proceso es hacerlo “a ratitos”.

“Cuando llego a casa por la noche veo cómo está el plato. Si está seco, si lo moldeo, si lo pinto… luego me voy, luego vuelvo y así. Es una locura, pero resulta muy emocionante a la vez”, comenta Rapallo a Fleet People.

Lo que más ha gustado a las dos creadoras ha sido trabajar el color.

“Queríamos que cada colección tuviera unos colores específicos y que fueran combinables entre sí. No es algo fácil porque, hasta que no se cuece el esmalte, no se sabe cuál va a ser la tonalidad final”, explica.

El encanto especial de los colores de esta primera colección se salpica de pequeños detalles, entre los que destacan solitarias hormigas, que se pasean por los platos, dando un toque onírico a la colección.

En esta aventura de bizcochado, esmaltado, horno y más horno, Rapallo y Sotomayor se dieron cuenta de una cosa fundamental: moldear irregularidades hacía de un simple plato o un cuenco, una pieza única, original y llena de atractivo. Eso es: sus vajillas son irregulares aposta… ¡Perfecto!

O, mejor dicho: ¡Imperfecto!

 

De Madrid al cielo (japonés)

Desde que sacaron el primer plato del horno, las dos socias supieron que sus piezas de porcelana tenían mucho potencial de venta. Decidieron entonces tomárselo más en serio. Se pusieron manos a la obra a la vuelta de las vacaciones del pasado verano y, en tan sólo dos meses de horas sueltas de trabajo, ya tenían stock suficiente para que la colección viera la luz. Aprovecharon la presentación a prensa de su agencia para mostrar al mundo las originales piezas, bautizadas como “Soraks”.

“El nombre de la marca está sacado a partir de las letras de nuestros apellidos, el de Alejandra, el de Beatriz (la otra fundadora de la agencia, que participa en las labores de marketing y comunicación de la marca) y el mío.

El resultado significa cielo en japonés. Fue pura casualidad, pero la verdad es que nos encanta”.

Tas el evento comenzaron los primeros pedidos. “La colección ha gustado mucho. Tenemos varios encargos y vamos haciéndolos poco a poco. Esa es la gracia”, admite Rapallo.

Pese a su delicado aire vintage, estas vajillas están perfectamente preparadas para la vida moderna.

“La porcelana es más dura que la loza y que el gres. Se cuece a 1.200 grados, así que se puede meter en el lavavajillas, el microondas y el horno sin problema. Sólo hay que tener cuidado cuando las piezas llevan un filo de oro o tienen dibujos. En ese caso es mejor lavarlas a mano y no meterlas en el microondas”.

Son extremadamente ligeras y, pese a sus irregularidades, pueden apilarse como cualquier otra vajilla.

Por el momento, Soraks está compuesta de cuencos, platos y una fuente, pero sus creadoras ya están proyectando introducir nuevas formas (¡y colores!) a su colección. ¿Una ensaladera? ¿Algún objeto para adornar el centro de la mesa? Permaneceremos atentos a ver qué sale del horno.

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