Mientras en Europa los fabricantes afrontan una tormenta perfecta por la entrada masiva de los fabricantes chinos, la caída en las ventas en China y los retos de la electrificación, en EEUU prefieren contar por lo sano.
La Alliance for Automotive Innovation (Alianza para la Innovación Automotriz), que representa a General Motors, Ford, Hyundai, Honda, Stellantis, Toyota, Volkswagen, y otros fabricantes de automóviles importantes, acaba de solicitar al Congreso una actuación rápida para aprobar, antes de que finalice el año, una legislación que prohíba de forma permanente los vehículos chinos en el mercado estadounidense.
El director ejecutivo del grupo de presión, John Bozzella, lo ha expuesto así en una carta a la que ha tenido acceso Reuters: «En este momento, los fabricantes chinos de automóviles están vendiendo a precios de dumping en todo el mundo vehículos subvencionados con software y hardware conectados. Esto aún no ha sucedido dentro de EEUU, pero dada la escala y la urgencia de esta amenaza, les instamos a promulgar una prohibición de vehículos, software y hardware chinos antes de suspender las sesiones este año y hacer de esta política la ley del país».
El pasado mes de julio el Comité de Comercio del Senado ya aprobó una legislación para endurecer la prohibición gubernamental sobre la entrada de los fabricantes chinos en el mercado estadounidense, pero aún se enfrenta a obstáculos para lograr su aprobación final.
El ejemplo chino en España
Los fabricantes americanos también rechazan la posibilidad de que los chinos se asienten en el país y produzcan allí, como ya está ocurriendo en España (como Chery en Barcelona o pronto Geely en Almusafes).
La Alianza instó en julio al comité a considerar, como parte de la legislación, la prohibición explícita al Departamento de Comercio de otorgar autorizaciones específicas a fabricantes de automóviles chinos como «BYD, Chery, SAIC Motor y otros subvencionados por el Partido Comunista Chino para fabricar, vender o importar vehículos conectados a EEUU».
Estas limitaciones están teniendo consecuencias inesperadas, ya que muchas empresas alemanas están participadas por capital chino. El presidente del Comité de Comercio del Senado, Ted Cruz, ha afirmado también que una disposición del proyecto de ley prohibiría operar a las empresas con más del 15 % de propiedad china. Esto dejaría fuera a Mercedes-Benz, por ejemplo.
En junio, la administración Trump obligó al fabricante de vehículos eléctricos Polestar a dejar de vender vehículos en el país a partir de 2027.
La empresa con sede en Suecia es propiedad mayoritaria de la china Geely Holding al igual que Volvo, a la que en cambio sí se le permite seguir operando.





