La política y la sociedad viven de modas, y hay términos que hacen furor en un momento, caso del actual detector de plagios, pero que luego parecen desaparecer del mapa. La transición política del tal recordado franquismo por unos y por otros a nuestra democracia constitucional se acuño el afortunado concepto de consenso. Todo lo que supone ceder por partes antagónicas, ideologías muy diferentes para llegar a espacios en común. Carrillo y Adolfo Suárez, los históricos del PSOE, los nostálgicos del tardofranquismo se sentaron en muchas mesas, compartieron desconfianzas y futuros para crear un mismo ritmo de sociedad. La democracia parlamentaria donde los de otros partidos eran bienvenidos para cenar o tomar cañas.
Será porque la alcaldesa del ayuntamiento de Madrid tiene nostalgias anteriores a la época de la transición, o porque a pesar que quiera sacudirse cualquier atisbo populista, lo cierto es que la transformación del centro de la capital de España se ha hecho sin consenso. Resulta descorazonador ver cómo se acometen grandes transformaciones urbanísticas en una ciudad como la madrileña apelando a la mayoría raspada y a la falta de pacto general para una ciudad que vivirá durante muchas generaciones lo que ahora se aprueba. Madrid no es lamentablemente un hecho aislado en el programa político español donde las grandes materias nunca son de Estado y quien llega al poder, con los pactos que sea y con los números raquíticos o no, tira de boletín oficial con plena autoridad.
No puede negarse que el tráfico en Madrid deba regularse y honestarse la pluralidad de intereses entre vecinos, comerciantes, turistas y la ciudadanía general. Modificar todo el entramado de relaciones que una ciudad tan dinámica y cosmopolita como es la madrileña bien merecería un acuerdo de amplia base y no de contar votos porque ahora toca. Es todo democrático, nadie puede negar legitimidad a quien actúa de esta forma tan escasamente componedora, pero el legado moral y ciudadano no es gratificante. Los resultados serán examinados con el tiempo aunque la única seguridad que tenemos es que no lloverá para gusto de muchos.
Un consenso perdido más….
Tirar líneas de carril bici porque resulta muy eco, estrangular arterias principales sin dar una alternativa, y dejar calles sucias donde los manteros nunca son un problema es algo muy distinto a que dar paz ciudadana.
Luego dormiremos soñando en la ciudad que no existe. El Madrid de la convivencia entre unos y otros.







