La Comisión Europea ha anunciado el inicio de una investigación a BMW, Daimler y Volkswagen para corroborar si las compañías ha invertido en tecnologías para la reducción de las emisiones de sus vehículos tanto diésel como gasolina.
Además, el organismo analiza si entre estos fabricantes alemanes existía un acuerdo común para evitar competir en el desarrollo de tecnologías que permitieran reducir las emisiones.
En el comunicado, la comisaria europea de Competencia, Margrethe Vestager, ha afirmado que «si se prueba, esta confabulación puede haber privado a los consumidores de la posibilidad de comprar coches menos contaminantes, a pesar de que la tecnología estaba disponible para los fabricantes».
Bruselas analiza dos tecnologías, el sistema SCR para reducir las emisiones nocivas de óxido de nitrógeno en vehículos diésel, y un filtro o tecnología OPF que haría descender las de partículas nocivas en coches de gasolina de los fabricantes BMW, Daimler —Mercedes— y Volkswagen —incluidas Audi y Porsche—.
Los inspectores comunitarios entraron, en octubre del año pasado, en las sedes de los cinco grandes fabricantes alemanes para buscar pruebas de esa maquinación conjunta para no acelerar en la evolución de sistemas que hicieran los vehículos más limpios, aunque de momento no hay una acusación firme, solo indicios.
Indicios de acuerdos
Aunque la Comisión ha afirmado que solo cuenta con indicios y «ninguna evidencia» de que las marcas implicados hayan llegado a acuerdos sobre el uso de dispositivos ilegales para manipular las emisiones en pruebas de laboratorio, en el punto de mira están varias reuniones en las que se trataron estos temas entre los responsables de las marcas. Si se demostrase que las reuniones llevaron a las marcas a frenar la inversión en la reducción de las emisiones y en tecnologías limpias aplicables a sus vehículos, éstos se enfrentarían a sanciones económicas.
Las normas de Competencia europeas prohíben la creación de cárteles que perjudique a los consumidores, en la fijación de precios o en la manipulación de herramientas tecnológicas para beneficio de las compañías.
El organismo europeo ha recalcado que dará prioridad a la investigación, pero ha advertido que la apertura no prejuzga su resultado final.








