A mediados de agosto del año pasado, Northgate, el mayor alquilador en régimen de renting flexible de vehículos comerciales de Europa, fichó para dirigir los designios futuros de la compañía a una ejecutiva muy conocida en el sector, y más aún en Reino Unido: Avril Palmer-Baunack, que de hecho en ese momento era la consejera delegada de la mayor empresa de subastas de coches de segunda mano, la igualmente británica BCA Marketplace (absorbida a finales del año pasado por el fondo de inversión dueño de LeasePlan, TDR Capital, por algo más de 2.100 millones de euros).
“No haré ningún comentario sobre ventas, adquisiciones o reestructuraciones, pero esa será la actividad que tendré como presidenta”.
Precisamente esas fueron las impresiones efectuadas a la prensa por Palmer-Baunack a mediados de agosto, cuando fue preguntada por su planes al frente de Northgate.
Su fichaje había generado un enorme interés, sobre todo después de la escalada de polémica que había afectado a Northgate en los dos últimos años, acosada por su principal accionista privado, el fondo de inversión Crystal Amber, que constantemente criticaba el modo de operar de la empresa de renting: no daba los beneficios que el fondo inversor consideraba necesarios.
Pero, además de por puro interés periodístico, el interés en cómo iba a gestionar su sillón presidencial la directiva británica también tenía su miga: no solo había estado al frente de BCA Marketplace, sino que, apenas cinco meses antes de su nombramiento por Northgate como presidenta no ejecutiva, había decidido salir del Consejo de una empresa de gestión y reclamación de accidentes en la que tenía una participación minoritaria equivalente a unos 100.000 euros líquidos.
Esa empresa se llamaba Redde.

Y con esa empresa se fusionó Northgate recientemente, creando una nueva compañía de movilidad.
La firma resultante se denomina Redde Northgate, y contará con un volumen de ingresos común inicial de 1.560 millones de euros anuales, teniendo en cuenta las facturaciones de las dos empresas en su último ejercicio, y con una flota de más de 110.000 vehículos —de esa cifra, Northgate aporta 100.000— y 400.000 automóviles bajo gestión corporativa íntegramente correspondientes a Redde.
Mando en plaza: Northgate
Aunque Redde cuenta con su nombre en primera fusión tras el acuerdo alcanzado, lo cierto es que, como en casi todas las fusiones, y por no decir en todas, existe un comprador y un comprado: En Redde Northgate, esta último controla un 54% del capital, por el 46% en manos de Redde, que también cuenta con una suculenta actividad en el negocio de provisión de seguros.

Por el momento, los mercados financieros han dado más bien la espalda al acuerdo entre las dos compañías, y ha castigado con mucha dureza a Northgate en la Bolsa de Londres.
Desde que anunció el pacto, a finales de noviembre del año pasado y en menos de un mes, la acción de Northgate descendió desde 350 a 296 libras, una enorme brecha traducida en una abrupta caída del 18% que, eso sí, se ha ido recuperando posteriormente hasta el entorno de las 315 libras por título.
La llegada y situar como responsable de la empresa fusionada a Avril Palmer-Baunack busca una generación de sinergias de al menos 10 millones de libras por ejercicio y solo en los dos próximos años.
Y conseguir dicho ahorro se debe a la complementareidad de negocio intrínseca de las dos empresas. Redde aporta la gestión de accidentes, la provisión de coberturas legales, seguros a más de 750.000 automovilistas, servicios de mantenimiento y reparación y, además, también trabaja con flotas corporativas de vehículos, mientras que Northgate es especialista en la cadena inicial, media y final del proceso básica: alquiler, gestión y venta del vehículo.
Con unos ingresos anuales combinados que se estiman en 1.335 millones de libras anuales, se estima que el beneficio operativo de la nueva sociedad se acercará a unos 200 millones de euros anuales, con un margen de retorno previsto del 9%.
Para conseguir ese objetivo, Avril Palmer-Baunack cuenta con el respaldo del equipo de dirección de Redde Northgate, por supuesto.
Pero, más allá de ello, con el del poderoso Richard Bernstein, la cabeza visible del fondo Crystal Amber, que hasta el momento de la fusión controlaba un 7% de Northgate y que fue de los primeros —un gesto más que significativo— en felicitar a Palmer-Baunack tras ser designada presidenta de Northgate.
Por cierto, que Bernstein también fue el artífice principal de la salida precipitada en marzo pasado del último consejero delegado de la empresa, Andrew Page, tras publicar una carta demoledora en la que se criticaba duramente la gestión de Northgate. Concretamente, su inacción.
Apoyo a Palmer-Baunack
Otra misiva, y con un tono muy diferente, fue la que escribió Crystal Amber cuando Palmer-Baunack fue elegida como nueva presidente de Northgate.
“El Consejo ha escuchado a sus propietarios y ha traído a alguien que no solo tiene una profunda experiencia en el sector del automóvil, sino que, y esto es mucho más importante, no tiene miedo de tomar decisiones empresariales que responden a los intereses de sus accionistas”.
En los dos últimos ejercicios, Crysltal Amber ha tratado por todas las formas posibles de ejercer la máxima influencia en el órgano de Northgate con el fin de que generara el máximo retorno posible con sus herramientas disponibles.
El fondo de inversión entró en el accionariado de Northgate en 2012, salió de ella tres años después con un beneficio más que considerable y volvió de nuevo en 2016: no solo quería un retorno mayor, sino que contemplaba cualquier tipo de opción para ganar la máxima rentabilidad, incluyendo la posible venta parcial o total de la compañía.
La jugada, saliera lo que saliera, siempre sería buena para Crystal Amber, que tras la fusión anunciada en noviembre pasado controla un 6,2% del capital de Northgate, que equivale a casi el 5% de los derechos de voto. Si vendía, ganaba por la plusvalía generada en la transacción. Y si no vendía, por la plusvalía que obtenía al “calentar” la acción de Northgate en Bolsa.
Ese proceso de calentamiento ha llegado a incluir a la filial española de Northgate, incluso. Una división que realmente se considera la niña bonita de la empresa de renting flexible por su aportación, pero igualmente apta para ser vendida, de acuerdo con Richard Bernstein, que calculaba en agosto del año pasado que podría obtener por ella unos 450 millones de euros.
Pase lo que pase, es tiempo para Avril Palmer-Baunack. Y, al menos por el momento, tiene el beneplácito y apoyo de Crystal Amber.
Toda una declaración de intenciones.







