Historias de Nueva York: grafiteros

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Autor

Enrique García
Enrique Garcíahttps://cervantes.academia.edu/EnriqueGarc%C3%ADa
Periodista y filólogo, Enrique García ha sido profesor de Español en el Instituto Cervantes de Nueva York durante años, después de pasar por lugares tan dispares como Brasil, Italia o Polonia. Con bases en este momento a caballo entre Madrid y Mallorca, García aporta a Fleet People visiones bellas y cotidianas, pero sobre todo diferentes, de la ciudad de los rascacielos. En la sección EXTRA de la versión impresa, el automóvil es generalmente su punto de fuga habitual.

Se trataba de una estructura que llamaba su atención por su inusual colorido, en medio de los interminables bloques grises y la maraña de las vías del tren de la parada de Hunterspoint. Desde los años Setenta, un grupo de grafiteros habían venido utilizando la fachada de aquel edificio abandonado como lienzo libre, de modo que 5 Pointz se fue llenando de pintadas hasta acabar convirtiéndose en una especie de catedral del arte callejero neoyorquino.

Sin embargo, todo terminó en una sola noche, el 19 de noviembre de 2013, cuando el propietario del edificio, el constructor J. Wolkoff, decidió pintar toda la fachada de 5 Pointz de blanco. Aparentemente, a Wolkoff le asistía su derecho como propietario del bloque. Pero no era menos cierto que se trataba de un inmueble abandonado desde hacía décadas, sobre el que Wolkoff no había mostrado menor interés hasta que comenzó la especulación inmobiliaria en el barrio de Long Island City. Independientemente de ello, la acción de Wolkoff era especialmente ofensiva por el desprecio que demostraba hacia los artistas callejeros y sus obras. Bastó una capa de pintura blanca para hacerlas desaparecer.

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El edificio, finalmente, fue demolido en 2014. Sobre el solar en el que se levantaba la meca del grafiti neoyorquino se han edificado dos rascacielos de más de mil apartamentos, que si destacan por algo sobre los otros rascacielos del barrio es únicamente por su función lapidaria: “Aquí, una vez —pensarán los que los observen— estuvo una vez el mítico 5 Pointz”.   

Algunos artistas de 5 Pointz decidieron pasar página y mudarse a otros edificios cercanos. Un grupo de 21 artistas, sin embargo, decidió unirse y defenderse de la provocación de Wolkoff en los tribunales, acusándolo de haber destruido unas pinturas que eran parte del patrimonio urbano de Nueva York.

Sobre el papel, los artistas no tenían mucho que ganar: Wolkoff era el dueño legal del edificio y, después de todo, la catedral del grafiti ya no era más que una montaña de escombros. Pero después de casi cinco años en los tribunales, el fallo fue dado a conocer el pasado mes de febrero. Un juez del distrito de Nueva York condenó a Wolkoff a pagar la máxima indemnización establecida en las leyes del estado por destrozar las obras de los artistas, hasta totalizar una compensación de 6,7 millones de dólares (seis millones de euros). Según el juez, el promotor inmobiliario destruyó de forma deliberada unas obras de valor artístico incuestionable, que deberían haber podido ser rescatadas si hubiera existido algún tipo de aviso por parte del propietario.

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El caso de los artistas de 5 Pointz confirma un cambio en la actitud de las autoridades hacia el grafiti, que ya no se observa como una sucia forma de expresión artística, sino de un movimiento propio de la ciudad de Nueva York. A fin de cuentas, el grafiti no nació en Nueva York pero, como tantas otras cosas, ha sido en esta ciudad donde ha alcanzado la excelencia. 

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