La cruzada del presidente de Estados Unidos a favor de los combustibles tradicionales como la gasolina y el diésel y en contra de las nuevas propulsiones ecológicas, véase el vehículo eléctrico, tomó forma legislativa a mediados de julio pasado y está a punto de consolidarse en la calle este 31 de septiembre.
Donald Trump prometió que eliminaría los incentivos fiscales directos para los automóviles de cero emisiones, y el 30 de septiembre será el último día que un cliente de automóviles estadounidense podrá recibir un descuento público de 7.500 dólares al comprar un eléctrico.
Una decisión que teóricamente castiga con dureza a los tres principales actores eléctricos del país, a saber Tesla, Rivian y en mucha menor medida Lucid —los únicos que construyen y venden vehículos exclusivamente de cero emisiones—, pero que en la práctica puede no ser así, o al menos así lo piensa R. J. Scaringe, el fundador y dueño de Rivian, la flamante firma de vehículos eléctricos que el año pasado firmó un monumental acuerdo de suministro estratégico de software con el grupo Volkswagen por más de 5.000 millones de dólares.

De hecho, y tras anunciarse el inminente final de los incentivos públicos, Rivian se ha apresurado en los últimos meses a disparar sus ofertas en el negocio de leasing y renting para clientes privados, ofreciendo promociones de hasta 7.500 dólares que se suman a los otros 7.500 dólares públicos hasta finales de septiembre, es decir, 15.000 dólares menos.
Eso sí, los vehículos de la marca no son baratos, ya que un SUV R1S con motor dual y 415 kilómetros de autonomía eléctrica, su opción más económica, cuesta un mínimo de 76.900 dólares (66.000 euros), con una cuota mensual promedio superior a 800 euros sin descuentos.
El caso es que, a pesar de esta propuesta, las entregas de la firma han cedido por encima del 25% en el segundo trimestre y acumula menos de 20.000 hasta julio, si bien prevé situarse en el entorno de 50.000 entregas a final de año.

Si las grandes miran a otro lado, será bueno
El dueño de Rivian tiene una teoría. Puede que sus ventas estén cediendo, pero cree que la especie de ‘retroceso’ global actual en el interés por los vehículos eléctricos les beneficiará, porque llevará a los grandes constructores a fijarse menos en los eléctricos y, por lo tanto, a no necesitar aplicarles tantos descuentos para venderlos. Y esto mejorará la competitividad de Rivian y de las compañía que fabrican y venden en exclsuiva coches eléctricos.
Por eso mismo, R. J. Scaringe afirmaba recientemente que la eliminación por parte del Gobierno de los 7.500 dólares de incentivo a los eléctricos «no les afectará demasiado» porque, a fin de cuentas, el mundo terminará siendo verde desde el punto de vista de la movilidad.
“Es innegable que, a pesar de que las grandes automovilísticas están reduciendo el desarrollo de eléctricos ante la ralentización de la demanda, la industria mundial se está electrificando. Y ya no estamos en el siglo XX, cuando los fabricantes estadounidenses podían dominar el mercado gracias a su tamaño”, apuntaba el directivo, durante la presentación de uno de los nuevos vehículos que lanzará al mercado.

Para Scaringe, la eliminación de las ayudas, la caída del mercado eléctrico e incluso la proliferación de las firmas chinas con sus coches de cero emisiones beneficiará a su marca a largo plazo.
“Probablemente sea algo positivo desde el punto de vista de la competencia”, afirmaba el ejecutivo, tras apuntar que “el hecho de que los fabricantes tradicionales levanten el pie del acelerador en lo que respecta a los descuentos de eléctricos nos da un respiro”.
La única duda al respecto reside en la idea de si los ojos de Scaringe llegarán a ver sus predicciones, ya que la empresa continúa perdiendo dinero. En el primer semestre ya acumula más de 1.600 millones de dólares en pérdidas netas.




