El precio real de los coches eléctricos en Alemania ha caído un 18% entre 2020 y 2025, según un estudio del Consejo Internacional de Transporte Limpio (ICCT) y del Instituto Fraunhofer ISI, que asegura que esta evolución se ha producido aun contando con que el precio medio de catálogo de los vehículos ha aumentado desde 37.000 hasta 53.000 euros en ese mismo periodo.
«Es un indicador claro de hacia dónde se dirige el mercado europeo del automóvil», ha señalado al respecto Peter Mock, director para Europa del ICCT, quien ha precisado que el encarecimiento de las etiquetas «no responde» a que un mismo modelo cueste más, sino a que los eléctricos de gama media y media-alta representan ya el 73% del catálogo nuevo disponible, «con autonomías más amplias y mayor potencia que hace cinco años».
El número de eléctricos nuevos en el mercado teutón ha crecido al mismo ritmo que el abaratamiento real producido, ya que la cifra de modelos se ha cuadriplicado en el cuatrienio y cerró 2025 en 159 referencias desde las 38 de 2020, mientras que las versiones de gasolina y diésel han retrocedido hasta 194 desde las 275 que sumaban ese año, según los datos del informe.
Baterías más baratas
Una de las causas clara del descenso en el precio de los coches de cero emisiones reside en que el precio de las baterías han caído entre un 21% y un 24% en términos nominales en el periodo analizado por el informe de ICCT. Además, y descontada la inflación, ese descenso equivale a un descenso de precio de entre el 35% y el 37%, si bien ese ahorro apenas se ha trasladado al precio final de los vehículos.
«La fuerte caída del coste de las baterías todavía no se ha trasladado por completo a los precios de catálogo, lo que significa que el potencial de nuevas rebajas en los vehículos eléctricos aún no se ha agotado», sostiene Patrick Plötz, responsable de tecnología y sistemas energéticos del Fraunhofer ISI y coautor del estudio.
Para que esa tendencia se prolongue, los investigadores apuntan a «la certidumbre normativa como condición necesaria para reducir pecios», y en especial unos límites de CO2 estables a largo plazo para el canal de las flotas.





