El mercado español del vehículo de ocasión arrastra en el ejercicio actual una menor disponibilidad de unidades de entre cinco y siete años, una franja de edad que resulta clave para las flotas corporativas y como consecuencia directa del descenso de producción y matriculaciones que tuvo lugar al inicio de la década, según un análisis de la empresa de remarketing y gestión de flotas Manheim.
La compañía, integrada en el grupo Cox Automotive, ha situado el origen del desajuste en los ejercicios 2021 y 2022, cuando la crisis global de semiconductores limitó la fabricación de automóviles y redujo el volumen de nuevas matriculaciones, una contracción cuyos efectos «se desplazan ahora al canal de segunda mano con desfase temporal».
A ese episodio se suma el retroceso del ejercicio 2020, cuando las matriculaciones descendieron un 23,7% en Europa y superaron el 30% en España, un descenso que generó un vacío estructural en el parque automovilístico que se refleja en la actualidad en la menor oferta de vehículos de gama intermedia.
El parque: 14,5 años de antigüedad media
Respecto del caso español, el fenómeno adquiere una mayor relevancia por la antigüedad media del parque, situada en 14,5 años según datos de la Dirección General de Tráfico mencionados por Manheim, mientras que cerca de la mitad de las operaciones de vehículo de ocasión corresponden a unidades de más de 10 años, conforme a las estimaciones del operador.
En este sentido, el desfase entre producción y demanda «afecta con mayor intensidad» a los vehículos de cinco a siete años, considerados por el sector como «el punto de equilibrio» entre coste, antigüedad y estado del automóvil y especialmente en el ámbito corporativo, ha significado la compañía.
«En un mercado más envejecido y con menos disponibilidad de VO intermedio, es el ciclo de vida del vehículo el que puede marcar la diferencia», ha asegurado al respecto el director comercial de la compañía, Edgar Rodríguez, al tiempo que ha apuntado que «el reto ya no es únicamente acceder a vehículos con precios competitivos, sino identificar y gestionar el stock disponible con criterio y visión a largo plazo, ajustando cada flota a las necesidades reales del mercado».
Manheim ha precisado que este escenario no implica una «escasez generalizada de vehículos de ocasión», sino una menor disponibilidad del stock que mejor se ajusta a las necesidades operativas de las flotas, lo que se traduce en un cierto incremento en el factor de tensión relacionado con la planificación de compras y la renovación de vehículos.
Al hablar del coste, el operador apunta también que la ecuación no puede limitarse al precio de adquisición, dado que factores como la trazabilidad del vehículo, la calidad de la información disponible, la inspección técnica o el reacondicionamiento «influyen de forma directa en el valor real de cada unidad».







