La oferta profesional de comerciales eléctricos languidece (pero hay demanda)

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Un prolijo informe encargado y redactado por la asociación Transport & Environment acaba de concluir que el 18% de los usuarios habituales de vehículos comerciales europeos considera adquirir uno completamente eléctrico de aquí a 2027.

 

Dicho informe, que se basa en una encuesta realizada a unas 800 personas procedentes de seis extractos de usuarios clave (privado, alquiler a corto y largo, transporte B2B y B2C y comerciales de actividades distintas al transporte de mercancías) en España, Italia, Reino Unido, Francia, Alemania y Holanda, determina también que esa intención a cinco años vista se sitúa en el 10,9% en el caso de España, el país con menor disposición junto con Francia.

 

Bajo un contexto de neto recorte de suministro en el ámbito comercial del automóvil, al sector profesional español le está costando mucho adoptar tecnologías eléctricas puras en sus ecosistemas, especialmente en el caso del grueso formado por autónomos independientes y empresas con un número pequeño y mediano de trabajadores.

 

Aunque para el usuario privado existen ya automóviles cien por cien eléctricos relativamente asequibles si se asocia su compra a incentivos públicos, la peculiaridad del uso profesional está provocando, al menos por el momento, que los fabricantes de automóviles miren hacia otro lado por cuestiones de rentabilidad.

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Un Renault Kangoo eléctrico cuesta 28.000 euros sin impuestos y con Plan Moves incluido, una Citroën Berlingo eléctrica casi 30.000, un Opel Combo 33.000 euros con impuestos, una Peugeot e-Partner 37.000 con IVA y sin ayudas y un Toyota Proace Van eléctrico, 25.000 euros sin IVA y con promoción.

 

Por debajo de esa gama de furgonetas medias se han eliminado modelos y, por supuesto, propulsión eléctrica, un universo de vehículos trascendental para el trabajo diario de las empresas, que continúan trabajando con modelos como el Bipper de Peugeot, el Citroën Nemo o la Fiat Fiorino (no tiene propulsión eléctrica hoy) y echan de menos opciones de este tamaño para acceder a las almendras de las ciudades y, sobre todo, a un precio mínimamente contenido.

 

 

Comerciales y sentimiento ecológico

 

Siendo esta la llave de la cuestión respecto de la adopción de tecnologías eléctricas, lo cierto es que la encuesta también refleja el sentimiento ecológico de aquellos usuarios que cuentan en su portfolio con un comercial eléctrico o piensan en comprarlo en 2022 o en los próximos cinco años.

 

El 69% de los preguntados quiere adoptar este tipo de tecnología para reducir su huella de carbono, el 57% entiende también que es muy importante mejorar la imagen de la empresa y por ello se plantea un eléctrico, el 41% aboga por generar con dicha compra un coste total de movilidad más bajo, el 32% lo hará para beneficiarse de incentivos y ventajas fiscales, el 29% para acceder al centro de las ciudades bajo condiciones de circulación restrictiva y, por último, el 26% lo hará atendiendo a criterios de comodidad en la conducción.

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Son estos elementos absolutamente trascendentes en la hora de afrontar la visión sobre el vehículos eléctrico profesional que, como puede comprobarse, están ya en boca de todos los profesionales del sector que trabajan con herramientas de movilidad.

 

Solo falta una cosa.

 

Que el mercado responda y refleja la realidad económica de las empresas aportando vehículos con cero emisiones que generen sinergias y eficiencia económica desde el minuto uno.

 

Eso será difícil de conseguir con las propuestas actuales, muy centradas en empresas de gran tamaño que pueden compensar mejor los costes que la pyme.

 

 

 

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