Llevo más de veinticinco años en la industria turística y pocas veces he visto un momento de cambio tan acelerado como el actual.
El viaje de empresa se está reconfigurando, y las decisiones que tomen las compañías en los próximos meses y no años, marcarán su eficiencia, su control del gasto, su rentabilidad y su capacidad de cuidar a sus profesionales mientras viajan.
La primera realidad es la fragmentación en el ecosistema del Business Travel. La llegada de nuevos operadores ferroviarios ha dado al tren un peso creciente en los desplazamientos profesionales. Según la GBTA (Global Business Travel Association), el 60% de los profesionales europeos encuestados utilizó el tren en sus viajes de negocios en 2025.
Es una excelente noticia para fomentar la competencia, pero cada operador trae sus propias tarifas, condiciones de cambio y canales de venta. En el segmento aéreo ocurre algo parecido con el NDC (New Distribution Capability), que cambia la forma en que se distribuye la oferta y obliga a integrar cada vez más compañías aéreas con todo el porfolio de contenido y sus tarifas altamente competitivas.
Para las empresas, esta multiplicación de la oferta es positiva, si se gestiona correctamente. Cuando el empleado o el travel manager tienen que buscar en distintas plataformas, aparece la fuga de reserva y la ineficiencia: se compra fuera de los canales corporativos, se dificulta la comparación de precio, se pierde el control presupuestario, se contratan tarifas más caras y se complica la consolidación de datos. La respuesta no pasa por restringir opciones, sino por reunirlas todas en un único entorno, con información en tiempo real que nos permita tomar siempre la mejor decisión.
Es lo que más certidumbre y valor aporta a los directivos y travel managers, que de verdad tengan el control 360 de su programa de viajes corporativos.

Cuando el empleado o el travel manager tienen que buscar en distintas plataformas, aparece la fuga de reserva y la ineficiencia
La segunda tendencia es la sostenibilidad. En las empresas el cuidado al medio ambiente ha dejado de ser un apartado de la memoria anual para integrarse en la decisión de compra. En los trayectos corporativos necesitamos conocer la huella de carbono asociada y la posibilidad de neutralizar esas emisiones a través de proyectos medioambientales certificados. Poder comparar medio de transporte, precio, horario e impacto ambiental en el mismo flujo permite decidir con criterios objetivos en el momento en que hacemos la reserva.
La tercera es la integración con el resto de la empresa. Un estudio de Forrester recogió como el 72% de los responsables de viajes considera prioritario conectar mejor la gestión de viajes con los sistemas de control de gastos. El viaje no puede ser una isla de información: debe hablar el mismo idioma con el ERP, asignar costes correctamente y automatizar aprobaciones y políticas. Las compañías que lo consigan ahorrarán tiempo administrativo y ganarán visibilidad financiera.
Pero hay una cuarta idea, probablemente la más importante: la tecnología que aporta eficiencia es imprescindible, pero por sí sola no basta. Las empresas reclaman autonomía y flexibilidad para sus empleados, y también una respuesta humana fiable cuando hay cambios, cancelaciones o imprevistos. Las organizaciones valoran cada vez más la combinación de una plataforma ágil e intuitiva con un servicio especializado, proactivo y cercano.
De hecho, en torno al 75% de las empresas, según un informe de GBTA, prioriza la tranquilidad, seguridad y el bienestar del viajero corporativo, frente a solo datos económicos.
Ignacio González es director general de Consultia Business Travel





