El nuevo reglamento relativo a la gestión de los vehículos al final de su vida útil y a los requisitos de circularidad aplicables al diseño de los vehículos, que será aplicable con carácter general a partir del 1 de septiembre de 2028, hará necesario un mayor control sobre las flotas.
Según la compañía de remarketing y gestión de flotas Manheim, el principal cambio para las grandes flotas se centrará en «reforzar la información disponible durante todo el ciclo de vida del vehículo y no únicamente cuando llega el momento de venderlo».
Inspecciones, documentación, mantenimiento, kilometraje o estado de la unidad «adquieren así mayor importancia» para fabricantes, compañías de renting y gestores de flotas que «deben comercializar grandes volúmenes de vehículos de ocasión», ha apuntado la empresa en un comunicado.
“Hasta ahora, disponer de información detallada sobre un vehículo permitía valorarlo y comercializarlo mejor. Con la nueva normativa, esa trazabilidad adquiere además una dimensión regulatoria. Para las grandes flotas, el reto será llegar al momento de la venta con toda esa información ordenada, verificable y disponible”, ha explicado al respecto María Jesús Vallejo, directora de Comunicación y Marketing de Manheim España.
Trazabilidad y control del vehículo de ocasión
No obstante, parece que el verdadero objetivo del nuevo reglamento es impedir que alrededor de 3,5 millones de vehículos viejos o en mal estado desaparezcan cada año las carreteras europeas, «bien porque se exportan sin el control adecuado o porque se desmantelan ilegalmente».
La nueva regulación busca cerrar esa vía mediante «más trazabilidad, conexión entre registros nacionales, controles más estrictos y sanciones», detalla Manheim, que señala que una vez que un vehículo cumpla los criterios para ser considerado fuera de uso, «deberá tratarse en una instalación autorizada y no podrá venderse o exportarse legalmente».
Es decir, que la Unión Europea, recalca Manheim, prohibirá la salida de vehículos usados que ya no sean aptos para circular, con el objetivo de evitar que unidades que deberían ser tratadas como residuos salgan de Europa «bajo la apariencia de vehículos de segunda mano».
Además, la nueva regulación europea no actuará solo al final del proceso, sino que obligará a que los nuevos vehículos se diseñen pensando en facilitar el desmontaje, la reutilización, el reciclaje y la recuperación de componentes y materiales.






