martes 20, enero, 2026

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Historias de Nueva York: La Gran Renuncia

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Autor

Enrique García
Enrique Garcíahttps://cervantes.academia.edu/EnriqueGarc%C3%ADa
Periodista y filólogo, Enrique García ha sido profesor de Español en el Instituto Cervantes de Nueva York durante años, después de pasar por lugares tan dispares como Brasil, Italia o Polonia. Con bases en este momento a caballo entre Madrid y Mallorca, García aporta a Fleet People visiones bellas y cotidianas, pero sobre todo diferentes, de la ciudad de los rascacielos. En la sección EXTRA de la versión impresa, el automóvil es generalmente su punto de fuga habitual.

Cuando llegué a Nueva York, en 2009, conseguí alquilar un pequeño apartamento en la esquina de la calle 80 y la primera avenida, por 1.500 dólares al mes.

Contaba con un pequeño salón, cocina, dormitorio y baño; lo justo para que dos personas pudieran vivir sin demasiadas estrecheces. Estaba ubicado en la primera planta de un edificio que ya no existe, y del que ahora solo queda un solar vallado con carteles que anuncian un futuro rascacielos de cristal.

Sospecho que, de no haber sido demolido, aquel pequeño edificio se habría venido abajo por sí solo.

Unas grietas que amenazaban ruina inminente atravesaban sus paredes de arriba abajo, mientras que el suelo tenía la inclinación perfecta para que una canica pudiera recorrer toda una estancia, de un lado a otro, si se la soltaba en un extremo de la habitación.

Sospecho, además, que las carreras de canicas eran la distracción favorita del vecino de arriba, a juzgar por los ruidos que escuchábamos casi cada día. Pero, obviando las grietas, las inclinaciones de suelo y los ruidos de canicas rodantes, el apartamento me parecía uno de los lugares más agradables del Upper East Side.

Obviando las grietas, las inclinaciones de suelo y los ruidos de canicas rodantes, el apartamento me parecía uno de los lugares más agradables del Upper East Side

Siempre consideré que aquel apartamento, a pesar de sus achaques, era una verdadera ganga.

Hoy en día, el alquiler mensual de un piso parecido (y por parecido me refiero al tamaño, no a sus problemas estructurales), no baja de los 2.000 dólares. Por no hablar del coste de los alimentos de primera necesidad, que siguen subiendo.

Por ello, no es de extrañar que cada vez más personas estén abandonando las penurias de la vida en la Gran Manzana y se estén mudando a los pueblos de alrededor, donde por el mismo precio, pueden acceder a viviendas más espaciosas y baratas.

El rascacielos más alto de Nueva York es el residencial más caro. El ático del 432 Park Avenue cuesta 169 millones de dólares. FOTOGRAFÍA: TAKAKI NAKAJIMA

Según datos del Ayuntamiento de Nueva York de mayo de 2022, en la ciudad viven hoy 300.000 personas menos que antes de la pandemia. Muchos de ellos son personas que han abandonado sus viejos puestos de trabajo por otros que, aunque no necesariamente sean mejor pagados, les reportan más satisfacción.

Es lo que se ha venido en llamar como the big quit o “la gran renuncia”.

A lo largo de 2021, más de 40 millones de personas dejaron voluntariamente su trabajo en los Estados Unidos, y este año la tendencia parece que se va a mantener. El pasado mes de marzo, las renuncias ascendieron a 4,5 millones de trabajadores.

Según datos del Ayuntamiento de Nueva York de mayo de 2022, en la ciudad viven hoy 300.000 personas menos que antes de la pandemia

Este éxodo, inevitablemente, está cambiando la identidad de Nueva York. Los vagones de metro, antes repletos a casi todas horas, están cada vez más vacíos, igual que los trenes de cercanías que conectaban Nueva Jersey con el Downtown.

La única zona de Nueva York que parece estar recuperando cierta vitalidad es Times Square, después del esperado retorno de los turistas, tras casi dos años de restricciones. Pero el riesgo de todo esto es que Nueva York se acabe convirtiendo en un parque de atracciones en el que uno alce la vista y solo vea rascacielos vacíos.

Alguien dijo que Nueva York es como el ave Fénix, que siempre acaba resurgiendo y, ciertamente, hay algo de verdad en esa frase. Nueva York se recuperó de la miseria y la delincuencia de los años 70, igual que renació tras los atentados del 11 de septiembre. La ciudad que ha surgido de la pandemia no es la misma de hace cuatro años. Es mucho más cara, mucho más vacía. Pero, tarde o temprano, acabará recuperando su esencia.

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