¿Es de verdad el tratado entre Europa y EEUU un pacto ‘win-win’?

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La clave del tratado de libre comercio, pendiente de aprobación, será la equidad regulatoria de los productos importados entre ambas regiones

Cuando se habla de temas económicos, es difícil contar con el beneplácito de todas las partes involucradas y esto es lo que está sucediendo en la negociación que se está llevando a cabo para la implementación de la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión, conocido más comúnmente con el nombre de tratado de libre comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea (TTIP, por sus sigla en inglés).

Las posiciones son claras, desde el sector privado y los promotores de este acuerdo defienden el texto como impulsor del empleo y generador de riqueza, mientras que entre los detractores (algunos partidos políticos como Podemos, diferentes organizaciones y economistas) la cosa no está tan clara y alegan que se abrirá un peligrosa puerta para la entrada de productos controvertidos y que también se aumentará el poder de las empresas frente al sector público.

Desde la Comisión Europea (CE) defienden que este nuevo tratado que abrirá aún más el comercio entre Europa y Estados Unidos permitirá relanzar la economía de los estados miembro de la UE, al tiempo que dará respuesta a los conflictos surgidos en las relaciones entre ambas, ayudará a reforzar la postura de las dos partes ante la progresión de economía emergentes y potenciará el mantenimiento de la influencia que tienen los dos bandos en el mundo.

Tratado de libre comercio

Todos estos avances, siempre bajo el prisma de la CE, derivarían en un crecimiento del empleo en el continente europeo, aumentarían la oferta y las posibilidades de elección del consumidor y bajaría los precios. Este nuevo marco de condiciones comerciales entre las dos grandes potencias separadas por el océano Atlántico afectará a las relaciones económicas entre los dos participantes en todos los ámbitos, aunque tendrá especial relevancia en el terreno alimenticio, puesto que permitirá la entrada en dichos mercados de productos que hasta la fecha no podían venderse por no cumplir con alguna exigencia, ya sea de calidad, de seguridad e incluso sanitaria.

Uno de los ejemplos más claros es el de los alimentos transgénicos, cuya utilización es más permisiva en Estados Unidos y que, una vez que se apruebe el TTIP, podrán competir con los productos locales, obligados a hacer frente a unas exigencias mayores.

En lo que se refiere al sector del automóvil, principalmente a la producción de vehículos y su exportación a EEUU, la consigna de apoyo parece clara, ya que dentro del sector piensan que todo lo que sea derribar barreras y trabas al libre comercio es un avance.

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En ese sentido, el TTIP representará una oportunidad para los vehículos fabricados en territorio europeo, ya que son más eficientes en el consumo de combustible y tienen unas dimensiones más contenidas en comparación con los típicos american cars. Esto adquiere mayor relevancia cuando parece que está habiendo un cambio de tendencia entre los consumidores estadounidenses, que están apostando cada vez más por coches más racionales en todos los sentidos.

Las dos caras del TTIP

Según el economista y catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla Juan Torres López, el tratado pondrá especial foco en la diferencia normativa que existe entre los dos futuros firmantes,  como uno de los principales puntos que limitan el comercio entre ambas en la actualidad, por encima de las barreras arancelarias y de contingentes (volúmenes máximos que se pueden importar o exportar).

En este sentido, apunta que el texto tendrá tres tipos de medidas, como son permitir el comercio con productos que hasta el momento no se podían introducir en EEUU o Europa por diferencias de normativas, al tiempo que protegerá la inversión de las empresas, de cara a poder competir en igualdad de condiciones con los organismos públicos.

Tratado de libre comercio

Además, afirma que se crearán además unos tribunales para gestionar las relaciones entre las compañías y dichos entes públicos, lo que, bajo su punta de vista, aumentará el control por parte del sector privado y de las grandes corporaciones.

Torres López subraya que la experiencia adquirida en casos anteriores hace indicar que el TTIP no se convertirá en un sistema que fomente el progreso y el empleo en la región europea, sino que va a acabar con los servicios públicos y con la posibilidad de que los estados defiendan el interés general.

“La experiencia histórica demuestra que los países que más han progresado, lo han hecho a base de protegerse”, añade.

En el lado opuesto se manifiestan desde la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (Anfac), que aseguran a Fleet People que la puesta en marcha del TTIP es una oportunidad para la industria española de fabricación de automóviles, puesto que en el territorio nacional y también en el europeo se producen modelos más eficientes que los que se comercializan en Estados Unidos, lo que puede ser una ventaja.

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Las factorías españolas, que ya exportan en la actualidad miles de vehículos a EEUU, se verían afectadas de forma positiva por la reducción de las barreras arancelarias y por la equiparación normativa, a pesar de que los vehículos en Europa tienen unas mayores exigencias en lo referente a seguridad y emisiones contaminantes. “El automóvil será una de las industrias que más se beneficiará del TTIP, aunque casi todos los sectores, salvo el cárnico, lo esperan”, añadieron desde Anfac.

Parece ser que el TTIP tiene dos caras, en función del filtro desde el que se mire. Lo que está claro es que durante el futuro próximo se seguirá haciendo presión desde todas las partes para moldear un texto que tendrá una repercusión trascendental en la economía europea.

Uno de los mayores involucrados será el sector del automóvil, que se beneficiará de las menores trabas al envío de modelos fabricados en Europa y que no se verá, en principio, muy amenazado por la llegada masiva de modelos made in USA, ya que es un tipo de vehículo que no tiene una gran aceptación en las tierras europeas por sus elevados consumos y dimensiones.


Los coches ‘españoles’, muy del gusto americano

Las plantas españolas de vehículos fabricaron el año pasado más de 2,7 millones de unidades y la previsión es cerrar 2016 con unos 2,8 millones de unidades, con la vista puesta en superar la barrera de los 3 millones de vehículos en 2017. De este total de turismos, todoterrenos, vehículos comerciales y camiones, existe una parte relevante que se exporta diariamente a tierras americanas. Así, en 2014 se enviaron a Estados Unidos 52.113 unidades producidas en España, lo que representó un 2,6% del total de las exportaciones del sector (el 1,1% en 2013) y un crecimiento del 150% al compararlo con los datos del año anterior. Entre los modelos nacionales más solicitados en EEUU se encuentran el Nissan NV200, fabricado en Barcelona y que está homologado como taxi en Nueva York, así como el Audi Q3 (Martorell), el Mercedes-Benz Vito (Vitoria) o el Ford Tourneo Connect (Almussafes).

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