Sin embargo, existe un error que puede comprometer todo el proyecto desde el principio: decidir electrificar una flota sin haber analizado previamente cómo se utilizan realmente sus vehículos.
Electrificar no consiste simplemente en sustituir un vehículo de combustión por otro eléctrico. Tampoco debería plantearse como una decisión uniforme para toda la flota. Para que la transición sea eficiente, es necesario entender primero la operación.
Uno de los datos que tradicionalmente se utilizan para analizar una flota es el kilometraje anual. Pero, en un proceso de electrificación, este indicador por sí solo aporta una información limitada.

Dos vehículos pueden recorrer 25.000 kilómetros al año y presentar necesidades completamente distintas.
Uno puede hacer aproximadamente 100 kilómetros cada día, regresar a una base fija y permanecer estacionado durante toda la noche. En ese caso, la electrificación puede resultar sencilla.
Dos vehículos pueden recorrer 25.000 kilómetros al año y presentar necesidades completamente distintas.
Otro puede realizar pocos kilómetros durante gran parte del mes y concentrar buena parte de su actividad en jornadas de 350, 400 o incluso 500 kilómetros. Aunque ambos vehículos tengan el mismo kilometraje anual, su compatibilidad con una solución eléctrica es muy diferente.
Por eso, el análisis debe centrarse en el patrón real de utilización: kilómetros diarios, recorridos máximos, tipo de vía, horarios, tiempos de parada, lugar de estacionamiento y frecuencia de los desplazamientos de larga distancia.
Otro error habitual es tomar decisiones basándose exclusivamente en valores medios.
Si un vehículo realiza una media de 120 kilómetros diarios, podría parecer un candidato evidente para la electrificación. Pero si varias veces al mes necesita cubrir 350 kilómetros sin posibilidad de carga intermedia, la situación cambia.
En este contexto, los picos de utilización son tan importantes como la media.
La electrificación debe diseñarse pensando no solo en el uso habitual, sino también en aquellos días en los que la operativa es más exigente.

De lo contrario, la empresa puede acabar con un vehículo adecuado para la mayoría de las jornadas, pero incapaz de responder correctamente en los momentos críticos.
La autonomía homologada tampoco debería ser el único criterio.
El consumo de un vehículo eléctrico varía en función de numerosos elementos: conducción por autopista, temperatura exterior, climatización, orografía, peso transportado, pasajeros, herramientas o equipamiento adicional.
Una correcta electrificación debe trabajar siempre con un margen de seguridad razonable y con escenarios de uso realistas
Este aspecto es especialmente importante en vehículos comerciales y furgonetas, donde la carga puede tener un impacto significativo sobre el consumo.
Por tanto, una correcta electrificación debe trabajar siempre con un margen de seguridad razonable y con escenarios de uso realistas.
En muchas ocasiones, la compañía selecciona primero los modelos eléctricos y posteriormente estudia dónde y cómo va a cargarlos.
El orden debería ser diferente.
Antes de elegir el vehículo es necesario conocer dónde duerme, cuántas horas permanece estacionado, qué potencia eléctrica existe en las instalaciones y cuántas unidades necesitarán cargar simultáneamente.
También es importante determinar si la carga se realizará en las instalaciones de la empresa, en el domicilio del empleado, mediante infraestructura pública o combinando diferentes soluciones.
La recarga forma parte de la operación del vehículo.
Y una estrategia de electrificación correctamente diseñada debe estudiar simultáneamente vehículo, infraestructura y uso.
Otro planteamiento que puede generar problemas es considerar que una electrificación exitosa debe implicar sustituir el 100 % de la flota.
No siempre es así.
Dentro de una misma compañía pueden convivir diferentes perfiles de utilización.
Habrá vehículos claramente electrificables desde el primer momento. Otros requerirán determinadas adaptaciones en rutas o infraestructura. Y también existirán unidades para las que, por autonomía, carga, actividad o disponibilidad de recarga, todavía puede no ser recomendable una sustitución inmediata.

Una estrategia inteligente debe identificar esas diferencias.
En +QRENTING consideramos que el objetivo no debería ser electrificar el mayor número posible de vehículos, sino electrificar aquellos vehículos cuyo uso permita hacerlo de manera eficiente y sostenible desde el punto de vista operativo y económico.
El coste no puede medirse únicamente por la cuota.
También es frecuente comparar directamente la cuota de renting de un vehículo eléctrico con la de un equivalente de combustión.
Pero esa comparación resulta incompleta.
La decisión debería basarse en el coste total de utilización, incorporando la cuota, el consumo de energía, el mantenimiento, los impuestos, los neumáticos, los seguros y la infraestructura de recarga.
Y existe otro coste que a menudo se olvida: el tiempo.
Es frecuente comparar la cuota de renting de un vehículo eléctrico con la de un equivalente de combustión, pero esa comparación resulta incompleta
Si un conductor necesita desviarse habitualmente de su ruta para localizar un cargador o esperar durante una recarga, ese tiempo tiene un impacto económico para la empresa.
Por tanto, la verdadera pregunta no debería ser únicamente cuánto cuesta el vehículo, sino cuánto cuesta realmente utilizarlo dentro de la actividad de la compañía.
La mejor herramienta para reducir estos riesgos es trabajar con información real.
Antes de plantear una electrificación, conviene disponer de varios meses de histórico de utilización de la flota.
Kilómetros recorridos, rutas, tiempos de parada, consumos, horarios, ubicación de los vehículos y, cuando sea posible, información procedente de sistemas telemáticos.
A partir de estos datos se puede determinar qué vehículos son electrificables, cuáles requieren cambios operativos y cuáles deberían mantenerse temporalmente con otra tecnología.
También permite dimensionar correctamente la infraestructura de recarga y construir un TCO realista.
La electrificación representa una gran oportunidad para muchas compañías, pero requiere planificación.
En numerosos casos, puede ser recomendable empezar con un proyecto piloto, seleccionar un grupo reducido de vehículos y medir durante varios meses consumos, autonomía, tiempos de recarga, utilización de los cargadores y experiencia de los conductores.
Esa información permite corregir decisiones antes de escalar el proyecto al resto de la flota.
Porque el verdadero riesgo no está en electrificar.
El riesgo está en hacerlo sin conocer suficientemente bien cómo funciona la movilidad de la empresa.
La electrificación eficiente empieza mucho antes de elegir un modelo de vehículo.
Empieza entendiendo el uso real de la flota.
María Martínez es directora de MasQRenting





