Perfiles: La soledad del capo Montezemolo

Share & Fleet

En este texto...

Autor

Redacción
Redacción
La redacción de Fleet People trabaja para ofrecer a los lectores una información de calidad y actualizada sobre el sector de las flotas y el renting. El equipo está comprometido con la excelencia periodística, y se esfuerza por ofrecer un contenido útil y atractivo para los lectores, ser un referente informativo para los profesionales del sector y contribuir al desarrollo del mismo. La redacción de Fleet People está liderada por Juan Arús, director de la revista y del medio digital. Arús es un periodista con 25 años de experiencia en el sector de la automoción.

La salida de Luca Cordero di Montezemolo de Ferrari, el artífice de la reconstrucción de la marca, deja huérfano de glamour al paddock de la Fórmula Uno.

Montezemolo tiene el título de marqués, pero no lo usa. Tiene dos burros en su casa de Bolonia. Fue propietario de la exclusiva marca de colonia Acqua di Parma. Ha sido presidente del club de fútbol Juventus. Fue uno de los organizadores clave del Mundial de Fútbol de Italia 90. Ha dicho frases como esta, hace apenas cuatro años y en medio de la crisis de Italia: “Soy rico, estoy preparado para pagar más impuestos”.

Muchos italianos apostarían por él, sin dudarlo un instante, para que presidiera Italia.

Luca Cordero di Montezemolo, 67 años, de cuna aristocrática piamontesa, ha ejercido 23 años como presidente de Ferrari. Su bagaje, 19 títulos, seis de ellos de conductores.

Su historia concluyó en octubre de 2014. En la raíz de la cuestión, sus desavenencias con Sergio Marchionne, el patrón del grupo Fiat Chrysler Group, dueño de Ferrari. Montezemolo, siempre expuesto a la luz pública con su traje cruzado gris, zapatos de ante marrón y camisa blanca o azul cielo con botones en el cuello y corbata, siempre fue partidario de mantener Ferrari como una exclusiva enseña de vender sueños; a lo sumo, un puñado de miles de unidades al año. “Si un cliente encarga un Ferrari ahora, probablemente no lo recibirá hasta dentro de dos años. Me gusta que sea así”, aseguraba.

Marchionne, siempre vestido con un característico jersey, azul o negro, nunca ha pensado así. “Dirán que lo que digo es un sacrilegio, pero Ferrari, más que una marca de coches, es ya una firma global de lujo”, afirmó no hace mucho tiempo. “Provienen de mundos diferentes, con diferentes caracteres, diferentes formas de trabajar y diferentes visiones”, apuntó el hijo de Enzo Ferrari cuando di Montezemolo salió de Ferrari.

También puedes leer...
Leapmotor prepara el arranque de fabricación del B10 eléctrico en octubre en España

Parece que Marchionne ha ganado la apuesta para explotar el aura de Ferrari en el mundo. Cree que sus ventas son ridículas en relación con su potencial, quiere un todoterreno con la marca del cavallino y ha observado su incomprensión ante la lista de espera de la marca. Tampoco entiende por qué Ferrari ha sido considerada la marca más reconocida en el mundo, y que su valor no llegue a 4.000 millones de dólares.

Montezemolo

Para Montezemolo, sin embargo, todo tenía sentido así. Ser pequeños y deseables. Puede que los malos resultados del equipo de Fórmula Uno hayan sido la excusa para arrebatarle su tesoro, aquél que él mismo ha forjado durante decenas de años.

Todo empezó a comienzos de los años 70 del siglo pasado. Montezemolo estudiaba derecho comercial y era un apasionado del automóvil.

Era piloto de rallies de Lancia. Le llamaron para intervenir en un programa de radio. Una de las llamadas recibidas se centró en desacreditarle, y él respondió seco y duro. Montezemolo contó que Enzo Ferrari estaba escuchando el programa, y llamó para preguntar por él: “¿Quién es ése tipo duro tan joven que ha tenido las pelotas de responder a ese imbécil? Y de ahí a la eternidad. Enzo Ferrari se convirtió en su protector, pero seguro que también se benefició de ser compañero de clase de la nieta de Giovanni Agnelli, que en 1969 compró la mitad del capital de Ferrari.

También puedes leer...
El 65% de los conductores ve poco transparentes las ayudas públicas al automóvil en Europa

Tres años más tarde, Montezemolo estaba al frente de Ferrari. Tenía 26 años y supo elegir al piloto adecuado, Niki Lauda, que ganó dos campeonatos del mundo de conductores en 1975 y 1977. Después de ese año, fue presidente de La Stampa, periódico controlado por los Agnelli, también de Cinzano… hasta que retornó a Ferrari en 1991. Control total.

Se encontró un panorama desolador. La factoría donde se fabricaban los Ferrari, en Maranello, estaba obsoleta. “Los motores eran traseros, era difícil acceder a ellos, y los modelos estaban pasados de moda”, ha afirmado Montezemelo en alguna ocasión. El directivo reconstruyó la factoría, la dotó de óleos de paisajes en las paredes y construyó una plaza típica italiana para que los empleados comieran o echaran un cigarro.

Desde ese momento y hasta 2014, la historia de Montezemolo y de su cavallino rampante se tradujo en beneficios netos cada año. El artífice de todo ello, el gran aliado del clan de los Agnelli, ya está fuera de su círculo empresarial, Pero la huella que ha dejado parece ser imborrable.

“Para mi, su salida es como cuando murió míster Enzo (Ferrari). Él es Ferrari. Le ves a él, ves a Ferrari. No ves nada más. No ves a Luca. Ves a Ferrari”. Lo dijo Bernie Ecclestone, el patrón mundial de la F1, tras conocer la salida de Montezemolo, a quien seguirán parándole por la calle día a día, pidiéndole que presida Italia.

Él, seguro, sonreirá en silencio, agradecido por el cumplido.

¿Dónde quieres recibirla?

    Más información


      Dacia Bigster, el C-SUV más deseado para flotas de campo (y más allá)

      Lo más visto