viernes 30, enero, 2026

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Juan Arús
Juan Arús
Periodista económico apasionado en transformar objetivos en resultados, Juan Arús (Madrid, 1975) ha trabajado para diversos medios de comunicación escritos de España, generalmente económicos y habitualmente en las secciones de Empresas y Automoción. Gran aficionado a la moda masculina, cuenta con un vasto repertorio de artículos de referencia publicados sobre vestuario clásico en diferentes medios. Edita y dirige Fleet People desde 2015.

Estoy de acuerdo en que el presente y el futuro de la movilidad pasan por el concepto de multitarea. Además, que en este país nos hemos acostumbrado ya a ello, oiga. A valer para todo. Y eso no está del todo mal, si no se abusa. La irrupción de patinetes con y sin motor, de bicicletas de todo tipo de tamaño —también con y sin motor— y de objetos sin identificar con capacidad para mover al personal está desquiciando la cosa un poco más allá de lo admisible en Madrid. Piensodeque.

Quien no tenga que circular a pie a diario por el centro de la capital no sabe de lo que estoy hablando. De lo que hemos soportado los que vivimos allí.

Más allá del trasnochadismo cool que supone publicar fotos en Instagram y en Facebook cacareando de lo mucho que molamos subidos en un patinete en medio de la acera y dando por saco al resto de los viandantes, más allá de esto, está la educación cívica y la seguridad vial.

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Después de mucho, mucho y mucho pensárselo, el grupeto de colegas buenrrollistas que gestionan el Ayuntamiento han tenido a bien aprobar una normativa que apea de las aceras a los patinetes eléctricos. ¿Pero quién narices podía entender que un tío o una tía pudieran circular con patinete a la velocidad que iban? Cuando escribo estas cosas me parece que soy un poco Grinch, el vinagre de turno antimoderno —que ya sé que no es cool—, pero qué quieren que les diga. Es lo que veo. Ya saben: coche, caca; patinete, guay; bicicleta, lo más. Apunto: sigo viendo todos los días, en el centro de Madrid, los majestuosos carriles bici con un índice de ocupación biciclil de, digámoslo siendo generosos, cinco por minuto.

Dejémonos de discursos buenrrolistas. La multimovilidad es necesaria. La aplaudo. Pero con sentido. Pintar de rojo un carril con cuatro brochazos de cal y forma de bicicleta en el suelo no hace ni ciudades más habitables, ni más modernas, ni más cívicas, ni mejores. Al revés.

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No crean que mi amado coche se libra. Petar el centro de Madrid de carsharing, y a ver si nos enteramos ya tod@s, porque repetir una mentira muchas veces no la convierte en una verdad, no elimina coches de la circulación: los añade. Suma parque de vehículos y, además, jode a los residentes porque quita muchas plazas de aparcamiento.

Dicho esto, les digo otra cosa.

Por mucho que cuatro emocionados de la vida disparen hoy contra el coche, contra el diésel y contra quienquiera que tenga que ver con las cuatro ruedas por puro interés electoralista —que no pensando en el bien común—, at the end of the day siempre nos quedará ese artilugio rodante que, fíjate tú qué paradoja, refleja el espíritu de la modernidad y el progreso como jamás podrá conseguirlo ningún otro medio de la new mobility.

Cosas de la vida. Y tal.

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