En España las ventas de coches chinos ya suponen un 10% del mercado. En EEUU en cambio, aún no se han implantado y no será sencillo que lo consigan. Las principales Asociaciones de automoción del país han solicitado al Gobierno mantener las restricciones que limitan la entrada de fabricantes chinos en el mercado estadounidense a partir del próximo año, al considerar que su presencia podría suponer un riesgo para la competitividad industrial, la seguridad nacional y la base productiva del país.
El posicionamiento ha sido trasladado por cinco organizaciones que agrupan a fabricantes, concesionarios y proveedores, entre ellas Alliance for Automotive Innovation, National Automobile Dealers Association, Autos Drive America, American Automotive Policy Council y MEMA, que han expresado su «preocupación» por la estrategia de expansión internacional de China en el ámbito del automóvil, y de acuerdo con una información publicada por Reuters.
Dichas entidades han defendido la continuidad de la regulación en materia de ciberseguridad impulsada por el Departamento de Comercio de Estados Unidos, que en la práctica restringe el acceso de la mayoría de vehículos fabricados en China al mercado local.
El documento advierte de que los fabricantes chinos «buscan consolidar su posición global en la producción de automóviles» y acceder al mercado estadounidense «mediante distintas vías», lo que, según las asociaciones, introduce «riesgos estructurales» para la industria nacional.

Un debate que trasciende la importación
Las organizaciones firmantes han solicitado también que la Administración estadounidense rechace cualquier intento de los fabricantes chinos de establecer plantas de producción en territorio nacional con el objetivo de eludir las restricciones comerciales vigentes.
En este sentido, la carta sostiene que los riesgos asociados a la presencia de vehículos chinos en el mercado estadounidense «no varían en función de si estos se importan o se producen localmente, ya que el impacto sobre la industria sería equivalente en ambos casos».
Este posicionamiento se produce bajo la constante tensión comercial que enfrenta a Estados Unidos y China en los últimos tiempos y que ha estado marcada por el capítulo de restricciones arancelarias abanderado por la Administración Trump y por las ya largas disputas en torno al suministro de materias primas estratégicas como las tierras raras, esenciales para la fabricación de las baterías que utilizan los coches eléctricos.
La iniciativa de las patronales coincide con la previsión de un encuentro entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y su homólogo chino, Xi Jinping, a finales de marzo, en un intento por estabilizar las relaciones económicas entre ambas potencias tras un periodo de fricciones comerciales.
La embajada de China en Washington ha rechazado rápidamente las críticas formuladas por la industria estadounidense y ha indicado que la presencia global de los vehículos chinos «responde a la competencia en el mercado y al desarrollo tecnológico, no a prácticas desleales».






