El fabricante de automóviles General Motors ha asegurado que la desaceleración de la demanda de vehículos eléctricos en Estados Unidos y la retirada de incentivos fiscales han configurado un escenario comercial automovilístico «más alineado con la demanda real», una evolución que la compañía ha valorado como «favorable» para su estructura de costes.
El director financiero del grupo, Paul Jacobson, ha señalado al respecto que esta «pausa en el crecimiento del vehículo eléctrico» ha permitido avanzar hacia un mercado «impulsado por el consumidor y menos condicionado por ayudas públicas», lo que está facilitando a las compañías del sector una planificación productiva más ajustada, según informa el periódico especializado Detroit Free Press.
Mientras algunos competidores están recortando sus programas eléctricos —como Ford con el SUV F-150 Lightning— y Tesla evalúa si reduce la producción de Model S y Model X, GM ha optado por mantener una gama amplia de vehículos electrificada, con la excepción de la furgoneta de reparto BrightDrop, cuya producción fue finiquitada en octubre del año pasado, y de la versión eléctrica del Chevy Bolt.
Hay que recordar que General Motors está efectuando un reposicionamiento al respecto que ha tenido un impacto relevante en sus cuenta, con más de 7.000 millones de euros vinculados a inversiones en eléctricos no utilizados y a compromisos con proveedores, cifra que ha tenido que computar en sus últimas cuentas como pérdida por deterioro de activos.
Pensar en el cliente
Jacobson, según el medio citado, ha apuntado que los vehículos eléctricos «terminarán imponiéndose por su evolución tecnológica», aunque ha subrayado que su crecimiento «debe producirse de acuerdo con el ritmo real del mercado».
El directivo ha añadido que los cambios regulatorios y el fin de determinados incentivos en el país han permitido competir en un entorno más próximo a las preferencias del cliente, lo que ha aportado más visibilidad para planificar la producción de automóviles que luego son vendidos a los clientes.
En otro orden de cosas, el gigante del automóvil acaba de asumir un impacto de unos 2.6800 millones de euros por cuenta de sus operaciones afectadas por el impacto de los aranceles anunciados el año pasado por la Administración Trump.
Aunque la compañía ha advertido inicialmente de un coste potencial de hasta 5.000 millones de dólares —unos 4.600 millones de euros—, el efecto final se ha situado en torno a 3.000 millones de dólares.
Durante este año, GM prevé un impacto arancelario de entre 3.000 y 4.000 millones de dólares, entre 2.800 y 3.700 millones de euros.





