Los cuarenta años de vida de la Constitución Española de 1978 fueron celebrados de manera un tanto mustia. Entre tanto detractor del periodo más virtuoso de la historia política de España, los nacionalismos más agresivos y el desconcierto político general, los fastos han pasado sin pena ni gloria. Seguramente es porque la cuestión de fondo que aunó la fundación constitucional, el consenso político que en estas mismas páginas otras veces hemos reivindicado, esta fuera de la praxis política e incluso ciudadana. El mundo del automóvil y de la movilidad, en general, son una clara manifestación de la falta de acuerdo, la improvisación y una visión de futuro que superen la demagogia y el oportunismo marinista. En un entorno que casi podíamos decir de conflicto permanente, tenemos la guerra a los coches diésel que han emprendido el actual Ejecutivo fijando un marco temporal que parece más obra del capricho o el azar que de una reflexión profunda.
No se sabe la afección real a la industria del automóvil de los muchos puestos de trabajo directos e indirectos que crea, la situación del mundo rural en esa España vacía tan azotada por la despoblación y los problemas de los trabajadores del campo, casi todos motorizados por diésel, o el desarrollo de las ciudades en un nuevo contexto.
A los problemas que apareja el cambio de sistema de automoción, donde los beneficios del coche eléctrico y su impacto energético tampoco se desvelan, se unen los problemas de movilidad en las grandes ciudades. La apuesta casi bilateral de un grupo político para cerrar una amplísima almendra de Madrid, sobre argumentos de control de polución ambiental, también hubiera merecido un debate y un examen del alcance para la ordenación ciudadana y su economía.
Lanzar al tiempo globos sonda sobre lo que se hará en otras ciudades necesita indiscutiblemente otro tiempo de consenso y de acuerdos.
Y si eran pocos los conflictos sin resolver, la guerra entre el taxi y las licencias VTC lejos de estar pacificada , se intensifica a la espera del plazo de los cuatro años para que vuelvan a incendiarse las calles de polémica y bronca.
… Y last but not least, el coche eléctrico, el coche autónomo y los dilemas éticos que van a plantear, exigen un nuevo reto de reflexión y de debate.
Mantener las guerras abiertas permanentemente a golpe de decreto o de titulares de prensa con escaso desarrollo argumentativo, no contribuyen al bienestar general. Bien podemos traer a colación las palabras que dijo Kennedy cuando decía: “Los hombres tiene que acabar con las guerras por que, si no, las guerras acabaran con la Humanidad”.








