Mille-Feuille sabe cómo elaborar un libro de fotos (De los de verdad)

Mille-Feuille
FOTOGRAFÍA: Daniel Santamaría.

Hay formas de ubicar momentos señalados en el lugar perfecto. Antoine Valton sabe cómo.

La irrupción de la vida digital ha supuesto un cambio radical para la industria fotográfica y, también, para la forma en la que disfrutamos de las fotografías. Se ha perdido la emoción que se sentía al esperar el revelado, la de pegar las fotos en un álbum y, también, la de disfrutarlas pasando sus páginas. Pero quizá haya un artículo capaz de rescatar esas sensaciones, que combine lo mejor del presente y del pasado, reavivando los recuerdos que evocan las imágenes.

Mille-Feuille, creada por Antoine Valton, fabrica libros fotográficos confeccionados a mano por encuadernadores experimentados, que llevan décadas practicando su oficio. “Estamos muy orgullosos de la calidad de los productos, porque sabemos que nuestros libros acompañarán nuestros clientes el resto de su vida”, afirma.

La empresa dio sus primeros pasos hace unos cuatro años cuando, tras abandonar un proyecto de tintes más tecnológicos Valton, un publicista enamorado de la artesanía, tomó la decisión de hacer realidad su sueño.

No ha sido nada fácil. Tal y como explica Valton, “el desarrollo de nuestros productos ha supuesto ir superando una serie de ‘no se puede’ hasta llegar a nuestro diseño actual. Trabajar con artesanos veteranos supone todo un reto. Llevan tanto tiempo practicando su arte, que muchos de ellos acaban perdiendo la curiosidad o la apertura de mente necesaria a la hora de explorar nuevas formas de hacer, de innovar. Pero para nosotros es un honor poder contar con ellos, y participar en la preservación de la encuadernación tradicional española es otro motivo de ilusión en esta aventura”, asegura el creador de la firma.

Los libros de fotos Mille-Feuille tienen un diseño sencillo. Para la parte exterior de las tapas, disponen de un catálogo de más de 50 tejidos originales en continua renovación, que se combinan elegantemente con el papel de guarda del interior de las tapas.

Cada libro viene adornado con una etiqueta de cuero estampado a mano, en el que figura el título elegido por el cliente. La maqueta de las fotografías del interior se valida con el cliente en varias etapas y, una vez que esta parte está decidida, se elabora el libro.

Un proceso que tarda unas tres o cuatro semanas. “Los clientes tienen ganas de ver el libro porque les parece mucho tiempo. Pero el trabajo artesanal es así. Tienen que pensar que, una vez que esté en sus manos, lo disfrutarán toda la vida”, subraya Valton.

Rescatando profesiones

La profesión de encuadernación, como tantas otras, se encuentra en vías de extinción. A diferencia de países como Francia o Inglaterra, en España carecemos de instituciones que apoyen el trabajo artesanal, tan influyentes como el Crafts Council o Les Ateliers d’art de Francia. Allí los artesanos pasan por un proceso de certificación que les permite acceder a una distribución y visibilidad mundial a través de herramientas como plataformas de venta online, concept stores o ferias de renombre.

Prueba de la importancia que tiene para la industria del lujo conservar técnicas y conocimientos artesanales acumulados es que, desde hace varios años, Chanel compra de manera sistemática a los talleres artesanales que les proveen. “Para Karl Lagerfeld [diseñador de Chanel] es la única manera de asegurarse en Francia de que podrá seguir adornando sus colecciones con joyas, bordados y accesorios maravillosos. Compartimos la filosofía de estas maisons de haute couture: entendemos que si uno aspira a la excelencia y a perdurar, se debe respetar el oficio, sus tiempos, las materias primas, su propia marca y al comprador. Supone un coste muy elevado, pero es nuestra filosofía desde el primer día. Sobreviviremos así o desapareceremos, dependerá del aprecio de la gente hacia un producto excepcional como el que fabricamos”, comenta el entrevistado.

La implicación de Valton en ello le ha impulsado a crear Craftsmen United (www.craftsmenunited.es), un colectivo de ayuda recíproca entre marcas artesanales españolas que responde a la necesidad de formar emprendedores del sector artesanal.

“Cada vez más personas vencen la bulimia por lo barato, que tanto daño hizo al pequeño comercio de calidad. Los Amazons de este mundo siguen comiendo terreno, pero existen nichos para marcas empeñadas en producir calidad, siempre y cuando sepan comunicar, que ha sido el gran problema de la mayoría de los artesanos de la generación previa”, concluye.

Toda acción tiene una reacción. Parece lógico a la fiebre de la producción en masa y los productos de usar y tirar, contrarreste una corriente de lo artesanal, duradero y premium.

Mille-Feuille es la prueba de ello.