domingo 14, abril, 2024

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Meet People: El catering de la felicidad

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Meet Rebeca López… Empresaria, cocinera, madre y alma absoluta de Kecatering. Cuando pensamos en un evento, un festejo, una celebración o un convite, nuestras mentes enseguida se alían con los estómagos para ensalzar el acto a través de la gastronomía. Un catering va más allá de servir comida, es un gesto de compartir y de complacer, de crear un vínculo entre la mano cocinera y el paladar del cliente. Rebeca lo sabe muy bien, son ya siete años al frente de este barco culinario, nacido por su pasión por la cocina, por los recuerdos maternos, por su osadía y ganas de mimar a la gente en cada bocado. Un refrán español lo explica perfectamente: “el buen alimento, cría entendimiento”

Todo dicho.

Kecatering goza del romanticismo de ser un pequeño obrador que se embauca en grandes cruzadas. Su cocina casera ha pisado escenarios de lo más variados: fiestas de empresas, bodas en fincas, la feria de Fitur, casas y oficinas de todo tipo y tamaño, y ha llegado actualmente a ser un servicio asiduo de altas esferas gubernamentales, secundada por su amplia red de camareros profesionales y entregados a su causa.

“El éxito del evento representa sentirme orgullosa y dar sentido a lo que hago, y que mis clientes valoren y deseen repetir, es el motor que me hace continuar amando mi profesión”, nos detalla López. La comida hecha con cariño se nota y se aprecia. Y eso es muy difícil de superar. Dar un mordisco y sentirte en casa, aun estando en el trabajo.

 

catering
Rebeca López, alma absoluta de Kecatering

 

Si hay una constante en el trabajo de su catering es que siempre se amolda a los gustos y necesidades del comensal. Su oferta gastronómica es tan amplia como la demanda del cliente. Un negocio que vela por el trato cercano con la gente y que rompe la pared invisible que los separa. Todo servicio que se preste lo toma como un encargo personal, su imagen está en juego, pero también lo está la satisfacción, la diversión y el disfrute social que nos produce comer bien.

Ella cuenta: “A día de hoy, me siguen llamando los mismos clientes de cuando empecé, y eso significa que lo estamos haciendo bien… Cada día desarrollamos proyectos cada vez más grandes y he conocido a grandes profesionales a los que recurro para mejorar”. Ese emblema de aprendizaje y de confianza logran que su propuesta culinaria —artesana, casera, fresca, inolvidable— traspase barreras y asiente un proyecto apoyado siempre por su familia y que emana amor por la cocina por doquier.

Su furgoneta galopa por las venas de la ciudad cargada de buen producto… Es el “catering de la felicidad”, cuyas croquetas y tortillas deberían ser declaradas Patrimonio de la Humanidad. Lo sé de buena tinta.

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