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Los concesionarios estadounidenses de Ford se rebelan contra el coche eléctrico

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Hay veces, y nunca se conocen exactamente todos los detalles, que informaciones trascendentes no tienen la repercusión que debieran tener, aunque las consecuencias del tema abordado puedan ser premonitorias.

Algo así ha ocurrido en Estados Unidos a finales del año pasado, cuando cerca de 400 concesionarios de automóviles del gigante automovilístico Ford han decidido dejar de vender sus modelos eléctricos.

Todo comenzó justo un año antes, en diciembre de 2022, cuando el vicepresidente ejecutivo de la marca del óvalo, Jim Farley, anunció que cerca de 2.000 de sus concesiones en todo el país, más de dos tercios del total de su red, se había acogido a su programa de comercialización de vehículos eléctricos, un plan ideado por la compañía para impulsar su mercado sostenible.

Los concesionarios estadounidenses de Ford se rebelan contra el coche eléctrico
Jim Farley. FOTOGRAFÍA: FORD

 

Menos de 12 meses después, el 20% de esas concesiones, 400 dealers, han solicitado la baja del programa de Ford debido a una realidad del mercado que no apuesta aún por esta tecnología. Para las redes de concesionarios, que el mercado no apueste decididamente por el eléctrico se traduce en millones de dólares de pérdidas en forma de inversiones en vehículos, instalaciones e infraestructura de carga y formación de personal.

Para que una concesión de Ford accediera a su programa de eléctricos y obtuviera la ‘certificación EV’ debía invertir entre medio millón y 1,2 millones de dólares.

Rápidamente, muchos de esos dealers elevaron la voz indicando que buena parte de los requisitos para esa transición infringían leyes estatales.

Ante semejante dilema, la propia Ford se ha visto obligada a rebajar los condicionantes para acceder al programa de vehículos eléctricos a sus franquiciados y también ha tenido que dejar la puerta abierta a que aquellos que se quisieran dar de baja, lo hicieran.

Un total de 400 lo han hecho ya.

Cuando dieron las campanadas de fin de año de 2022, el mercado de eléctricos puros de Estados Unidos tocó su techo hasta entonces, con casi 800.000 unidades vendidas, gracias en buena parte a incentivos públicos que bordean los 7.500 dólares por coche.

Los concesionarios estadounidenses de Ford se rebelan contra el coche eléctrico
2022 Ford F-150 Lightning Pro. FOTOGRAFÍA: FORD

 

Pero ese boom desapareció el año pasado —con los mismos incentivos— habida cuenta del lastre que supone la infraestructura de recarga, de las autonomías eléctricas en un país tan denso y de un precio unitario más elevado que un coche de combustión.

Esto ha llevado a marcas como Tesla o la propia Ford a reducir el precio de sus eléctricos, pero ni aún así el mercado ha crecido como debería haberlo hecho.

“La gente está viendo, finalmente, la realidad del eléctrico”, ha llegado a asegurar el mismísimo presidente mundial de Toyota, Akio Toyoda, en relación con el asunto. La marca siempre ha apostado por la tecnología híbrida.

A comienzos de diciembre pasado, Estados Unidos rebasaba por vez primera el millón de eléctricos puros vendidos. Una cifra interesante, pero insuficiente bajo el contexto de un mercado que terminó 2023 en el entorno de 15,5 millones y que está viendo cómo el efecto eléctrico no se corresponde en términos de crecimiento y rentabilidad con las inversiones que marcas como Ford están solicitando a sus concesionarios.

Sobre todo si se tiene en cuenta que el proceso de electrificación en un país tan atomizado como Estados Unidos está calando con fuerza en pocos Estados, aquellos con mayores tasas de ingresos por ciudadano y que tienen un background favorable al medioambiente, como California, que a diciembre de 2022 contaba con el 37% de todos los eléctricos vendidos en el país y el 27% de su infraestructura de recarga desplegada.

Pero EEUU no solo es California.

 

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